Confluencia
Weretineck y Pichetto, con la Nación. Financiamiento provincial y obras paralizadas, primeras prioridades.
Todos parecían extraviados y molestos entre sí. Pero, urgía un vínculo entre Nación y Río Negro. Llegó esa mano tendida porque ya no era posible traicionar a la misma política. El viernes, finalmente, Weretilneck ingresó a Casa Rosada. Tardó 35 días en acceder al poder macrista. Arribó con muchos temores, pero salió reconfortado. El senador Miguel Pichetto le garantizó cobertura a partir de su gravitación parlamentaria. Nada fue casual. Un poco de historia. El gobernador jugó con el FpV pero concurrió a la ceremonia de asunción presidencial, bien espaciada por las ausencias de la oposición justicialista. Poco sirvió ese gesto. El gobierno nacional postergó cualquier recibimiento, siempre se ponderó el desprecio que el rionegrino otorgó cuando el macrismo quiso hacer pie en Río Negro. “No me doblegó la señora, no van hacerlo ellos”, desafiaba Weretilneck frente a los íntimos cuando los desaires se sucedían y rememoraba aquella fortaleza del pasado frente a la presidenta Cristina Fernández. Reiteró sus fuertes críticas cuando el jueves se publicó el decreto de Macri que derogaba el de su antecesora que había restituido el 15% del Anses a las provincias. Ya preveía reunirse al otro día con el ministro Rogelio Frigerio. Tensó tanto el momento que pensó que la audiencia podía suspenderse, pero a la noche llegó la confirmación. Tirantez inicial con Frigerio. “No puedo quedarme debajo de la mesa”, se cubrió cuando el ministro observó su extrema postura en la restitución de la coparticipación. Pichetto no estaba y Weretilneck confiaba en que su presencia relajaría el clima. Ya en ocasión de la reunión ampliada de fruticultura, hace unos días, el gobernador intervino para que la Nación convocara al parlamentario. Llegaría la reunión clave. Frigerio y Weretilneck fueron llamados a la Jefatura de Gabinete. Subieron y Marcos Peña los recibió con Pichetto. El análisis de un esquema de gobernabilidad y de prioridades rionegrinas fue posible a partir de que el senador se abroqueló institucionalmente con el gobernador, incluso puso del mismo lado a Silvina García Larraburu. Peña está a la caza de esas conciencias y votos racionales en el Senado. El rosario rionegrino fue general: fruticultura, obras, Invap, Soda Solvay, minería y financiamiento provincial. Pichetto puntualizó en la conclusión de las rutas 22 y 23, el sostenimiento de la UNRN (atento a la construcción de la sede de Bariloche) y, entre otras, entendió que se impone un diálogo de la Nación con las provincias por la coparticipación frente a la inequidad de que sólo tres Estados recuperen el 15% del Anses por un fallo judicial. El gobernador aprobaba pensamientos del senador que ya conocía. El anclaje de Peña-Pichetto en la interrelación entusiasmó al mandatario. Entiende –con razón– que el jefe de Gabinete es la expresión pura del presidente y el senador garantiza experiencia en la gestión institucional. Valora, además, que se relativice la conexión política con Frigerio, cuya primacía inicial sufrió porque en ese ministerio recuerdan y refrescan sus tropelías contra el macrismo. Las circunstancias los obligan a ese trato, ya que el desarrollista dispone de los hilos de la obra pública. Fijadas aquellas coordenadas, Frigerio y Weretilneck volvieron a Interior, repasando asuntos con el diputado Sergio Wisky y el secretario de Interior, Sebastián García De Luca. Pasó el segundo de Agricultura, Ricardo Negri, con el último borrador de las ayudas para los productores frutícolas. Dejaron a Negri que finalice las medidas, previéndose su oficialización para martes o miércoles. Otras zozobras figuraban en la carpeta de Weretilneck, especialmente aquellas que pronostican riesgos sociales y políticos. Una amenaza especial emerge