Ciudadanos ilustres



la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

Idolatría. Ésa es la palabra que encontré para definir ese romance entre el público más afín al folclore tradicional y Los Manseros Santiagueños. Incondicional fue el aplauso, el respaldo, la admiración que le expresó la gente, nada menos que 25 mil personas, al grupo santiagueño en la penúltima noche de Jesús María. Cada tema fue motivo suficiente para el aplauso interminable, para el elogio sin límite, para la admiración transparente, ganada por historia, por trayectoria, por lealtad con su público, aunque Los Manseros sean hoy voces gastadas por el tiempo. Creo que la gente premia esa lealtad a un estilo, a una forma de hacer folclore, la resistencia a sumar instrumentos que no estaban cuando ellos eran jóvenes. Los Manseros Santiagueños son voces, guitarras y bombos, a lo que hay que sumarle mucha energía a pesar de la edad de sus integrantes que ya pasaron los setenta, salvo un reemplazo más joven que adquirió las mejores cosas del grupo. Los Manseros Santiagueños, de quienes escribimos hace poco tiempo, mantienen la esencia del folclore, mantienen la matriz de esas voces únicas interpretando chacareras con sentimientos, con el alma, son de esos que hacen el folclore porque lo sienten y así lo vienen haciendo desde hace más de 50 años. Ir a ver a Los Manseros Santiagueños es un poco volver el tiempo atrás, es sumergirse en la historia viva de un grupo que dio todo por el folclore y que lo sigue haciendo con la misma pasión del comienzo, más allá de que las voces estén limadas por el tiempo. ¿Y por qué la gente va a escucharlos?. La gente los escucha simplemente por eso, porque son el grupo tradicional más viejo todavía en los escenario, pero también va a verlos porque son parte de la historia de oro de un género que tiene miles de nuevos valores, pero ninguno de ellos como los Manseros Santiagueños. Me animo a decir que si Los Manseros fueran hoy un grupo joven, hubieran sido la revelación de la edición 2014 de Jesús María. Están cosechando tras décadas de siembra de buen folclore. Eso es lo que pasó el sábado pasado, casi madrugada del domingo, cuando subieron al escenario y la gente cantó junto a ellos todos y cada uno de los temas. La gente los sigue en todo sentido, los escucha, sabe sus temas, los canta. Es un fenómeno que difícilmente se repita con tanto cariño. El buen trato, la distinción entre el público y Los Manseros es un logro que pocos pueden mostrar, más aún cuando pasaron tantos años y las voces van perdiendo la frescura. Eso es lo que lograron Los Manseros, hicieron que el cansancio de su voces se supliera con muchas ganas, con buena música y con entrega total. Creo, al menos de lo que vi, que Los Manseros Santiagueños se llevaron la mejor cosecha de este año en Jesús María. Ojalá, por ellos y por la gente, Los Manseros Santiagueños sigan en los festivales, ojalá porque le dan vida a cada festival. Quiero que sean una especie de ciudadanos ilustres en los festivales porque el folclore les debe mucho por tantos años de entrega, por años de llevar la chacarera a cada pueblo, a cada ciudad. Los de siempre hicieron las cosas como saben, con calidad, con entrega, pero si se quiere fue más de lo mismo. Una mención especial se la daría a Facundo Toro, que puso calidad, voz y entrega en un escenario complicado, pero se metió el público en el bolsillo con ese mix que le sale tan bien entre folclore tradicional y modernidad, porque con él se mezclan los sonidos del folclore de bombo y guitarra y los de la batería, el bajo y varios instrumentos que suman para un estilo muy lindo. Jesús María dejó mucho más que eso, pero elegí dos ejemplos que sirven para mostrar que al público se lo conquista cada verano.


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