Cómo quieren que se los vea

Por Redacción

Héctor Ciapuscio (*)

Muchos suscriptores de “La Nación” y “Clarín” se sienten extrañados cuando el diariero les deja cada mes, incorporado al ejemplar de su matutino y gratuito, un nada modesto suplemento de ocho páginas con título “Rusia Hoy”. Entender esta novedad y sus propósitos puede resultar esclarecedor de otras cosas, particularmente las oscuras vistas políticas de Moscú. Se trata de una edición que integra el proyecto internacional (llamado “Rusia más allá de los títulos”) que brinda información sobre las actividades de ese país, extraídas selectivamente de la “Rossyskaia Gazeta”, el diario oficial del Kremlin. Circula internacionalmente –algo que también causa extrañeza– a través de acuerdos con diarios como el “Washington Post” y el “New York Times” de Estados Unidos, el “Daily Telegraph” de Gran Bretaña y los dos mencionados de la Argentina. Son 17 países y 11 idiomas. El último ejemplar saluda al 12 de junio como cumpleaños nacional número 20, bajo título “El día en el que Rusia celebra su renacimiento”. Sus notas, que atienden también a relaciones de ese país con el del diario huésped, reflejan la motivación de fondo: convencer al mundo acerca de la consolidación de una vigorosa democracia en el territorio que era parte esencial de la URSS y que, disuelta ésta, se estableció a partir del encumbramiento de Boris Yeltsin en 1999 como República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR). A una propaganda sigue naturalmente la contra. “Slate”, una popular revista on-line norteamericana recibió a “Russia Today” cuando apareció allá por primera vez, bajo un título bélico: Los rusos lanzan una bomba de propaganda con su suplemento en el “Washington Post”. Y después comentó que la afición rusa por estos despliegues se había apagado junto con el imperio soviético, pero ese arte tradicional de ellos resucitó con el ascenso de Putin al poder. Pagan a los periódicos por incluir sus suplementos, dijo, como parte de un amplio esfuerzo del gobierno para ejercer “soft power”. Y textual: “Bajo la torturada sintaxis de estas ridículas piezas periodísticas late el sangriento corazón rojo de la susurrante propaganda soviética”. La lectura de la revista permite conocer ideas, negocios e intenciones del régimen actual de manera directa, libre de las tradicionales interpretaciones ajenas. Las novedades relacionadas con nuestro país no son las más expresivas. Que se busca fortalecer los crecientes intercambios comerciales (u$s 1.800 millones que integran los u$s 15.000 millones en la región, la mayor parte en Venezuela), que tal vez aumentará la cooperación nuclear en reactores de baja y media potencias, que tienen a Ansaldi, un futbolista argentino jugando exitosamente allá; que el Bolshoi y el Colón han tenido una larga relación, que el ballet ruso seduce a la Argentina, que hay en Buenos Aires varios rincones de cultura rusa, etcétera. El país sudamericano más relacionado con ellos es el de Hugo Chávez con el cual, expresó el Kremlin en un mensaje, “hay una alianza estratégica profunda”. Tanto es así que, en el apartado sobre el sector militar, se informa que Venezuela ha adquirido el sistema ruso de defensa Pechora 2-M para resguardar el complejo petrolero más grande del país y que está en marcha la venta masiva de helicópteros MI-8. En relación con la economía, admite que la de ellos “está en la cuerda floja” y que, ante la crisis financiera de Occidente que reduce los ingresos fiscales del país con la baja de los precios del petróleo, China ha pasado a ser un socio económico clave. Se lee un extenso artículo que da cuenta de que la inestabilidad en las relaciones con la Unión Europea empuja a Moscú hacia los mercados asiáticos, la economía lleva al nuevo gobierno a apuntar hacia el Asia de los “tigres” (China, Corea del Sur y Japón). Incluso comenta que los expertos hablan cada vez más de crear una “tercera” capital económica en el Extremo Oriente, más allá de los Urales. Ésta es una novedad de gran envergadura, sobre todo pensando en lo cultural y recordando que la historia de Rusia está atravesada, dramáticamente, por el conflicto entre las visiones occidentalistas y orientalistas, europeístas y eslavistas de muchas generaciones. En cuanto a lo social, se recuerda que la recién inaugurada tercera presidencia de Putin ha planteado un vasto programa de reformas. Las administrativas serán enormes porque “es imposible realizar ese programa sin tomar medidas dolorosas e impopulares”. En cuanto al orden público, se lee la promulgación de una nueva ley que endurece multas. El nivel de éstas es, como tantas cosas han sido siempre en el país desmesurado de Iván el Terrible, hasta 10.000 dólares para personas que infrinjan normas, hasta 18.000 en el caso de cargos públicos y hasta 30.000 para personas jurídicas. Relativo a lo estrictamente político, “Rusia Hoy” reconoce (en un giro de buena letra para lectura extranjera) que “ha surgido una oposición de masas antisistema que controla on-line cada paso de las autoridades y al Estado se le buscará hasta el más mínimo error”. En otro título se comprueba el grado de preocupación de los burócratas por las movilizaciones populares de fines del 2011 y principios del 2012 (que, sin embargo, como hemos visto antes y después de las últimas elecciones son numéricamente débiles). Preocupan evidentemente más que episodios anteriores, tales los asesinatos de intelectuales opositores como Galina Starovoitova, coincidente con la llegada al poder del ex-KGB Vladimir Putin, el de Anna Politkoskaya o la masacre terrorista del teatro de Moscú en el 2002. Los inquietan porque son conscientes del peligro que tiene para el régimen una literatura casi subterránea pero ideológicamente mortífera, así como las redes sociales activas o los libros de Vladimir Sorokin. Refiriéndose a los desafíos opositores, Putin denunció en ocasión reciente que hay individuos en el país que actúan como chacales de embajadas extranjeras, que cuentan con el apoyo de fondos y gobiernos de afuera pero no con el crédito de su propia sociedad. Y, más contundente todavía, en la noche de su último triunfo electoral, el 4 de marzo, dijo con lágrimas en los ojos refiriéndose a los que protestan y al resultado de los comicios: “Hemos demostrado que nuestro pueblo puede distinguir entre el deseo por renovación y la provocación política que tiene sólo un objetivo: destruir el estado Ruso y usurpar el poder”. (*) Doctor en Filosofía