de la paralización de la obra pública, producto del desfinanciamiento nacional. En agosto, Río Negro firmó contrato para construir 600 unidades en trece localidades. Son los únicos planes federales que el IPPV retenía para Río Negro, ya que la mayoría fueron directamente a los municipios, con sus problemas de ejecución. A seis meses de la firma de aquellos contratos, la Nación no remitió ninguna remesa y, frente a las presiones, la Provincia adelantó fondos y comenzó barrios en tres localidades (Chimpay, Lamarque y Viedma). Estas demoras se miden en desocupación. Ni este ni otro problema todavía fueron resueltos, pero Río Negro inauguró un patrón político, con la imagen de convergencia del gobernador y del senador. Ese vínculo se está regenerando. Pichetto pretende recuperar su misión y gestión por Río Negro, que Weretilneck puede garantizarle. Hay otros protagonistas –como Wisky– que tendrán algo que decir. El senador tiene esa prioridad. No quiere saber nada más de su partido en la provincia. Esta evasión facilita el proceso lanzado por Martín Soria para ratificarse en la conducción del PJ, con internas para el 21 de febrero. Pero hay demasiadas agrupaciones autoexcluyéndose y la pretendida transformación podría vaciarse. El radicalismo tiene su curso interno y desbande, con elecciones para el 28 de febrero. Weretilneck sí se realimenta políticamente. Ya puso un objetivo en Cipolletti para el 2019 y abrió la resistencia al intendente Aníbal Tortoriello. En un asado de fin de año, en el Club de Leones, el mandatario arengó al medio centenar de dirigentes propios a recobrar espacios y “trabajar para recuperar Cipolletti”, valorando la persona del jefe comunal pero incitando a que “no debe consolidarse”. Su lugar en el mundo –evidentemente– expone su debilidad. El gobernador ha demostrado paciencia, pero también carencia de prudencia, especialmente cuando cree descubrir cierta deslealtad.
panorama de río negro
Adrián Pecollo adrianpecolllo@rionegro.com.ar
Todos parecían extraviados y molestos entre sí. Pero, urgía un vínculo entre Nación y Río Negro. Llegó esa mano tendida porque ya no era posible traicionar a la misma política. El viernes, finalmente, Weretilneck ingresó a Casa Rosada. Tardó 35 días en acceder al poder macrista. Arribó con muchos temores, pero salió reconfortado. El senador Miguel Pichetto le garantizó cobertura a partir de su gravitación parlamentaria. Nada fue casual. Un poco de historia. El gobernador jugó con el FpV pero concurrió a la ceremonia de asunción presidencial, bien espaciada por las ausencias de la oposición justicialista. Poco sirvió ese gesto. El gobierno nacional postergó cualquier recibimiento, siempre se ponderó el desprecio que el rionegrino otorgó cuando el macrismo quiso hacer pie en Río Negro. “No me doblegó la señora, no van hacerlo ellos”, desafiaba Weretilneck frente a los íntimos cuando los desaires se sucedían y rememoraba aquella fortaleza del pasado frente a la presidenta Cristina Fernández. Reiteró sus fuertes críticas cuando el jueves se publicó el decreto de Macri que derogaba el de su antecesora que había restituido el 15% del Anses a las provincias. Ya preveía reunirse al otro día con el ministro Rogelio Frigerio. Tensó tanto el momento que pensó que la audiencia podía suspenderse, pero a la noche llegó la confirmación. Tirantez inicial con Frigerio. “No puedo quedarme debajo de la mesa”, se cubrió cuando el ministro observó su extrema postura en la restitución de la coparticipación. Pichetto no estaba y Weretilneck confiaba en que su presencia relajaría el clima. Ya en ocasión de la reunión ampliada de fruticultura, hace unos días, el gobernador intervino para que la Nación convocara al parlamentario. Llegaría la reunión clave. Frigerio y Weretilneck fueron llamados a la Jefatura de Gabinete. Subieron y Marcos Peña los recibió