«Cristina es frívola al hablar del traslado de la capital»

Convencido de que el país se debe un debate sobre si es no necesario trasladar la Capital Federal, Carlos Reboratti sostiene que el poder político y económico no hace del conocimiento sobre el tema un instrumento importante.

Por Redacción

Entrevista a Carlos Reboratti, geógrafo

– Se vuelve a hablar de la necesidad del traslado de la Capital Federal. Días atrás. El New York Times reflexionó sobre el tema…

– Leí el artículo. Y tengo la convicción que se enrola en una línea de pensamiento que no comparto: explicar el cambio del lugar de la capital para restarle el ser blanco de presiones políticas. Para el caso, llevarla a Santiago del Estero. Este fue uno de los argumentos para el proyecto de llevarla a Viedma. En aquel momento escribí un libro sobre el tema.

– ¿Cree que hay que volver a instalar el tema del traslado?

– ¡Por supuesto! Hay que debatir la justificación o no de trasladarla. Pero estamos lejos de debatir bien el tema. ¿Pero dónde hacer germinar ese debate? Argentina es -especialmente en el plano del poder político, económico- materia de reflexión sobre temas estructurales del país. Existe -en ambos planos- un divorcio muy elocuente con el pensamiento riguroso, crítico, de certidumbres y dudas, etcétera. Ni políticos ni empresarios se acercan al mundo académico, universitario, científico a preguntar lo que ahí se hace, cómo pueden ayudar a tal o cual línea de gestión empresaria, productiva. La misma conducta se asume en la política. Ahí opinan «los asesores», donde hay de todo. Los medios se hacen eco del mundo académico, pero la repercusión, el ida y vuelta de esas reflexiones, no genera el más mínimo interés en la política y los empresarios. Yo publico en medios nacionales sobre mis temas, el caso traslado de la capital, por ejemplo. ¿Usted cree que se generó alguna respuesta a las críticas que formulo?

– Se extrae de sus escritos que cuestiona la ligereza con que se habla del traslado de la Capital Federal ¿El tratamiento del tema tiene evolución cero a hoy en relación a 1986, cuando Alfonsín instaló el tema?

– Sí. O en todo caso la evolución está arrinconada en el mundo del urbanismo, la ciencia geográfica. No mucho más. Y lo que usted señala como ligereza, yo lo traduzco en mecanicismo en el estilo imperante cuando se habla del traslado.

– ¿Cómo lee el hecho de que el presidente de la Cámara de Diputados -Julián Domínguez- y la misma Cristina, hayan hablado del traslado de la capital?

– No hablaron desde la seriedad que es consustancial a un pensamiento sobre el tema de esta naturaleza. Domínguez, quien arrancó con el tema, habló desde fantasías alentadas por la necesidad de ganarse apoyo en Santiago del Estero. Lo mismo hizo Cristina. También tiene fantasías. La presidenta lo hizo en términos de lo «lindo» que sería cambiar el lugar de la capital. Mucha frivolidad para una cuestión de esta naturaleza como es el traslado. Como ha hecho este gobierno con el mentado tren bala u otros proyectos. No se pueden esperar mejores resultados de un gobierno que en una década no fue capaz de forjar política de medio ambiente, por dar un caso que hace a mi profesión. No puede tener riqueza de pensamiento cuando no tiene sistema crítico, autocrítico y está conformado por gente que obedece y obedece.

– Habló de mecanicismo como el dato negativo que impregna reflexionar el traslado. ¿Cuál es, en ese trámite, una manifestación clara de mecanicismo?

– El creer que -por caso- llevando la capital a Santiago del Estero le resta presión al poder político. Siguiendo este razonamiento, se puede conjeturar que la Plaza de Mayo, en tanto espacio de reclamo y protesta, devendría en algo neutro para el sistema de decisión política. Reflexión mecánica. No hay matices. Si esto fuera así, las masivas marchas surgidas en el ABC paulista de la década del «70 y parte de los ´80, hubiesen sido neutras para Brasilia. Pero no lo fueron, claro.

– ¿El argumento de traslado en función de desconcentrar población, sigue teniendo vigencia?

