Correa continúa la embestida contra los medios independientes

Redacción

Por Redacción

Está bien claro que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, no tolera la libertad de prensa. Ni el disenso. Los aborrece, más bien. Por esto sus constantes persecuciones a los medios y a los periodistas que no se le subordinan mansamente. Porque, es evidente, Correa pretende imponer un discurso único, el que él mismo define y proclama. Los demás deben aceptarlo. Sin chistar. Tampoco soporta las críticas, porque cree que no se equivoca y porque, además, procura impunidad para sus errores y desvíos. La actitud persecutoria asumida e impulsada por él denuncia su perfil autoritario. Ahora la ha emprendido, nuevamente, contra la revista “Vanguardia” de Quito, un medio independiente al que presiona constantemente y al que –siguiendo una estrategia común de los bolivarianos– califica mañosamente de “opositor”, lo que naturalmente no es lo mismo que independiente o imparcial ni puede confundir a nadie. La función de vigilancia de los medios tiene que ver con la transparencia, no es lo mismo que “oposición” política. Lo que Correa trata de apagar es la opinión independiente. Punto. Hace unos días, una vez más se incautaron policialmente todas las computadoras de los periodistas, diagramadores y diseñadores que trabajan en “Vanguardia”, lo que naturalmente apunta a conocer sus contenidos, sus memorias, la información que manejan y las investigaciones o notas que pudieran estar en curso para así seguir cercenando la libertad de opinión e intimidando y amenazando a los periodistas y hombres de prensa insobornables en procura de doblegarlos, si no someterlos, cuando son incorruptibles. La excusa para la nueva incautación de las computadoras esta vez fue una presunta deuda laboral, del orden de los 20.000 dólares, que estaba en discusión. Todo es bueno y útil para intentar revisar las memorias de las computadoras de la revista “Vanguardia”. Cualquier motivo, directo o indirecto. Así de sórdido. La revista anunció que, no obstante, no se amilanaría y seguiría saliendo regularmente a la calle, con equipos alquilados o prestados de ser necesario. Como fuere. Y trabajando cada uno en su casa como opción. Así son los verdaderos periodistas. Luchadores por sus ideales de independencia. Hasta el sacrifico si es necesario. Ésta ha sido, cabe aclarar, la tercera vez que los equipos y las computadoras de la revista “Vanguardia” y sus periodistas han sido secuestrados y probablemente examinados clandestinamente y sin apoyatura legal ni moral. Ocurrió primero en el 2009 (mediante una extraña sustracción por presuntos “ladrones” de esos instrumentos) y luego en el 2010, por el embargo de un tercero, sin que hasta ahora se pudieran recuperar los equipos secuestrados. De horror, como situación. Pero la realidad ecuatoriana actual es simplemente ésta. Un Correa infatigable la ha emprendido –de frente y usando a todas las instituciones del Estado como si fueran propias– contra la libertad de prensa, la madre de todas las demás libertades. Lo que no puede silenciarse, aunque más no sea por solidaridad mínima con los colegas ecuatorianos que han sido objeto del odio irrefrenable a la libertad y los resentimientos que anidan en el corazón de un Rafael Correa desenmascarado ahora por él mismo. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


Está bien claro que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, no tolera la libertad de prensa. Ni el disenso. Los aborrece, más bien. Por esto sus constantes persecuciones a los medios y a los periodistas que no se le subordinan mansamente. Porque, es evidente, Correa pretende imponer un discurso único, el que él mismo define y proclama. Los demás deben aceptarlo. Sin chistar. Tampoco soporta las críticas, porque cree que no se equivoca y porque, además, procura impunidad para sus errores y desvíos. La actitud persecutoria asumida e impulsada por él denuncia su perfil autoritario. Ahora la ha emprendido, nuevamente, contra la revista “Vanguardia” de Quito, un medio independiente al que presiona constantemente y al que –siguiendo una estrategia común de los bolivarianos– califica mañosamente de “opositor”, lo que naturalmente no es lo mismo que independiente o imparcial ni puede confundir a nadie. La función de vigilancia de los medios tiene que ver con la transparencia, no es lo mismo que “oposición” política. Lo que Correa trata de apagar es la opinión independiente. Punto. Hace unos días, una vez más se incautaron policialmente todas las computadoras de los periodistas, diagramadores y diseñadores que trabajan en “Vanguardia”, lo que naturalmente apunta a conocer sus contenidos, sus memorias, la información que manejan y las investigaciones o notas que pudieran estar en curso para así seguir cercenando la libertad de opinión e intimidando y amenazando a los periodistas y hombres de prensa insobornables en procura de doblegarlos, si no someterlos, cuando son incorruptibles. La excusa para la nueva incautación de las computadoras esta vez fue una presunta deuda laboral, del orden de los 20.000 dólares, que estaba en discusión. Todo es bueno y útil para intentar revisar las memorias de las computadoras de la revista “Vanguardia”. Cualquier motivo, directo o indirecto. Así de sórdido. La revista anunció que, no obstante, no se amilanaría y seguiría saliendo regularmente a la calle, con equipos alquilados o prestados de ser necesario. Como fuere. Y trabajando cada uno en su casa como opción. Así son los verdaderos periodistas. Luchadores por sus ideales de independencia. Hasta el sacrifico si es necesario. Ésta ha sido, cabe aclarar, la tercera vez que los equipos y las computadoras de la revista “Vanguardia” y sus periodistas han sido secuestrados y probablemente examinados clandestinamente y sin apoyatura legal ni moral. Ocurrió primero en el 2009 (mediante una extraña sustracción por presuntos “ladrones” de esos instrumentos) y luego en el 2010, por el embargo de un tercero, sin que hasta ahora se pudieran recuperar los equipos secuestrados. De horror, como situación. Pero la realidad ecuatoriana actual es simplemente ésta. Un Correa infatigable la ha emprendido –de frente y usando a todas las instituciones del Estado como si fueran propias– contra la libertad de prensa, la madre de todas las demás libertades. Lo que no puede silenciarse, aunque más no sea por solidaridad mínima con los colegas ecuatorianos que han sido objeto del odio irrefrenable a la libertad y los resentimientos que anidan en el corazón de un Rafael Correa desenmascarado ahora por él mismo. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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