Color y comodidad en la cocina
A algunos les encanta la “nouvelle cuisine”, con recetas presentadas como una obra de arte. A otros los platos caseros de toda la vida, servidos en un cuenco de barro. Como en la comida, también en cuanto a la deco de las cocinas hay para todos los gustos, desde modelos minimalistas con alta tecnología a las que imitan a las antiguas de las casas campestres. Cómo decidirse para que sea cómoda y agradable.
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TEXTO: Sandra Cantzler PASO UNO: Lo que tiene que tener una cocina Heladeras y lavaplatos: éstos son los elementos imprescindibles en cualquier cocina. El resto ya es cuestión de espacio y gusto. “Lo ideal es que una cocina tenga espacio para una mesa”, recomienda Nicole Maalouf, de la tienda de decoración Online-Einrichter de Munich. La cocina es un lugar de encuentro para la familia y amigos, un lugar de comunicación. “Por eso lo principal es que sea confortable”. Tener una barra o un desayunador es para Maalouf una solución de emergencia. “Una mesa es siempre mejor”. Otra cosa importante es que la mesa sea agradable de tocar y resistente, según la experta en decoración Katharina Semling. “Soy enemiga de las mesas de cristal”. Es fundamental que esté acompañada de sillas cómodas, porque a veces uno se pasa horas sentado en la cocina. La zona para guardar las cosas depende también del gusto. “Los estantes abiertos hacen el lugar más acogedor, pero hace falta tener un mínimo de orden”, explica Maalouf. Porque si no, la sensación acogedora se convierte en caótica. Hay que encontrar un equilibrio entre espacios abiertos y cerrados, recomienda. PASO DOS: No perder la visión de conjunto ¿Quién prepararía una comida exquisita con ingredientes vencidos hace años? Nadie. Pero en la cocina suele haber muchas cosas que han dejado atrás sus mejores tiempos. “Los armarios están llenos de cosas porque siempre se llega solo a lo que está adelante”, señala Constanze Köpp, de la firma de asesoramiento Wohnkosmetik, de Hamburgo. Para tener siempre una visión sobre lo que hay en la parte de atrás, esta experta recomienda pequeñas canastas que se puedan sacar. A ello se suma la necesidad de seleccionar lo que realmente hace falta. “Hay gente que tiene 20 tupperwares, nadie necesita tantos”, añade. Como en el resto de la casa, en la cocina hay que tener siempre presente el lema: “llega algo nuevo, algo viejo se va”. Quien quiera tener siempre la encimera libre no tiene por qué conseguir cada vez mayores zonas de almacenamiento, sino que tiene que aprender a desprenderse de cosas. PASO TRES: No todo tiene que ser del mismo estilo “No hay por qué tener una cocina con todo montado igual”, afirma Maalouf. Al contrario. “A veces, las cocinas nuevas parecen el consultorio de un dentista”, se lamenta. Por ejemplo, si alguien ha heredado un antiguo mueble de la abuela, no debería abandonarlo a favor de los nuevos muebles más prácticos. Maalouf recomienda combinar, tanto lo nuevo con lo viejo como lo caro y barato. Por ejemplo, una cocina comparativamente más barata puede adquirir mayor valor si tiene un lavaplatos de un material poco común. Y otra hecha a trozos con muebles diferentes puede mostrar unidad si se coloca sobre ella una encimera. Puede resultar muy caro seguir la última moda sin pensárselo dos veces. “Una cocina roja es por supuesto muy bonita, pero ¿y dentro de dos años?”. Por ello, la experta recomienda no elegir colores de moda para los muebles y sí tonos clásicos y neutrales. “Una cocina es muy, muy cara. Por eso tiene que durar mucho y seguirle gustando a uno”. PASO CUATRO: Que haya color En realidad, ni siquiera las cocinas blancas son monocromáticas. La presencia diaria de botellas, ollas, ensaladeras o vasos ofrece normalmente toda una paleta de colores. A ello se suman accesorios especialmente elegidos. Nicole Maalouf recomienda por ejemplo sillas de colores con la mesa de madera y almohadones y manteles a juego. Maalouf ve muy importante ir creando una “colección personal”: los moldes de hornear, los viejos libros de recetas, la porcelana o la cerámica no deben estar escondidos en los armarios, sino que hay que mostrarlos. Por ejemplo, un plato bonito de porcelana se puede colgar de la pared como un cuadro. Lo importante es colgarlos no de manera caótica sino en grupos.
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