Cosquín arrancó a puro folclore santiagueño

Hoy es el turno de León Gieco, Baglietto y Vitale.





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Luciano Pereyra retornó anteanoche al Festival de Folclore de Cosquín, tras los problemas de salud que lo alejaron el año pasado, y lo hizo para presentar su nuevo álbum, “Con alma de pueblo”, ante una plaza repleta. El nuevo material del representante de Luján, nominado al premio Grammy, incluye obras nuevas y composiciones conocidas como la “Zamba para olvidarte”, de Daniel Toro y Julio Fontana; y “Memorias de una vieja canción”, de Horacio Guarany. Esa línea, más los clásicos de Pereyra, entonados con el particular registro melódico, marcaron el celebrado paso del cantante de Luján por el escenario de Cosquín. “Volver a este escenario me embargó de emoción. Por momentos no la pude contener”, confesó el cantante luego de su actuación. “Recorrí el país visitando pueblos y yo soy de una ciudad en la que se vive aún como en un pueblo. Eso quise reflejar en mi disco”, resumió.

“Ya me siento parte de este festival”, aseguró un aplaudido Raly Barrionuevo.

El pulso del folclore santiagueño dominó la jornada inaugural de la 53ª edición del Festival Nacional de Cosquín y, en esa atmósfera singular, Raly Barrinuevo y Peteco Carabajal asumieron anteanoche, con diferente expresión e intención, una misma tradición sonora. Más allá de matices, Barrionuevo y Carabajal encarnan formas de renovación a partir de la tradición y, precisamente, afirmándose en ella, superaron los límites del esquema más ortodoxo de guitarra, bombo y violín. Barrionuevo, de formas prolijas; y Peteco, descarnado y crudo; recorrieron a su modo en Cosquín parte del repertorio, propio y ajeno, que forjaron a partir del universo de la chacarera, con su pulso birrítmico (aunque Adolfo Ábalos rechaza esa tesis) y danzable. Una vez más, Barrionuevo demostró en Cosquín una virtud que domina acaso como ningún otro artista de la escena actual: la facilidad para saltar de lo acústico a lo electrónico, de la ortodoxia al “crossover”. Y sin que ese paso suponga una impostura. “No me gustan las estrategias. No tengo ninguna”, afirmó, una vez cumplida su faena de la noche. Barrionuevo irrumpió en la escena de Cosquín con “Ey paisano”, el tema cargado de versos comprometidos que desató una polémica por su televisación en la edición pasada del festival. Luego apostó por obras de su propia usina y que integran su último álbum, “Rodar”, como “Mujer caminante” o “Niña Luna”. En el desenlace de su actuación se recostó en clásicos como la “Chacarera del sufrido” y la “Chacarera del exilio” para concluir, con gesto roquero, con “Hasta siempre”, la emblemática canción de Carlos Puebla a la memoria de Ernesto Che Guevara. “A veces uno se preocupa por si el público de Cosquín viene o no a escuchar, o si está pensando en el artista que sigue. A esta altura ya me siento más tranquilo; ya me siento una parte de este festival”, aseguró Barrionuevo. A las 3.30 de la madrugada subió al escenario Peteco Carabajal para proyectar a nivel nacional los climas del espectáculo “Solo y acompañado” Peteco bregó por el mismo sentimiento que busca la riqueza que surge de compartir el acto musical. Detrás de esa búsqueda fue convocando al escenario a músicos como Suna Rocha, Laura Ros, Néstor Garnica y Mavi Díaz, entre más. Sin embargo, la performance del santiagueño comenzó en solitario y con un esquema tímbrico sostenido exclusivamente por una fila de violines. Una versión instrumental de “Puente carretero” inauguró la sesión, que luego prosiguió con el proverbial “Las manos de mi madre”. En el extenso recorrido sobresalió la versión, acompañado por la voz de Suna Rocha y la armónica de Franco Luciani, de “Chacarera de las piedras”, de Atahualpa Yupanqui, cuya obra, sencilla e inmensa, siempre aparece en el escenario cordobés. (Télam).-

Mariano Suárez


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