Colombia sigue creciendo, con problemas en su radar
La gestión económica del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, es realmente buena. Pese a ello, su excelente imagen inicial (71%) se ha ido deteriorando con el pasar del tiempo, aunque ciertamente no demasiado. Sigue siendo más alta que las de sus colegas de la Argentina, Brasil, Bolivia, Chile o Perú; aunque haya sectores de su economía que claman por obtener un ajuste monetario, esto es que haya una devaluación. Porque, en un año, la moneda local se ha apreciado un 9% respecto del dólar, lo que restó competitividad –y hasta poniendo en aprietos– a las exportaciones industriales, así como a las agrícolas, incluyendo a las de flores, actividad esta última que genera para Colombia unos 1.200 millones de dólares por año. Esas malas noticias están, sin embargo, más que compensadas por el aumento significativo de los precios de las materias primas, así como por los volúmenes de las crecientes exportaciones colombianas de carbón e hidrocarburos. Empujada por los ingresos de estas últimas exportaciones, Colombia sigue creciendo al ritmo del 4,5% anual, sin mayores dificultades. Recordemos que es el cuarto productor latinoamericano de hidrocarburos y el cuarto exportador de carbón del mundo. Es, además, un país que cree muy firmemente en las ventajas de la libertad comercial y de las economías abiertas. A punto tal, que antes de fin de año tendrá en funcionamiento cuatro importantes tratados de libre comercio, con los Estados Unidos, la Unión Europea, Suiza y Corea del Sur. A lo que cabe agregar la recomposición exitosa del comercio con la vecina Venezuela, que había caído bruscamente al final de la gestión del expresidente Uribe, como consecuencia de la tensión entre ambos países. Santos ha logrado reconstituir los flujos comerciales bilaterales, por lo que se anticipa que las exportaciones a Venezuela alcanzarán los 3.000 millones de dólares en el 2012. Todo un éxito. Pese a que lo cierto sea que la realidad sugiere que Venezuela es un país que ha demostrado –a lo largo de la historia– ser (como es también el caso de la propia Cuba) absolutamente incapaz para alimentarse a sí mismo, teniendo que importar buena parte de lo que su población requiere para ello. Colombia tiene ciertamente la ventaja de su proximidad con el mercado y los consumidores venezolanos. Para Argentina y Brasil, que están tratando, ambos, de exportar más alimentos a Venezuela, el patológico (e ilegal) reciente ingreso de este país al Mercosur apunta en esa dirección, la de aprovechar en todo lo que sea posible la apuntada incapacidad venezolana de movilizar a su retrasado sector agropecuario. La inversión extranjera, por todo esto, ha regresado con fuerza a Colombia. Las cifras recientes sugieren que ha aumentado un 26% en el primer semestre del año en curso, respecto del año pasado. Hablamos de unos 9,3 billones de dólares, que ya han ingresado y comenzado a trabajar en Colombia. No obstante, hay quienes apuestan a que, tarde o temprano, Colombia deberá (como ya ocurrió en Brasil) regular los flujos de capital que le llegan masivamente desde el exterior. Lo cierto es que Colombia está ahora reduciendo la pobreza y creando empleos. Más de un millón de colombianos han dejado atrás ese duro y frustrante flagelo. En un año se calcula que se creó un millón de empleos nuevos. Pero Colombia, que aún tiene en algunas regiones bolsones importantes de desocupación, necesita hacer mucho más en este capítulo y el presidente Santos tiene conciencia de todo lo que todavía debe realizar en ese sentido. Todo luce relativamente bien, entonces, en Colombia desde el plano de la economía. Pero no sin algunos problemas serios, a los que hemos aludido, que ya flotan en el aire y deben ser resueltos. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
La gestión económica del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, es realmente buena. Pese a ello, su excelente imagen inicial (71%) se ha ido deteriorando con el pasar del tiempo, aunque ciertamente no demasiado. Sigue siendo más alta que las de sus colegas de la Argentina, Brasil, Bolivia, Chile o Perú; aunque haya sectores de su economía que claman por obtener un ajuste monetario, esto es que haya una devaluación. Porque, en un año, la moneda local se ha apreciado un 9% respecto del dólar, lo que restó competitividad –y hasta poniendo en aprietos– a las exportaciones industriales, así como a las agrícolas, incluyendo a las de flores, actividad esta última que genera para Colombia unos 1.200 millones de dólares por año. Esas malas noticias están, sin embargo, más que compensadas por el aumento significativo de los precios de las materias primas, así como por los volúmenes de las crecientes exportaciones colombianas de carbón e hidrocarburos. Empujada por los ingresos de estas últimas exportaciones, Colombia sigue creciendo al ritmo del 4,5% anual, sin mayores dificultades. Recordemos que es el cuarto productor latinoamericano de hidrocarburos y el cuarto exportador de carbón del mundo. Es, además, un país que cree muy firmemente en las ventajas de la libertad comercial y de las economías abiertas. A punto tal, que antes de fin de año tendrá en funcionamiento cuatro importantes tratados de libre comercio, con los Estados Unidos, la Unión Europea, Suiza y Corea del Sur. A lo que cabe agregar la recomposición exitosa del comercio con la vecina Venezuela, que había caído bruscamente al final de la gestión del expresidente Uribe, como consecuencia de la tensión entre ambos países. Santos ha logrado reconstituir los flujos comerciales bilaterales, por lo que se anticipa que las exportaciones a Venezuela alcanzarán los 3.000 millones de dólares en el 2012. Todo un éxito. Pese a que lo cierto sea que la realidad sugiere que Venezuela es un país que ha demostrado –a lo largo de la historia– ser (como es también el caso de la propia Cuba) absolutamente incapaz para alimentarse a sí mismo, teniendo que importar buena parte de lo que su población requiere para ello. Colombia tiene ciertamente la ventaja de su proximidad con el mercado y los consumidores venezolanos. Para Argentina y Brasil, que están tratando, ambos, de exportar más alimentos a Venezuela, el patológico (e ilegal) reciente ingreso de este país al Mercosur apunta en esa dirección, la de aprovechar en todo lo que sea posible la apuntada incapacidad venezolana de movilizar a su retrasado sector agropecuario. La inversión extranjera, por todo esto, ha regresado con fuerza a Colombia. Las cifras recientes sugieren que ha aumentado un 26% en el primer semestre del año en curso, respecto del año pasado. Hablamos de unos 9,3 billones de dólares, que ya han ingresado y comenzado a trabajar en Colombia. No obstante, hay quienes apuestan a que, tarde o temprano, Colombia deberá (como ya ocurrió en Brasil) regular los flujos de capital que le llegan masivamente desde el exterior. Lo cierto es que Colombia está ahora reduciendo la pobreza y creando empleos. Más de un millón de colombianos han dejado atrás ese duro y frustrante flagelo. En un año se calcula que se creó un millón de empleos nuevos. Pero Colombia, que aún tiene en algunas regiones bolsones importantes de desocupación, necesita hacer mucho más en este capítulo y el presidente Santos tiene conciencia de todo lo que todavía debe realizar en ese sentido. Todo luce relativamente bien, entonces, en Colombia desde el plano de la economía. Pero no sin algunos problemas serios, a los que hemos aludido, que ya flotan en el aire y deben ser resueltos. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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