con Pichetto. El análisis de un esquema de gobernabilidad y de prioridades rionegrinas fue posible a partir de que el senador se abroqueló institucionalmente con el gobernador, incluso puso del mismo lado a Silvina García Larraburu. Peña está a la caza de esas conciencias y votos racionales en el Senado. El rosario rionegrino fue general: fruticultura, obras, Invap, Soda Solvay, minería y financiamiento provincial. Pichetto puntualizó en la conclusión de las rutas 22 y 23, el sostenimiento de la UNRN (atento a la construcción de la sede de Bariloche) y, entre otras, entendió que se impone un diálogo de la Nación con las provincias por la coparticipación frente a la inequidad de que sólo tres Estados recuperen el 15% del Anses por un fallo judicial. El gobernador aprobaba pensamientos del senador que ya conocía. El anclaje de Peña-Pichetto en la interrelación entusiasmó al mandatario. Entiende –con razón– que el jefe de Gabinete es la expresión pura del presidente y el senador garantiza experiencia en la gestión institucional. Valora, además, que se relativice la conexión política con Frigerio, cuya primacía inicial sufrió porque en ese ministerio recuerdan y refrescan sus tropelías contra el macrismo. Las circunstancias los obligan a ese trato, ya que el desarrollista dispone de los hilos de la obra pública. Fijadas aquellas coordenadas, Frigerio y Weretilneck volvieron a Interior, repasando asuntos con el diputado Sergio Wisky y el secretario de Interior, Sebastián García De Luca. Pasó el segundo de Agricultura, Ricardo Negri, con el último borrador de las ayudas para los productores frutícolas. Dejaron a Negri que finalice las medidas, previéndose su oficialización para martes o miércoles. Otras zozobras figuraban en la carpeta de Weretilneck, especialmente aquellas que pronostican riesgos sociales y políticos. Una amenaza especial emerge de la paralización de la obra pública, producto del desfinanciamiento nacional. En agosto, Río Negro firmó contrato para construir 600 unidades en trece localidades. Son los únicos planes federales que el IPPV retenía para Río Negro, ya que la mayoría fueron directamente a los municipios, con sus problemas de ejecución. A seis meses de la firma de aquellos contratos, la Nación no remitió ninguna remesa y, frente a las presiones, la Provincia adelantó fondos y comenzó barrios en tres localidades (Chimpay, Lamarque y Viedma). Estas demoras se miden en desocupación. Ni este ni otro problema todavía fueron resueltos, pero Río Negro inauguró un patrón político, con la imagen de convergencia del gobernador y del senador. Ese vínculo se está regenerando. Pichetto pretende recuperar su misión y gestión por Río Negro, que Weretilneck puede garantizarle. Hay otros protagonistas –como Wisky– que tendrán algo que decir. El senador tiene esa prioridad. No quiere saber nada más de su partido en la provincia. Esta evasión facilita el proceso lanzado por Martín Soria para ratificarse en la conducción del PJ, con internas para el 21 de febrero. Pero hay demasiadas agrupaciones autoexcluyéndose y la pretendida transformación podría vaciarse. El radicalismo tiene su curso interno y desbande, con elecciones para el 28 de febrero. Weretilneck sí se realimenta políticamente. Ya puso un objetivo en Cipolletti para el 2019 y abrió la resistencia al intendente Aníbal Tortoriello. En un asado de fin de año, en el Club de Leones, el mandatario arengó al medio centenar de dirigentes propios a recobrar espacios y “trabajar para recuperar Cipolletti”, valorando la persona del jefe comunal pero incitando a que “no debe consolidarse”. Su lugar en el mundo –evidentemente– expone su debilidad. El gobernador ha demostrado paciencia, pero también carencia de prudencia, especialmente cuando cree descubrir cierta deslealtad.
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