– En la ausencia de argumentaciones sólidas con que se instala el tema, sí. Y también es una mirada mecanicista. No existe ninguna razón fundada seriamente de que el traslado incida en línea a desconcentrar. La ocupación del espacio, territorio, de nuestro país responde a variables que pivotean en el desarrollo económico. No surgió por generación espontánea. Podemos reflexionarla como no adecuada, sí. Pero la eventual desconcentración no llega vía el traslado de una capital. Sólo una mutación en el campo de las fuerzas productivas, sociales, políticas, de proyecciones que incluso hoy no podemos deducir responsablemente, condicionaría la concentración demográfica que signa al país.

– Juscelino Kubitschek, numen desde lo político en la creación de Brasilia, recuerda en sus escritos que no se había agotado la fundamentación del por qué colocar ahí a la nueva capital, cuando ésta ya se «estaba poblando» sin existir. ¿Qué le dice esto en relación a nuestro eventual traslado?

– Se trata de establecer presupuestos de ideas. Aquí reinstala el tema sin debatir lo que yo llamo «las cosas primeras». Es decir, se parte de un presupuesto no intensamente elaborado: la estructura demográfica argentina es un problema. Hay que partir preguntándose racionalmente cómo incidir con eficiencia en el tema y sabiendo que no se lo cura vía un único acto: ¡trasladar la capital, y listo!

– En términos de Raymond Williams estaríamos ante un tema que «obliga a interrogar a las generaciones que nos llegarán en décadas»…

– Y… implica interrogarnos en todas las direcciones y los tiempos por llegar, claro, Si no se instala el debate en términos de muchos por qué, cómo, dónde -y esto no implica burocratizar el tratamiento de la cuestión-, bueno podemos terminar en que un rionegrino, neuquino o de aquí y allá, si la capital es llevada por ejemplo a Santiago del Estero, termine diciendo: «Se la llevaron más lejos de lo que estaba».

– ¿Hay algún argumento para fundamentar el traslado por encima de lo que habitualmente se maneja para justificarlo?

– Respondo ampliando la mirada sobre el tema: lo que hay que debatir es qué se hace con el interior del país, una cuestión que implica poner bajo debate el pseudo sistema federal con que nos relacionamos en materia de recursos. Y esto no se debate, lo sabemos….

– Está relegado al bochinche del día a día de la política…

– Pero la seriedad en el tratamiento no está en ese trámite. Está en el trabajo sesudo de ciertos planos académicos, centros de investigación, etcétera. Un caso: Domínguez y la presidenta hablaron con ligereza de llevar la capital a Santiago del Estero. Hablaron desde la geometría del territorio. Colocarla en el medio del territorio, que por lo demás no es Santiago…

– ¿No está en Río Cuarto?… «El Imperio del sur», la definen los cordobeses de la capital provincial.

– Sí, sí, está en el sur de Córdoba, pero hablaron desde ahí. Esta idea del medio se nutre de un convencimiento: el medio del territorio garantiza equilibrio, distancia de unos y otros. Eso supone que es un lugar apropiado para no ejercer el poder bajo tironeo. Este convencimiento supone que el país es un espacio homogéneo desde el punto de vista social, económico; que desde el mentado «medio» puede gobernarse en todas las direcciones con instrumentos, decisiones, definiciones, etcétera, iguales para todos por el simple hecho de estar en el medio.

– En un eventual debate sobre el traslado, ¿tendría vigencia la idea de centro geográfico?

– No. No me parece a cuento de que este es un país muy diverso natural y económicamente hablando. No busco establecer comparaciones, pero reflexionemos el caso de Washington. Nació en medio de pantanos y en un momento de formación de Estados Unidos. Un momento, porque la historia como país siguió y siguió. Se avanzó hacia el oeste, se compraron territorios que hoy son Estados, se arrebataron otros, etcétera. Washington siguió estando en un lugar ajeno al centro geográfico, pero a nadie se le ocurre pensar que debe estarlo para ejercer mejor y más equilibrado gobierno. La gestión de gobernar bien no pasa por estar en el medio de la bocacalle… En una de esas, estar ahí es más peligroso…

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com