Charly y Fito, con el tiempo a favor

Los dos enormes músicos repasaron el sábado lo mejor de sus carreras.Fito Páez recordó “El amor después del amor” y Charly tocó los temas de “60x60”. Un encuentro histórico sobre el mismo escenario, en Neuquén.

Redacción

Por Redacción

Paula Gingins

María PÍa mendiberri

Tal vez la nostalgia haya sido el gran eje que organizó las intensas emociones que circularon el sábado por la noche en el espacio Duam de Neuquén. Charly García y Fito Páez compartieron sus clásicos, la música que significa tanto para mucha gente, ante un auditorio fascinado que casi colmó el estadio. Y, hay que decirlo, pareció que los artistas también lo disfrutaron.

Con poco más de una hora de demora (la organización tendrá que revisar varios aspectos para el próximo show) y sin presentaciones estridentes, comenzó a sonar “El amor después del amor” y sorprendió al público. Fito apareció en escena entre los sonidos perfectos que dibujó su banda: Mariano Otero, Diego Olivero, Juan Absatz, Dizzy Espeche, Gastón Baremberg y (luego se destacaría) la voz potente de la talentosa y sensual cantante colombiana Adriana Ferrer, quienes lo acompañaron y matizaron cada tema con una precisión exquisita.

El artista (histrión, showman) anticipó que tocarían “por primera vez completo” el disco más vendido del país, “El amor después del amor”, y no mintió. Una tras otra sonaron “La Verónica”, “Tráfico por Katmandú”, “Balada de Donna Helena” (ambas en contundentes versiones roqueras) y “Sasha, Sissí y el círculo de baba”, entre otras, para cerrar muy arriba con “Tumbas de la gloria” y “La rueda mágica”.

“En unos minutos más va a venir uno de los genios más grandes del mundo”, dijo a modo de anuncio. Y ofreció más de sus temas clásicos para finalizar con su segmento. Así, dejó la atmósfera cargada de ansiedad roquera y a un público dispuesto a recibir a uno de los más grandes referentes de la música popular: después de un armado de 45 minutos, que sumó al escenario un antiguo reloj de pie, una heladera, dos sillones (“éstos me los traje de la Casa Rosada porque no tenían plata y pagaron con muebles”, arrancó risas en la platea) y maniquíes como instrumentos de percusión, llegó Charly distendido, como un veterano director de orquesta.

Se lucieron en un arranque instrumental (como lo harían durante todo el show) los poderosos acordes de The Prostitution (con los clásicos “Zorrito” von Quintiero en teclados, el virtuoso “Negro” García López en guitarra y la incorporación reciente de la joven Rosario Ortega, en coros, además de un trío de cuerdas que matizó y acompañó cada canción, entre otros).

“Rezo por vos” fue el primer elegido de sus “60×60”, aunque también vendrían “Promesas sobre el bidet”, la roquera “Nos siguen pegando abajo” (este Charly genial, relajado, quien dialogó, reflexionó y bromeó durante toda la noche con el público, reconoció el tinte nostálgico del recital: “tantas cosas de los 80, buenas, malas, mediocres”), “Ojos de videotape”, “Cerca de la revolución”, “Influencia”, “Asesíname” y “La vanguardia es así”, entre otros.

“Éste es el último show del año. Han sido –siguen siendo, bah– un público tímido, elegante”, dijo Charly sobre el final. “Espero que la cultura y la subcultura del rock sigan dando flores grandes y lindas”.

Luego, al momento de compartir escenario, sostuvieron la actitud de celebración y bromas cruzadas, hasta cuando recordaron, como ya habían aclarado, que no recibieron dinero por las presentaciones que realizaron el pasado sábado 9 en Plaza de Mayo por el Día de la Democracia.

Las cinco horas que el público acompañó con energía terminaron (aunque quedarán en la memoria colectiva) con los dos compartiendo escenario: “Desarma y sangra”, una poderosa versión de “Ciudad de pobres corazones” y “Canción para mi muerte” inmortalizaron este encuentro histórico.


Paula Gingins

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