Costumbres argentinas
“Encantado de conocerte”, de Lorena Tcach, en el que analiza la enseñanza del idioma en la crisis del 2001
Juan Rapacioli En “Encantado de conocerte”, la escritora Lorena Tcach configura una suerte de pieza tragicómica sobre la vida en los institutos de español improvisados en la Argentina del 2001 para presentar una novela sobre el absurdo que sostiene “la normalidad” de las instituciones. Tcach (Buenos Aires, 1977) es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Como autora publicó “La ilación”, que resultó finalista del Premio Clarín de novela en 2006, y el libro de cuentos “La que toma té” (1998). Actualmente, Tcach dicta talleres literarios y trabaja como docente, periodista y traductora. El tema central de la novela, publicada por la editorial Tersites, “es la identidad, visto a través de muchas personas que estábamos todo el tiempo definiendo lo argentino desde lugares muy cliché, a partir de una propuesta empresarial que situó a la enseñanza del español como negocio. Es también una indagación de la situación política posterior al 2001”, explica la autora. Y amplia: “como no creo en la representación de lo real, sino en la presentación de lo real, necesité ficcionalizar. El marco de realidad es un clima de época que tiene origen en la crisis de la Argentina, pero todo lo demás es ficción. Se trataba de una realidad tan loca de por sí, que parecía una ficción que estaba viviendo”. “Otra indagación importante –sostiene Tcacht–, es la pregunta sobre el otro, ¿quién es el otro?, nunca mejor desarrollada esa pregunta que cuando te relacionás con un extranjero; así se da, por ejemplo, el caso de unos marines estadounidenses que vienen a aprender las costumbres argentinas”. –Por su exploración del absurdo en las instituciones, la novela tiene una aire kafkiano… – Sí, incluso hay una alusión directa a “El castillo”, de alguna manera hice una intertextualidad con esa lectura, así como con muchas de la carrera de letras; además, estaban en juego esas lecturas como meta–literatura para generar un diálogo. Me motivaba la operación, un poco cizañosa, de meterme en los sistemas y poner un pequeño palo en la rueda para ver cómo funciona esta mecánica en la que estamos metidos y donde parece no haber tiempo para reflexionar sobre por qué se hace lo que se hace. –También hay un cuestionamiento sobre lo que entendemos por normalidad… –Lo que pasa es que las leyes de la normalidad tienden a ser absurdas, son leyes que en general limitan muchas otras posibilidades de ser. Esa fue otra temática: el orden extremo en los sistemas, y también la deshumanización que se crea a partir de esa racionalidad extrema. – Aunque se aborden temas dramáticos, la narración avanza en clave de comedia… –Quizás la novela puede entenderse como un sainete, porque es un lugar de cuestionamiento; es más, pienso que cualquier obra pretendidamente argentina, en algún punto, es un sainete, porque somos tragicómicos; frente a temas apocalípticos salimos con la veta del humor. (Télam).-