Clase media en ascenso y malos servicios

Por Redacción

ANáLISIS

Yana MARULL AFP

Las manifestaciones callejeras son las mayores en 20 años y han dejado perplejos a los brasileños. “Es para mostrar que no somos un pueblo muerto. Pensaban que Brasil pararía para ver el fútbol, que solo somos eso”, dijo Bruno Pastana, un pequeño empresario de 24 años. Con ayuda de las ágiles redes sociales en un país con más de 90 millones de internautas (casi la mitad de la población), las protestas se extendieron a varias ciudades y adoptaron otros lemas, el principal, en repudio a los millonarios gastos públicos para la Copa de Confederaciones y el Mundial 2014, evaluados en más de 15.000 millones de dólares. Los manifestantes reclaman que deberían haberse invertido en servicios básicos de salud y educación. “Si tu hijo se enferma, llévalo al estadio”, reclamaba una manifestante sobre la precaria situación de los hospitales y los millones de dólares destinados a construir o reformar estadios. En los últimos diez años Brasil vivió una ascensión de 40 millones de personas a una nueva clase media y un avance explosivo del consumo impulsado por el crédito y una destacada ampliación de la escolarización, destaca. Pero desde la llegada de Dilma Rousseff al poder, las expectativas brasileñas se toparon con un crecimiento económico en decadencia (2,7% en el 2011 y 0,9% en el 2012), y una inflación en alza, que en mayo alcanzó 6,5% en doce meses. Algo que afecta directamente al bolsillo. Hay “grandes parcelas de la población, principalmente urbana, insatisfechas con el transporte colectivo precario, la salud desastrosa y la violencia enorme, una situación que fue compensada por años con una mejora de salario y empleo”, que ahora llegan a su límite, afirma a la AFP el sociólogo de la Universidad de Campinas Ricardo Antunes.