“¿Crecimiento con inclusión o inclusión con déficit?”

Redacción

Por Redacción

Hace años que escucho a algunos gobernantes actuales hablar de crecimiento con inclusión y eso me lleva inmediatamente a escudriñar mi país a lo ancho y a lo largo para detectar dónde se produjo el tan mentado crecimiento y la aún más deseada inclusión, que debería ser el objetivo máximo de cualquier sociedad evolucionada: todos con oportunidades, todos creciendo y disfrutando la plenitud de sentir que lo estamos haciendo. Por supuesto que la realidad objetiva de lo que le sucede a Argentina desde el retorno de la democracia en 1983, fecha histórica donde los argentinos dejaríamos atrás décadas de decadencia atribuibles sólo a los gobiernos de facto, me devuelve otra sensación: nada está mejor, el nivel educativo de nuestros alumnos y su porcentaje de asistencia a educaciones medias y superiores han disminuido; la pobreza real (no la medida por el Indec) nos lastima y avergüenza al punto de ocultarla; la inseguridad, esos hechos diarios cada vez más aberrantes ayudados en su crecimiento por teorías como la del Dr. Zaffaroni (como todo teórico, a esta altura Zaffaroni debería leer los resultados y tal vez corregir la teoría antes de que sea demasiado tarde), la corrupción pública y descarada de tantos funcionarios con crecimiento patrimonial inexplicable y buscando afanosamente colocar abogados amigos de jueces para zafar una vez más… Como casi siempre en Argentina, actualmente tenemos muchos más déficits en nuestra patria democrática pero tomaría mucha letra enumerarlos. Por todo esto me pregunto si el modelo actual se debería llamar de crecimiento con inclusión o en realidad es de inclusión con déficit. Deberíamos los argentinos gobernados cuidarnos de nuestros gobernantes amantes del déficit estructural. Ser deficitarios está en la causa raíz de nuestra decadencia. Hoy más que nunca tenemos déficits de energía, en educación, en productividad por trabajador, en credibilidad hacia el resto del mundo del cual somos parte y constituye nuestra única chance de crecer y el déficit más importante: ya nos estamos acostumbrando a que esta realidad nunca cambiará, que Argentina es así y eso es irreversible. ¿La inclusión? Creo que sólo sucederá cuando estas tierras estén pobladas en su mayoría por ciudadanos fortalecidos, capaces de forjarse su destino sin esperar dádivas de cualquier gobierno. Cada día (y más en tiempos electorales) veo más gente dependiendo del gobierno que cambia limosna por votos; eso debe terminar. ¿El déficit? Debemos tener cuidado, en la naturaleza el déficit se paga con la muerte, no existe supervivencia con déficit prolongado. Ésta es una ley natural que nuestros gobernantes populistas insisten en violar y provoca contagio a otros. Miremos la patética Grecia, queriendo vivir por encima del bienestar que son capaces de generar; o Venezuela, donde el encantamiento del charlatán (el 1º) está llegando a su fin y la realidad se muestra con dureza. Para nuestros artistas de la política, “el arte de lo posible” –según alguno lo definió– sólo se trata de hacer creer a la mayoría que hemos logrado cosas asombrosas, aunque la realidad de cada día nos grite algo distinto. Claudio Ciucci, DNI 12.503.277 – Cipolletti

Claudio Ciucci, DNI 12.503.277 – Cipolletti


Hace años que escucho a algunos gobernantes actuales hablar de crecimiento con inclusión y eso me lleva inmediatamente a escudriñar mi país a lo ancho y a lo largo para detectar dónde se produjo el tan mentado crecimiento y la aún más deseada inclusión, que debería ser el objetivo máximo de cualquier sociedad evolucionada: todos con oportunidades, todos creciendo y disfrutando la plenitud de sentir que lo estamos haciendo. Por supuesto que la realidad objetiva de lo que le sucede a Argentina desde el retorno de la democracia en 1983, fecha histórica donde los argentinos dejaríamos atrás décadas de decadencia atribuibles sólo a los gobiernos de facto, me devuelve otra sensación: nada está mejor, el nivel educativo de nuestros alumnos y su porcentaje de asistencia a educaciones medias y superiores han disminuido; la pobreza real (no la medida por el Indec) nos lastima y avergüenza al punto de ocultarla; la inseguridad, esos hechos diarios cada vez más aberrantes ayudados en su crecimiento por teorías como la del Dr. Zaffaroni (como todo teórico, a esta altura Zaffaroni debería leer los resultados y tal vez corregir la teoría antes de que sea demasiado tarde), la corrupción pública y descarada de tantos funcionarios con crecimiento patrimonial inexplicable y buscando afanosamente colocar abogados amigos de jueces para zafar una vez más... Como casi siempre en Argentina, actualmente tenemos muchos más déficits en nuestra patria democrática pero tomaría mucha letra enumerarlos. Por todo esto me pregunto si el modelo actual se debería llamar de crecimiento con inclusión o en realidad es de inclusión con déficit. Deberíamos los argentinos gobernados cuidarnos de nuestros gobernantes amantes del déficit estructural. Ser deficitarios está en la causa raíz de nuestra decadencia. Hoy más que nunca tenemos déficits de energía, en educación, en productividad por trabajador, en credibilidad hacia el resto del mundo del cual somos parte y constituye nuestra única chance de crecer y el déficit más importante: ya nos estamos acostumbrando a que esta realidad nunca cambiará, que Argentina es así y eso es irreversible. ¿La inclusión? Creo que sólo sucederá cuando estas tierras estén pobladas en su mayoría por ciudadanos fortalecidos, capaces de forjarse su destino sin esperar dádivas de cualquier gobierno. Cada día (y más en tiempos electorales) veo más gente dependiendo del gobierno que cambia limosna por votos; eso debe terminar. ¿El déficit? Debemos tener cuidado, en la naturaleza el déficit se paga con la muerte, no existe supervivencia con déficit prolongado. Ésta es una ley natural que nuestros gobernantes populistas insisten en violar y provoca contagio a otros. Miremos la patética Grecia, queriendo vivir por encima del bienestar que son capaces de generar; o Venezuela, donde el encantamiento del charlatán (el 1º) está llegando a su fin y la realidad se muestra con dureza. Para nuestros artistas de la política, “el arte de lo posible” –según alguno lo definió– sólo se trata de hacer creer a la mayoría que hemos logrado cosas asombrosas, aunque la realidad de cada día nos grite algo distinto. Claudio Ciucci, DNI 12.503.277 - Cipolletti

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