Bullying entre padres

25 jun 2018 - 00:00

A una mamá de San Juan, recuerda la psicóloga Sandra Ojman, le llega un mensaje de otra mamá solicitándole que retire a su hijo, que tiene dificultades cognitivas y motoras, de la escuela a la que concurre porque retrasa el aprendizaje “de los niños sanos”. Con ese ejemplo la licenciada retrata lo que llama “bullying entre padres” y explica: “Seguramente detrás de esa mujer hay un grupo de mamás que no dio la cara, pero que se juntó, debatió y opinó lo mismo. Y hay un colegio que no supo o no pudo anticipar los acontecimientos y trabajarlos con los padres y con los chicos. La mamá agredida tiene muy pocas chances de llegar efectivamente a un diálogo, porque la agresión que recibe es masiva, llena de prejuicios y de ignorancia”.

Bullying entre padres... Apenas sabemos qué hacer con el acoso entre niños y jóvenes y de pronto nos damos cuenta de que también entre nosotros hay un hostigamiento particular: el que involucra a nuestros propios hijos.

Sandra Ojman (consultaonline.net), licenciada en psicología, dos hijos de 21 y 17 años, será quien nos vaya guiando en esta temática.

Comienza así: “El maltrato que implica el bullying existe entre adultos. Lo vemos cuando alguien es estigmatizado por determinadas personas o grupo social por ser diferente o tener una característica menos convencional en algún aspecto de su vida. La diferencia entre el bullying y una discusión o pelea es que el primero, en una relación de asimetría, va por todo y eso es lo que genera impotencia y dificultad de reacción en quien es hostigado. Por eso el bullying habla más sobre quien agrede que sobre quien es agredido. Las debilidades están en el agresor que vive de manera amenazante cualquier situación que le resulta diferente y quiere destruirla. Eso es lo que genera impotencia en el receptor de la agresión, y si esa agresión conecta con alguna debilidad de quien es víctima, la situación es mas compleja”.

¿Y cuál es la mayor debilidad de cualquier padre, sino sus hijos?, me doy cuenta y recuerdo un caso que viví hace años en un club, muy parecido al de la mamá de San Juan.

Porque un niño, que vivía la separación de sus padres, insultaba y empujaba a los demás, un grupo de madres le hizo saber a la otra mamá que ella y su hijo ya no eran bienvenidos en cierto grupo.

“Es que hay bullying entre padres, continúa la psicóloga, y allí se puede apreciar una cadena de relaciones entre el mundo de los adultos y el de sus propios hijos. Los hijos no son un punto frágil o vulnerable, son nuestro mayor objeto de amor y todo lo que concierne a ellos nos involucra emocionalmente. Insisto en no solo pensar el bullying anclado o apoyado en el punto frágil o débil del destinatario sino entender que quien ejerce el bullying es profundamente ignorante, limitado e intolerante ante lo diferente. Por lo tanto, enfrentar un persona adulta o joven con esas características te descoloca siempre, porque no hay lenguaje en común”.

En casos como los descriptos la licenciada Ojman trabaja con los grupos de adutos, en general a instancia de los propios padres y, en algún caso, a pedido del colegio, dando charlas.

“Pero generalmente”, aclara, “llaman después de alguna situación concreta y no de manera preventiva. Y es poco el trabajo que se hace con los docentes para ayudarlos a trabajar en las clases a anticipar situaciones”.

“Las secuelas del bullying si no son atendidas no desaparecen”, remarca luego, “es necesario ayudar a cada uno a elaborar lo que vivió. Para muchos padres la tendencia natural es tratar de dejar el asunto en el olvido, pero para quien vivió o vive esa situación ese olvido no existe y no da alivio”.

A esta altura de la nota ya muchos nos dimos cuenta de que eso que pasó en cierta oportunidad, eso que nos dijeron sobre nuestros hijos o que nosotros dijimos a otro no fue un enfrentamiento corriente, fue acoso. Hay quienes lastiman a un adulto poniendo a su hijo como argumento. Solo si lo entendemos podremos tomar medidas.

Y en cuanto a cómo acompañar a nuestros hijos, bastan las palabras de la licenciada: “Los padres deben ayudar a niños y jóvenes a reforzar su identidad desde que son pequeños, porque los procesos grupales en los chicos son muy fuertes y los atraviesan en toda su formación. Es necesario que entendamos que los chicos en grupo son capaces de hacer cosas que de ningún modo harían estando solos. Los adultos nos sorprendemos cuando nos informan que nuestro hijo o hija hizo tal o cual cosa, algo que en forma individual no hubiera hecho y que seguramente va en contra de sus valores o sentimientos, pero que en grupo no pudo o no supo decir que no. Por eso, insisto que el destinatario del bullying no necesariamente es el más débil, sino el que se atreve o puede o es distinto”. Vale para nosotros, padres, también.

Apenas sabemos qué hacer con el acoso entre niños y jóvenes y de pronto sabemos que también entre adultos hay hostigamiento: el que involucra a nuestros propios hijos.

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