¿Cómo explicarlo?

Redacción

Por Redacción

Junto a Alan Bullock y Joachin Fest, el inglés Ian Kershaw forma parte del grupo que con mayor rigor ha investigado la vida de Adolf Hitler como totalidad. Los tres han escrito monumentales biografías sobre el líder nazi estructuradas cada una en su tiempo, vía un minucioso –“maniático”, si se quiere, diría Eric Hobsbawm– manejo de fuentes y recopilación de testimonios de contemporáneos del nazismo. Además de los dos tomos de su biografía de Hitler, Ian Kershaw ha publicado una docena de libros y más de 1.000 artículos sobre aquel proceso. Para él el nazismo, en clave de batuta de Hitler, se define por “la incesante búsqueda de la radicalidad” en sus definiciones y decisiones. A Ian Kershaw se le debe una definición sobre Hitler a la que no le sobran ni faltan palabras: “El hombre que hizo jadear la historia”. Pero siempre se ha reservado Ian Kershaw espacio para situarse en lo que reflexiona en términos de “lo complejo que siegue siendo interpretar y explicar el nazismo”. Un texto revelador de esa postura es el que sigue: “Se podría decir que una adecuada explicación del nazismo es una imposibilidad intelectual. El nazismo constituye un fenómeno que apenas sí parece posible que sea sometido a un análisis racional. Con un líder que hablaba en tono apocalíptico de poder mundial o destrucción y con régimen basado en una ideología de odio racial totalmente repulsiva, uno de los países más avanzados cultural y económicamente de Europa se preparó para la guerra y dio lugar a una conflagración mundial que mató alrededor de 50 millones de personas y perpetró atrocidades de una naturaleza que desafía a la imaginación. Frente a Auschwitz, la capacidad de explicación del historiador resulta insignificante. ¿Cómo es posible escribir adecuada y ‘objetivamente’ acerca de un sistema de gobierno que generó un horror de semejante monumentalidad? ¿De qué manera debe realizar su trabajo el historiador? Difícilmente podría limitarse, en términos neorrankeanos, a recoger de las fuentes el relato de ‘cómo fueron realmente las cosas’. Además, ¿puede acaso el historiador “comprender” (en la tradición historicista) un régimen tan criminal y a su tan inhumano líder? ¿O es su tarea desnudar la maldad del nazismo para dar testimonio en el presente y una advertencia al futuro? Si es así, ¿de qué manera podría hacerlo? ¿Acaso el historiador puede o debe esforzarse por lograr ‘distancias’ de su tema, distancia considerada habitualmente la esencia misma de la ‘objetividad’ en los escritos sobre temas históricos? El solo hecho de plantear estas preguntas sugiere algunas de las razones por las que ninguna explicación del nazismo puede ser del todo intelectualmente satisfactoria. En última instancia, cualquier enfoque interpretativo debe reposar en la medida en que podría ser visto como una contribución a una interpretación del nazismo potencialmente mejorada”. (Ian Kershaw en “La dictadura nazi. Principales controversias en tono a la era de Hitler”, Siglo XXI, 2013, págs. 19-20)


Junto a Alan Bullock y Joachin Fest, el inglés Ian Kershaw forma parte del grupo que con mayor rigor ha investigado la vida de Adolf Hitler como totalidad. Los tres han escrito monumentales biografías sobre el líder nazi estructuradas cada una en su tiempo, vía un minucioso –“maniático”, si se quiere, diría Eric Hobsbawm– manejo de fuentes y recopilación de testimonios de contemporáneos del nazismo. Además de los dos tomos de su biografía de Hitler, Ian Kershaw ha publicado una docena de libros y más de 1.000 artículos sobre aquel proceso. Para él el nazismo, en clave de batuta de Hitler, se define por “la incesante búsqueda de la radicalidad” en sus definiciones y decisiones. A Ian Kershaw se le debe una definición sobre Hitler a la que no le sobran ni faltan palabras: “El hombre que hizo jadear la historia”. Pero siempre se ha reservado Ian Kershaw espacio para situarse en lo que reflexiona en términos de “lo complejo que siegue siendo interpretar y explicar el nazismo”. Un texto revelador de esa postura es el que sigue: “Se podría decir que una adecuada explicación del nazismo es una imposibilidad intelectual. El nazismo constituye un fenómeno que apenas sí parece posible que sea sometido a un análisis racional. Con un líder que hablaba en tono apocalíptico de poder mundial o destrucción y con régimen basado en una ideología de odio racial totalmente repulsiva, uno de los países más avanzados cultural y económicamente de Europa se preparó para la guerra y dio lugar a una conflagración mundial que mató alrededor de 50 millones de personas y perpetró atrocidades de una naturaleza que desafía a la imaginación. Frente a Auschwitz, la capacidad de explicación del historiador resulta insignificante. ¿Cómo es posible escribir adecuada y ‘objetivamente’ acerca de un sistema de gobierno que generó un horror de semejante monumentalidad? ¿De qué manera debe realizar su trabajo el historiador? Difícilmente podría limitarse, en términos neorrankeanos, a recoger de las fuentes el relato de ‘cómo fueron realmente las cosas’. Además, ¿puede acaso el historiador “comprender” (en la tradición historicista) un régimen tan criminal y a su tan inhumano líder? ¿O es su tarea desnudar la maldad del nazismo para dar testimonio en el presente y una advertencia al futuro? Si es así, ¿de qué manera podría hacerlo? ¿Acaso el historiador puede o debe esforzarse por lograr ‘distancias’ de su tema, distancia considerada habitualmente la esencia misma de la ‘objetividad’ en los escritos sobre temas históricos? El solo hecho de plantear estas preguntas sugiere algunas de las razones por las que ninguna explicación del nazismo puede ser del todo intelectualmente satisfactoria. En última instancia, cualquier enfoque interpretativo debe reposar en la medida en que podría ser visto como una contribución a una interpretación del nazismo potencialmente mejorada”. (Ian Kershaw en “La dictadura nazi. Principales controversias en tono a la era de Hitler”, Siglo XXI, 2013, págs. 19-20)

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora