Cuba no pierde la alegría: viaje a La Habana, a 500 años de su fundación

Nuestro amigo Ricardo dejó por unos días el norte neuquino y voló a la isla caribeña. Y acá nos comparte sus fotografías y la crónica. Consejo: no te pierdas esta nota, la primera de una serie de tres de un viaje inolvidable.



Una típica escena de La Habana, Tres empleadas salen de sus trabajos, a pura sonrisa.

Una típica escena de La Habana, Tres empleadas salen de sus trabajos, a pura sonrisa.

Texto y fotos: Ricardo Kleine Samson

“No hay una cadera que se esté quieta donde yo estoy. Mi piel es morena como los cueros de mi tambor” (La Delio Valdez). En la lengua original, Cuba quiere decir pedazo de tierra y, entonces, estamos en el pedazo de tierra que inmortalizó a Fidel y a su hermano Raúl (que aun vive) al Che, a Camilo Cienfuegos, a Martí, entre tanto más y se olvidó de la otra gente.

Pescadores en el Malecón.

Ahora mismo estamos en la vereda del emblemático malecón donde muchísimos colectivos esperan a los cientos y cientos de empleados que terminan sus trabajos en las proximidades del casco histórico habanero para llevarlos a sus hogares. En esta primera foto podemos ver que uno de los ómnibus no arranca, que no tiene nada de novedoso porque puede pasar en cualquier lugar del mundo, pero solamente en Cuba sus pasajeros se bajan a empujarlo.

¿Se queda el colectivo? Los pasajeros bajan y empujan.

De haber sucedido en la Argentina imagino tres escenarios posibles, el 1°, es un pequeño grupo de pasajeros, decidido y pragmático, que sugeriría empujarlo para llegar rápido a destino, pero sin quórum se fueron por su cuenta. Un 2° grupo, también reducido, asegura que el medico les acaba de prohibir hacer fuerza por los próximos 10 años y lo lamentan muchísimo, mientras hacen el reclamo al teléfono de emergencias que les sugieren que tengan paciencia y que en las próximas 3 horas les envían el reemplazo. El 3°, podemos dividirlo en 2 subgrupos, 1 más radicalizado propone incendiar el colectivo y asesinar al chofer por irresponsable y el otro, más negociador, sugiere secuestrar el ómnibus y a su chofer para reclamarle a la empresa los daños psicológicos que les está produciendo la espera…y, yo le aseguro que, en el próximo renglón aparece un abogado…que, casualmente, ahí lo vemos llegar junto a la prensa que, poniéndole su mejor perfil, le dice al micrófono que la empresa de transporte es una irresponsable, y que es la misma que la semana anterior, en la otra cuadra, un colectivo de la misma compañía pincho un neumático y, por suerte, no hubo que lamentar desgracias humanas…y bla, y bla, bla, bla

Mientras le doy forma a este relato en el escenario de mi cabeza y, además me divierto, los habaneros que empujaron el colectivo ya están en sus casas, precisamente sentados en el umbral de su puerta, porque la vida de La Habana pasa por la calle que, junto con la vereda, hacen una misma cosa y un solo lugar y, porque sabemos que uno se lleva mejor con los vecinos que a veces con sus propios compañeros de habitación.

Ajedrez callejero. Una escena frecuente en La Habana.

Admitamos que el 90% de La Habana en sucia y maloliente, el Estado junta los contenedores de basura cuando se acuerda argumentando que no tiene combustible por el bloqueo imperialista y la mayoría de las cloacas están rotas y desbordan por las calles.

De cara a la calle. Desde el balcón o la vereda.

Casi todas las viviendas ha llegado a un umbral de deterioro que ya no se pueden componer, pero no importa, porque otra vez son las personas, la gente, los habaneros, en este caso, los que vez tras vez hacen maravillosamente curiosa a la ciudad y la salvan dignamente.

Niños jugando en las calles de La Habana.

Porque, en la misma calle aparece el remendón, el peluquero, los chicos jugando a lo que sea mientras el taxi, respetuoso, los esquiva, los que pescan en el malecón.

El famoso Malecón.

Los artistas, el relojero, los vendedores de lo que sea, el pregonero del Granma, los ajedrecistas y los del domino, el que arregla también lo que sea.

Porque nada en Cuba se puede tirar, todo se vuelve a usar, porque a fuerza de tantas necesidades, por el bloqueo imperialista, han adquirido pericia para arreglar todo con una habilidad increíble…

Una reliquia: taxi de 1951.

