Con el flamenco en la sangre
Actuarán este domingo, en Neuquén.
Gentileza
NEUQUÉN (AN).- La compañía de flamenco Manto de Andújar presentará “Colores lejanos”, el espectáculo que fue seleccionado para la Bienal de Buenos Aires el año pasado y, además, para la Bienal Internacional de Maracaibo (Venezuela) que se realizará el próximo año. Como anticipan a “Río Negro” la bailarina Alejandra Zapata y el guitarrista Jorge Palacios, será la última presentación de este show, que tiene como objetivo recaudar fondos para poder viajar. Será el próximo domingo, a las 13, con un bono contribución para asistir al almuerzo show que se realizará en la Asociación Española de Neuquén (Gatica 2125), con el cuerpo instrumental de La Rondalla como invitado. Las reservas para obtener la entrada deben realizarse en el correo mantodeandujar@gmail.com. Esta compañía, conformada en 2008, está integrada por Jorge Palacios (guitarra y dirección musical); Gonzalo Rodríguez (guitarra); Charly Salas (cante y percusión); Alejandra Zapata, Analía Jaramillo y Luciana Petraglia (baile) y Ariel Romeo como invitado (violín). Los artistas rememoran que les demandó “mucho tiempo” el armado del espectáculo, porque todo lo que hacen es composición propia: debieron integrar música, baile, vestuario, escenografía, puesta, producción y difusión. “Todo fue autogestión”, señalan. “Somos un equipo que trabaja en todos esos frentes”. Desarrollan el género desde 2008, con varios viajes a otros sitios porque “en la zona es más complejo formarse y no hay tantos músicos que se dediquen”, reflexiona Palacios. “Los maestros que podemos conocer vienen de Buenos Aires y hemos logrado traer a varios: es un género complejo para abordar”, reflexiona el músico. Para Zapata, “bailarlo es un antes y un después: es sentir que todo es real”, expresa. “Te cambia la forma de vivir las cosas a nivel artístico, te invade, te atraviesa. Es algo inexplicable”, se entusiasma. Por su parte, el guitarrista recuerda que la primera guitarra que lo conmovió fue una guitarra flamenca. “A los seis años, Paco de Lucía vino a Neuquén. En mi familia había música -detalla-, pero eso era distinto: me mató. Con el flamenco se mueve la admiración por el virtuosismo, en una primer escala -opina el músico-. Después, cuando te metés un poquito más, hay un contenido musical rítmico y armónico que no ves en otras músicas. Cuando era chico, quería tocar eso, pero acá no había quién lo enseñara -rememora-. Después, hice un recorrido académico que me sirvió mucho para abordar el género. En aquel momento, no sabía si me gustaba el flamenco o Paco de Lucía: era inseparable. Es un mundo muy atractivo y te tiene que correr sangre por las venas para tocarlo”, sonríe el músico. Para Palacios, es uno de los géneros más ricos para un guitarrista, por “su versatilidad rítmica y comprensión de lo armónico”.