“Crónicas de un robo en el barrio Belgrano de Villa Regina”
El 22 de abril entraron a mi casa por una ventana lateral entre las 18 y las 19 y se llevaron un plasma, un DVD, una notebook, ropa, un home theater, dinero y otras cosas pequeñas de valor. La forma de operar fue muy particular: ingresaron, vaciaron la mochila de mi hijo y en ella metieron la ropa y las cosas chicas. También se llevaron un bolso grande donde –creemos– metieron el plasma envuelto en un acolchado. Salieron por adelante de la casa. Nadie vio nada… o el miedo les impide hablar. No rompieron ni estropearon nada, sólo la ventana por donde ingresaron. Todo lo hicieron con sumo cuidado, como si conocieran cada lugar de la casa; aunque no tuvieron mucho tiempo para operar, lo hicieron con la mayor confianza. Fue una terrible noticia. Aunque tenía aseguradas mis cosas en la compañía RSA, por medio del Banco Patagonia, ésta no respondió al siniestro por no contar con las medidas de seguridad exigidas (yo no poseía alarma). Se me fueron ocurriendo miles de consuelos de esos que vienen para ayudar a una pronta resignación: “qué suerte que no había nadie”, “qué bueno que es sólo lo material”, “mirá si hubieran estado los chicos en casa…”. Pero la resignación aún me deja el sabor amargo de perder los bienes que con mucho trabajo había podido comprar. La policía no me pudo ofrecer demasiadas respuestas. Fueron, tomaron las huellas, realizaron prolijamente el procedimiento aplicable en estos casos y yo hice la denuncia con “autores ignorados”, todo como indica la “normalidad”. Y así empezamos a jugar a la pelota: “¡qué inseguridad!”, “hay que hacer algo”, “¡la policía tiene la culpa!”, “los legisladores no hacen nada y ellos son los responsables”, “el intendente tiene que intervenir”, “el juez no hace su trabajo”, “los juzgados no tienen gente”, “las causas se acumulan”, “entran por una puerta y salen por otra”, “en Buenos Aires es peor”, “el problema lo tiene la policía, que no tiene gente”, “el problema es de las instituciones intermedias, que no contienen”, “el problema es del Estado, que les da todo servido”… la culpa para afuera. El 2 de junio entre las 14 y las 17 entraron a robar en la casa de mi mamá, que también vive en barrio Belgrano –a cuatro cuadras de casa–. A ella le forzaron la puerta para entrar. Se llevaron casi lo mismo: plasma, dinero, electrodomésticos… Metieron todo en un bolso y envolvieron el plasma en un acolchado (también le falta uno). Nadie vio nada raro. Hizo lo mismo que yo: denuncia, toma de huellas digitales, un frustrado allanamiento, etcétera. Mi mamá, jubilada, trabajadora como pocas, comprometida con la sociedad… así y todo, la misma pelota: nadie puede hacer nada. El 8 de este mes volvieron a entrar en lo de mi mamá. Le robaron toda la ropa –sábanas, toallas, la ropa de mi primo que vive con ella– y dinero. La forma del robo fue muy similar a la anterior; esta vez vaciaron la bolsa de alimento para las perras en el piso. El mismo resultado: no se puede hacer nada. Ella sale a las radios a quejarse de la inseguridad… con humor les pide a los ladrones que si algo de la ropa que se llevaron no les gusta se la devuelvan porque la dejaron con lo puesto. El 14 del corriente, cuando salía de mi casa, vi a un pibe sospechoso que andaba en una moto tipo scooter negra sin patente, a baja velocidad, con un casco del mismo color como vincha; joven, vestido de colores oscuros. Cuando pasó frente a mi casa se bajó el casco y se tapó la cara. Pasó tres veces. Llamé a la policía y, si bien yo no la vi venir, dicen que rondó el lugar para ver si interceptaba al joven y lo interrogaba. El 16 a la mañana comenté esto en la radio y alerté a los vecinos de mi barrio para que prestaran atención a este muchacho y a un señor mayor que circula por las calles en bicicleta observando las casas. Entre las 21 y las 23 de ese mismo día entraron a mi casa nuevamente y se llevaron un microondas y un televisor de pantalla a lámpara –ambos elementos muy pesados y de gran volumen para trasladar en moto–, una mochila y una campera (por lo menos lo que hemos detectado hasta ahora). Otra vez la misma historia: denuncia, queja, impotencia… y el mismo resultado, nada. Yo sé que la provincia está sumergida en una grave crisis institucional, que los sistemas de justicia están colapsados, que la policía no posee los medios necesarios, que no hay capacitación, que los vecinos tienen miedo de hablar, que la delincuencia y la impunidad están normalizadas, pero me resisto a creer que no se puede hacer nada. Por ahora escribo desde la bronca porque es lo único que puedo hacer, escribir, aunque esté aterrada por mi seguridad y la de mis hijos. Estimados vecinos, los invito a hacer lo mismo. Hablemos, denunciemos, escribamos, porque nosotros somos más. Natalia S. Olivero DNI 25.465.910 Regina