Coronavirus: mover el cuerpo es liberar la mente



Marcelo A. Angriman*


En aislamiento, ejercitarse será un enorme aliado no solo para conservar el tono muscular, el sistema inmunológico o la salud cardiovascular, sino también para proteger la mente y gestionar emociones.


La cuarentena que a la fuerza han decretado diferentes gobiernos a lo largo y a lo ancho del mundo nos enfrenta a múltiples paradojas.

Una de las tantas es la de revalorizar el movimiento. En tiempos en que el sedentarismo en nuestro país trepó a cifras alarmantes (45,3% de las mujeres y 37,6% de los hombres, según la OMS) antes de la llegada del Covid-19, el llamado al aislamiento obligatorio ha puesto en valor como nunca la necesidad natural que tenemos de desplazarnos, caminar, correr, saltar, bailar, abrazar y disfrutar de un espacio público que de un día a otro nos ha sido privado.

Ello ha llevado a resignificar los espacios verdes, el tocar el pasto, el tomar aire puro, propios de una naturaleza que sobre fines del verano y comienzos del otoño se ofrece generosa.

Por ello no es extraño en estos días observar a personas en sus balcones aprovechando los momentos de sol, atendiendo a aquella noble planta en la que nunca antes se reparó o haciendo algún ejercicio físico en algún rincón de la vivienda.

Aún sin saberlo, la persona encuentra en la actividad física una compañera que influye positivamente en sus emociones y la ayuda a combatir las hormonas del estrés.

Pululan a su vez por la galaxia digital videos con tutoriales de gimnasia o pequeñas coreografías que se pueden realizar en espacios reducidos, cuando no de deportistas desperdigados por el mundo que encerrados en su hogar mantienen sus estímulos con una cinta, bicicleta fija o con pesas.

Los padres se han convertido en pseudo profesores, al diseñar circuitos caseros que aplaquen la desbordante energía de sus pequeños hijos.

En fin, las medidas destinadas a mitigar la propagación del coronavirus han provocado involuntariamente que muchos reparen en el íntimo vínculo entre la actividad física y la salud mental.

Es que hoy sabemos que la actividad física actúa como un fertilizante de las neuronas y que a través de su práctica segregamos al unísono y como una orquesta: dopamina, oxitocina y endorfinas.

La dopamina es una hormona que también funciona como neurotransmisor que tiene sus efectos en el cuerpo, en los músculos y en distintos órganos a través del torrente sanguíneo. Como neurotransmisor enciende y apaga circuitos enteros de procesamiento neuronal en el cerebro. De ahí que la ansiedad conecte tan bien con la química del cuerpo. El sistema del cerebro que provoca las descargas de dopamina es el circuito de la recompensa, el mismo que activamos cuando deseamos por ejemplo el helado que más nos gusta y luego cuando lo tomamos.

Tal funcionamiento es más intenso, cuando el incentivo no es un 100% seguro, de allí la explicación en parte, de lo que nos pasa con la actividad física ante el encierro.

La molécula química de la oxitocina por su parte se promueve cuando existe una relación de afecto. Es la que se estimula cuando se da o recibe un abrazo sentido. Favorece la recuperación de los tejidos y el crecimiento de cartílagos, huesos y músculos.

En tanto las endorfinas son hormonas que producen una sensación analgésica y de bienestar en el cuerpo. Se segregan cuando haces deportes o te acurrucas en una cama confortable un noche de lluvia.

Las emociones funcionan porque hay algo dentro nuestro que las activan.

Ese algo es un repertorio de estructuras cerebrales y mensajeros químicos, como los neurotransmisores que comunican distintas partes de nuestro cerebro o las hormonas, que comunican más ampliamente distintas partes de nuestro cuerpo.

Por tales razones, aún sin saberlo, es que la persona encuentra en la actividad física una compañera que influye positivamente en sus emociones y la ayuda a combatir las hormonas del estrés (propias de la situación de incertidumbre que se atraviesa) cuando estas últimas entran a cabalgar a raudales por el torrente sanguíneo.

Aun cuando las libertades de las que gozamos se encuentren restringidas, la decisión de hacer actividad física pasará siempre por la inteligencia y la voluntad de quien la practique.

Ante la inédita experiencia que implica la responsabilidad de quedarse en casa, cada uno debe saber que tiene la posibilidad de hacerse responsable de sus emociones.

Pues bien, moverse será entonces un enorme aliado no solo para conservar el tono muscular, el sistema inmunológico o la salud cardiovascular, sino también para proteger la mente y gestionar nuestras emociones.

*Abogado, profesor nacional de Educación Física, docente universitario. Mail: angrimanmarcelo@ gmail.com


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