Comida, siempre comida
Columna semanal
La peña
Las comidas de Semana Santa eran bastante predecibles en casa. El bacalao seco, porque en mi pueblo no había ni ríos ni mares cerca, era casi irreemplazable, las empanadas de vigilia y las roscas de pascua. La costumbre del chocolate era lejana y casi inaccesible.
Y como si fuera un eterno ayuno, llegábamos al domingo cargados de discursos como que “estoy cansado del pescado, del atún en lata” y de esas cosas. Era como que habíamos pasado un mes comiendo lo que se come en tiempo de religión acentuada y en realidad apenas era el viernes. Indefectiblemente el domingo había asado en casa, el que llegaba casi como un alivio para los comensales. Toda una exageración, incorporada a tal punto que lo tradicional no sólo era la comida especial del viernes, sino también el asado del domingo.
En realidad no sé por qué sucedía, era como un día normal donde no se comía carne, pero en la memoria se instalaba esto de que veníamos comiendo productos de mar desde hace varios días. Con o sin Semana Santa no éramos de comer carne cada día, de manera que las quejas no tenían sentido.
Tampoco entendía esto del ayuno, en otras épocas mucho más acentuado. El ayuno venía con la historia, con los años de pensar que por el sólo hecho de comer carnes rojas nos ganaríamos un lugar en el sitio más indeseado, que directamente nos iríamos al infierno.
Y aquí estamos, cada uno con su creencia y cada uno con sus tradiciones. Ni dejamos de comer carnes rojas ni nos fuimos al infierno.
Así se repetía cada año, llegaban los días previos a la Pascua y empezaba el debate que en realidad era innecesario, porque era invariable eso del viernes pescado, el sábado lo que fuera y el domingo asado de vaca.
Lo de las tradiciones, sobre todo cuando tienen que ver con la religión, forma parte de un país que se mueve de acontecimiento en acontecimiento, pero que no logra dejar de lado las comidas.
Es definitivamente un país carnívoro y en función de eso piensa las fiestas. Cuántos ven la Navidad como un acontecimiento religioso. Pocos, porque el grueso entiende la celebración como un motivo para juntarse. Y no piensa tanto en la celebración y sus orígenes, piensa en chivos, corderos, pavos, vacas.
Será cuestión de comer lo que se pueda, sin más temor que los kilos que sumemos.
Jorge Vergara
jvergara@rionegro.com.ar