¿Cómo leerla tantos años después?

Por Redacción

Abro, orgullosa mi ejemplar de Rayuela, por supuesto que es la primera edición, en la última hoja consta “se terminó de imprimir el día 28 de junio de 1963…” ¡Los años 60! Las revoluciones, las utopías, el boom de la literatura hispanoamericana, el fin de la adolescencia y nuestra primera juventud. Con ellos Julio Cortázar y su “Rayuela”. La estábamos esperando porque ya nos había conmocionado con “Bestiario”, con “Las babas del diablo”, con “El perseguidor”, pero lo que vino fue contundente, marcó un antes y un después en la narrativa de lengua española. Fue una obra totalmente revolucionaria que sacudió los cimientos de las novelas que hasta entonces conocíamos, también lo fue porque el boom permitió su difusión y pudo leerse hasta los rincones menos esperados de América y del mundo.

¿Por qué revolucionaria? Siguiendo a Cymerman, es revolucionaria porque Cortázar quiso crear un lector, un hombre “nuevo”, plenamente adulto, tan alejado del conformismo y de los prejuicios pequeñosburgueses como del sectarismo y el fanatismo de ciertos partidarios de la revolución sociopolítica.

Revolucionaria porque desde el plano metafísico, ontológico y existencial se presenta como una entusiasta anulación de prejuicios, conformismos y tabúes, como un cuestionamiento permanente a los hábitos mentales y el orden establecido, como un enfoque escéptico y vagamente inquietante sobre las nociones de lo bello y lo bueno, de inteligencia y racionalidad, de realismo y autenticidad. Se presenta un enfoque distinto de la realidad, una visión mágica a partir de la mística oriental y de símbolos como el mandala. Se da preponderancia al azar, el sueño, la fantasía y la locura.

Es revolucionaria en el plano sexual y erótico. Para Cortázar el amor, bajo todas sus formas, es un juego virtual y trascendente, un juego de deseos y sentidos que crece plenamente en libertad y permite acceder a la libertad. El erotismo está casi siempre acompañado de ternura y poesía.

Y es totalmente revolucionaria en cuanto a la estructura narrativa, los procedimientos estilísticos y al lenguaje.

Rayuela permite varias lecturas, se divide en capítulos esenciales y en capítulos que se pueden omitir. El lector, ese lector activo que tendrá que crear el final, puede elegir entre dos lecturas( aunque se sugiere que muchas otras son posibles)

Una, es seguir el orden lineal hasta el capítulo 56 y comprende dos partes, los capítulos “Del lado de allá” que transcurren en París (capítulo1 a 36) y de los “Del lado de acá” (del 37 al 56).

La otra lectura está dirigida a ese lector cómplice y le propone seguir el Tablero de Dirección. Empezará en el capítulo 73 y seguirá el orden que se indica al pie de página. Aparecerá entonces Morelli, (otro yo del autor) y sus morellianas ( “De otros lados (capítulos prescindibles)” para esbozar la nueva novela, la que rompe con las convenciones literarias y con los límites de la escritura.

Así, como afirmaba Ana María Barrenechea, se accederá a una historia donde el protagonista intenta poner en práctica una nueva teoría de vivir que se irá delineando en sus reflexiones y a una novela que pone en práctica una teoría del escribir.

La revolución en el uso del lenguaje presenta abolición de las categorías de lo oral y lo escrito y de la distinción entre relato y diálogo, se mezclan las lenguas, la académica, la popular, el uso del argot y de lenguas extranjeras. Se crean otros lenguajes (el glíglico) y se usa la ortografía para marcar vocablos “desgastados”, como, por ejemplo, el uso de la hache “hecuménico” para burlarse de su uso casi vacío de contenido.

También usa citas de un abigarrado acervo cultural que va de los clásicos grecolatinos, de estudios bíblicos, de la plástica, del cine, por supuesto de la literatura, la música, fundamentalmente del jazz y del tango, y también del entorno político y hasta policial.

Y así podríamos seguir enumerando innovaciones, sorpresas, anonadamientos. Rayuela es una obra que a cada lectura nos muestra algo más y nos cuestiona también algo más.

¿Cómo leerla ahora, a los cincuenta años de su aparición?

Se nos van a presentar algunos problemas: por un lado la necesidad de buscar una serie de informaciones sobre filósofos, dramaturgos, escritores, músicos, pintores, y muchos nombres de la ciencia que la enciclopédica cultura de Cortázar despliega con toda intensidad. Es muy incómodo dejar la lectura, perder el hilo de la narración para correr a internet y saber de quién se trata. Lo mismo sucede, sobre todo en los capítulos que transcurren en París, con la transcripción de textos en otro idioma, en especial en el argot francés. Por otro lado el contexto sociocultural ha cambiado tanto que muchas de las expresiones ya perdieron el sentido para el que fueron usadas. Un ejemplo muy claro es “la piedad ya no estaba liquidando”, es decir, usar la publicidad de una famosa tienda porteña de las décadas de los 40 y 50, para cuestionar la vigencia de la virtud teologal, porque el lector de ese entonces sabía que esa publicidad cerraba con la frase “y como siempre de verdad”.

También muchas de las palabras de uso coloquial ya se convirtieron en arcaísmos. Pero sobrevive la prosa brillante, por momentos de una poesía inédita y el no menos brillante sentido del humor que le quita a todas las búsquedas ontológicas y existenciales solemnidad y almidonamiento.

Mi recomendación: hasta hacerse al estilo de “Rayuela” leer un capítulo por día y saborearlo como a un exquisito bombón o un vino añejo. Obviar las citas y los párrafos en otra lengua. Lentamente la novela nos atrapa en su red y nos obliga a ser ese lector creativo, ese lector macho que engendra con su lectura su propia novela y que mano a mano con el escritor lo interpela, lo censura y lo admira.

Referencias bibliográficas

Barrenechea, A.M. “ La estructura de Rayuela de Julio Cortázar” en Textos Hispano-americanos , Monte Avila , Caracas, 1978

Cecilia Boggio


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