“Crónica de un desplome”
Si bien a esta altura ya se siente como siglos, todavía no se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín, que significó el prólogo para el final de la URSS así como el triunfo del capitalismo sobre el comunismo y, en un intento de mayor exageración, el “final de la Historia”, según Francis Fukuyama, si bien a los minutos, la misma historia se encargó de demostrarle que su vigencia está más garantizada que en ese entonces y se reconvierte en nuevas formas de enfrentamiento, que son de una complejidad nunca vistas, porque antes se sintetizaban en esos dos polos de poder con el que el mundo había adoptado como parámetros de comprensión. Pero la URSS no tuvo siquiera un final ordenado. Muchos países adquirieron su libertad y con ella sobrevinieron los problemas de carácter étnico y se desataron guerras, que aún cuestan comprender si no se adentran en la complejidad de las diferencias regionales. Podríamos, respetuosamente, trazar un paralelismo con la suerte del radicalismo rionegrino. Aquello cuya fortaleza radicaba en una unidad monolítica, más allá de las diferencias, permitió sostener las riendas del Estado provincial. Contó con una no menor colaboración del justicialismo provincial, que se movía sobre una máxima acondicionada a la rionegrina: para un peronista, no hay nada peor que otro peronista. Pero un día, los procesos terminan. El radicalismo ya en el gobierno, y por la incapacidad conductiva de quien ostentaba el cargo de mayor relevancia del poder político provincial, comenzó a desgranarse. Se iniciaron, como en la Yugoslavia pos-Tito, todas aquellas diferencias que antes y con un liderazgo fuerte permanecían vivas pero no activas. Finalmente, y como una suerte de “Crónica de una muerte anunciada”, se desató una serie de enfrentamientos que, por la dureza y los motivos que los motorizaron, sería casi un simplismo ubicarlos en la categoría de “diferencias internas”. Así como en el actual orden mundial se hace necesario encontrar un polo opositor al capitalismo, como para evitar esa “voracidad” con la que los adherentes a Adam Smith han sumido al mundo, en estos 30 años, a niveles de tensión superiores a los que pudieron producirse en la era de la “Guerra Fría”, el sistema político provincial necesita de un partido como la Unión Cívica Radical aggiornado y con vocación de poder, aun a costa de dejar de lado a aquellos que se han creído imprescindibles en este proceso de 30 años. Pero no siempre lo necesario sucede “per se”. El partido se encuentra sumido en luchas intestinas que, más allá del resultado y quienes puedan salir airosos en ese proceso, ya no hay punto de retorno y mucho menos de una unidad mínima. Obviamente que en ello hay una enorme responsabilidad de la dirigencia provincial, de su escasa capacidad autocrítica y de su afán de sostenerse aun con las ruinas partidarias como muletas. Por ello es imprescindible que el radicalismo sea “intervenido” por los ciudadanos. Por aquellos que saben de la enorme necesidad de constituir un contrapoder. Si eso no ocurre, es más probable que la antigua URSS vuelva a reconstituirse antes de que el radicalismo sea una opción seria y responsable para el electorado rionegrino. Adriana Rosana Santarelli DNI 25.679.146 Cipolletti
Adriana Rosana Santarelli DNI 25.679.146 Cipolletti
Si bien a esta altura ya se siente como siglos, todavía no se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín, que significó el prólogo para el final de la URSS así como el triunfo del capitalismo sobre el comunismo y, en un intento de mayor exageración, el “final de la Historia”, según Francis Fukuyama, si bien a los minutos, la misma historia se encargó de demostrarle que su vigencia está más garantizada que en ese entonces y se reconvierte en nuevas formas de enfrentamiento, que son de una complejidad nunca vistas, porque antes se sintetizaban en esos dos polos de poder con el que el mundo había adoptado como parámetros de comprensión. Pero la URSS no tuvo siquiera un final ordenado. Muchos países adquirieron su libertad y con ella sobrevinieron los problemas de carácter étnico y se desataron guerras, que aún cuestan comprender si no se adentran en la complejidad de las diferencias regionales. Podríamos, respetuosamente, trazar un paralelismo con la suerte del radicalismo rionegrino. Aquello cuya fortaleza radicaba en una unidad monolítica, más allá de las diferencias, permitió sostener las riendas del Estado provincial. Contó con una no menor colaboración del justicialismo provincial, que se movía sobre una máxima acondicionada a la rionegrina: para un peronista, no hay nada peor que otro peronista. Pero un día, los procesos terminan. El radicalismo ya en el gobierno, y por la incapacidad conductiva de quien ostentaba el cargo de mayor relevancia del poder político provincial, comenzó a desgranarse. Se iniciaron, como en la Yugoslavia pos-Tito, todas aquellas diferencias que antes y con un liderazgo fuerte permanecían vivas pero no activas. Finalmente, y como una suerte de “Crónica de una muerte anunciada”, se desató una serie de enfrentamientos que, por la dureza y los motivos que los motorizaron, sería casi un simplismo ubicarlos en la categoría de “diferencias internas”. Así como en el actual orden mundial se hace necesario encontrar un polo opositor al capitalismo, como para evitar esa “voracidad” con la que los adherentes a Adam Smith han sumido al mundo, en estos 30 años, a niveles de tensión superiores a los que pudieron producirse en la era de la “Guerra Fría”, el sistema político provincial necesita de un partido como la Unión Cívica Radical aggiornado y con vocación de poder, aun a costa de dejar de lado a aquellos que se han creído imprescindibles en este proceso de 30 años. Pero no siempre lo necesario sucede “per se”. El partido se encuentra sumido en luchas intestinas que, más allá del resultado y quienes puedan salir airosos en ese proceso, ya no hay punto de retorno y mucho menos de una unidad mínima. Obviamente que en ello hay una enorme responsabilidad de la dirigencia provincial, de su escasa capacidad autocrítica y de su afán de sostenerse aun con las ruinas partidarias como muletas. Por ello es imprescindible que el radicalismo sea “intervenido” por los ciudadanos. Por aquellos que saben de la enorme necesidad de constituir un contrapoder. Si eso no ocurre, es más probable que la antigua URSS vuelva a reconstituirse antes de que el radicalismo sea una opción seria y responsable para el electorado rionegrino. Adriana Rosana Santarelli DNI 25.679.146 Cipolletti
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