Contrapuntos estériles

Gobierno y empresarios juegan en la misma cancha con dos reglamentos diferentes. Los empresarios reclaman diálogo con amplitud, mientras el gobierno secretismo y que vayan al pie. La encuesta de expectativas mostró contrasentido empresario a la hora de juzgar la corrupción.

Por Redacción

DOMINGO A DOMINGO

Ante la postura ultradefensiva que adoptó el gobierno frente a una agenda empresaria que lo cuestiona con dureza, el tradicional Coloquio de IDEA fue este año un encuentro de fuertes absurdos que dejó mucho más a la vista una de las innumerables grietas que se han abierto en el país. Diálogo de sordos, autismo, monólogo, laberinto, se escuchó de todo en Mar del Plata.

Intensa como pocas, esta versión número 50 del tradicional encuentro empresarial terminó siendo en verdad un tironeado partido en el que los hombres de negocios se cruzaron mano a mano durante tres días con el gobierno nacional sobre el césped de una misma cancha, aunque con una diferencia no menor: mientras los empresarios jugaban al fútbol, el kirchnerismo practicaba rugby.

Evidentemente, el antagonismo entre ambos supuestos equipos quedó de inmediato a la vista, algo que, según el gobierno, que siempre juega a la defensiva y habla para su propio público por la poca capacidad que tiene a estas alturas de convertir almas, es parte del modus operandi de «las grandes corporaciones concentradas de la economía, sus comunicadores y aquellos políticos que las sirven», para condicionarlo.

El símil de jugar en la misma cancha con dos reglas diferentes se entronca perfectamente con las temáticas que se echaron a rodar en esos tres acalorados días marplatenses.

Mientras puertas adentro en IDEA se discutía sobre «cambio», «desarrollo», «diálogo», «acuerdos» y «valores», la concepción más cerrada del kirchnerismo entendía «desplazamiento», «retroceso», «imposición» y «golpismo». Los «y» frente a los «o», todo un embrollo.

En cuanto a las cuestiones de fondo, mientras en el Coloquio se hacían propuestas y se sumaban esperanzadoras discusiones sobre temas estructurales a estas alturas ya demasiado degradados (educación, narcotráfico, instituciones, etc.), aunque también se oyeron duras críticas a la gestión en todos esos frentes y muchos más, los funcionarios gubernamentales sólo se hicieron eco de la hojarasca y se prendieron enseguida en lo que más les gusta, cortoplacismo y desacreditar al enemigo.

Nunca se sabrá si desde el gobierno no quieren debatir este tipo de cuestiones más que relevantes u otras más de coyuntura como la inflación, la inseguridad, el cepo cambiario o la pobreza porque hoy lo ideológico-paranoico de su concepción le gana a lo técnico o porque su plan fue llegar a estas instancias o, simplemente, porque no saben cómo resolver los problemas, muchos de ellos autogenerados.

En el último tramo del encuentro hubo dos jugosas mesas de economistas-asesores de presidenciables y otra de candidatos a Presidente y, con gran coherencia, en ninguna de ellas se hicieron presentes kirchneristas, quienes según IDEA fueron invitados y se negaron a concurrir. A la segunda, tampoco asistió Mauricio Macri, quien pretendía cerrar el encuentro, tal como lo abrió Daniel Scioli.

Todos dejaron muchas definiciones y propuestas y lo que se observó entre ellos fue un espíritu colaborativo totalmente diferente al modelo actual, marcando hacia el futuro mucha más cercanía en la elaboración de estrategias conjuntas, algo de lo que hoy por hoy se consigue en dosis homeopáticas en la actual administración, omnímoda por naturaleza.

Por lo plurales y a la vez cercanas a su propio pensamiento, estas definiciones cautivaron al auditorio, deseoso de salir de la lógica actual de la cerrazón y la hegemonía. Bein y González Fraga parecieron quedar bien parados en el rubro economistas y desde los candidatos, la oratoria y la enjundia de Sanz y Massa, en ese orden, le sacaron claras ventajas a personalidades más cautas, como las de Cobos o Binner, también en ese orden.

La encuesta de expectativas marcó un contrasentido muy notorio y preocupante a la hora de juzgar la corrupción. «Si un acto de corrupción está destinado a obtener una aprobación (por ejemplo, una habilitación municipal) maliciosamente retenida ¿es censurable la actitud del empresario (que paga una coima)?», decía la pregunta.

El resultado electrónico dio que para 53% esa práctica es condenable «siempre», pero el otro 47% se dividió en «sólo en casos extremos» (28%) y «nunca» (19%). En buen romance, casi la mitad de los presentes no condenó ese tipo de corrupción. Pero, lo más contradictorio fue que, ante una pregunta sobre la importancia de «compartir valores», 100% había respaldado esta vía.

El discurso que dio el presidente de IDEA, Miguel Blanco al comienzo del encuentro empresario dio la orden de salida. En esa alocución, el anfitrión no se anduvo con chiquitas y planteó que hoy se está «ante un intento de reforma del modelo de país que estableció la Constitución de 1853», a través de «una mayoría circunstancial en ambas cámaras» y «sin debate e ignorando el derecho de las minorías a dar su opinión».

Inmediatamente, Jorge Capitanich respondió que «los que dicen que este modelo está agotado se equivocan y mucho» y los acusó de pretender «socavar permanentemente al gobierno que defiende el interés del Estado y del pueblo». Otros referentes K salieron con los tapones de punta a romper juego.

Usando la ironía, Axel Kicillof dijo que el Coloquio (el de IDEA, no el propio) fue «caricaturesco» y que esperaba que le «envíen las conclusiones» y dio en la tecla exacta sobre lo que había ocurrido: «tenemos un diálogo permanente con los empresarios. No hace falta irse a Mar del Plata en un día de trabajo y menos todavía si no es para dialogar, aportar, construir».

Ésa es la clave: son dos diálogos diferentes. Desde la pluralidad, los empresarios buscan amplitud y el gobierno, desde el secretismo, quiere que vayan al pie. Evidentemente, uno juega al fútbol y el otro al rugby.

Hugo Grimaldi