Los habaneros son una comunidad, un yo conformado por miles de personas.

Niños de La Habana.

Y lo importante de La Habana no son sus monumentos, sus castillos, sus iglesias, sus cañones, su imponente capitolio que es una maravilla, pero de tan imponentes exceden nuestra capacidad de comprensión y parecen ningunearnos.

Fina estampa. Los chicos de La Habana.

¿Que hubiese opinado Freud? porque, además, todas las culturas los tienen como recuerdo de lo que alguna vez fueron, lo importante es su gente, su contagiosa alegría, su espontaneidad, su expresividad, su música y las cicatrices que aún conservan de la revolución prometida, porque al cabo son las cicatrices las que vuelven a las personas humanas.

Todo en La Habana pasa por las calles.

Y si nuestra democracia no pudo terminar aún con la miseria que en Cuba no existe ¿porque le íbamos a reclamar algo a este gobierno socialista gobernado por comunistas?

Vendedor callejero de frutas en La Habana

 Y, por último, déjeme decirle que, si ve a un habanero que habla bajito, no le de importancia, porque nadie importante que viva en La Habana habla bajito.

Lo que hay que saber

Para el consumo diario los turistas deben usas el CUC como moneda que equivale a un dólar. En cualquier lugar de Cuba le cambian 1 dólar por un CUC, pero en el banco le descuentan un 20%. En cambio, si lleva euros, en el banco le dan 1,08 CUC, pero no lo puede cambiar en la calle.

Imagen nocturna del centro.

Ir a un banco implica una hora de espera, aunque haya dos personas adelante. Este atento a que no le den moneda nacional que solo usan los cubanos y que no la podrá usar, que el billete diga CUC o peso convertible. Si va al banco, no olvide el pasaporte.

El centro histórico.


No confíe en su tarjeta de crédito ni débito: no se usa, salvo pocas excepciones. Si su banco le autoriza, puede con su tarjeta retirar u$s en el banco de Cuba, pero es un trámite.

Trompetistas en el puerto.


Si va alquilar un auto, hágalo desde aquí, allá es mucho más difícil conseguir.


Puede comer en cualquier resto del casco histórico de la Habana a un precio de entre 15 a 20 CUC (u$s 15/20) pero la misma comida, en la periferia, cuesta 6 u 8 CUC. La mayoría son a base de pescado, pollo o cerdo y arroz y algo de ensalada. En la periferia, además de comer muy bien, escuchará las conversaciones más variadas y muchos personajes que vale la pena.

Uno de los bicitaxis habaneros.


El alojamiento puede ser en cualquier hotel internacional. La opción de casas de familia (algo nuevo y recomendable), es mucho más económico y vale la pena a entre 9 a 40 CUC y hay en toda La Habana, confiando en las evaluaciones que hacen los turistas en Airbnb o Booking. Fíjese que tenga aire y baño individual.

Artista con puertas abiertas.

Internet es un tema. Se debe comprar una tarjeta en lugares habilitados al precio de 1 CUC la hora y luego, con esa tarjeta, se debe ir a alguna plaza que tenga Wi Fi, a veces funciona. Pocos alojamientos tienen Wi FI.

Edificios históricos.

El transporte es otra curiosidad: hay taxis oficiales color amarillo y patente B (la B es del Estado) con los cuales es más difícil negociar, sin embargo, los de patente P (P particular) que son los autos antiguos se puede negociar cualquier cosa, inclusive que lo lleven a pasear.

Medios de transporte: hay para todos los gustos.

También tiene los coco taxi que es una moto para tres personas que por 10 CUC lo llevan a todos lados y, por último las bicicletas que llevan hasta a dos personas por poca plata y si está dispuesto a sobrellevar el evidente esfuerzo que hace el ciclista para pedalear. Para que se dé una idea, un taxi del aeropuerto al centro cuesta 25 CUC ($ 1.350 nuestros) pero lo puede negociar por hasta 15.

No se olvide nada personal, remedios, pañuelos, dentífrico, desodorante. Es muy difícil conseguir algo. No consuma agua de la canilla, ni aun hervida.

Lleve ropa liviana, pantalón corto, remeras, jamás se pondrá un buzo. La corriente es de 110 voltios y los enchufes de dos patas planas. Puede pasear a cualquier hora del día y de la noche y por cualquier lugar sin que le pase nada, es segurísima. Y donde escuche música, mándese chico.


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