Cuba proscribe el “reggaeton”

Por Redacción

No sólo el Talibán prohíbe terminantemente la música occidental joven y castiga severamente a quienes violan esa prohibición. También, insólitamente, Cuba lo hace. Los autoritarios son así. Parecidos en que no pueden vivir sin limitar constantemente el ámbito de la libertad de los demás. A cada rato y con las más diversas excusas. En efecto, en procura de lo que definen como una decisión tomada con el propósito de “desterrar la vulgaridad”, las autoridades cubanas acaban de prohibir difundir el llamado “reggaeton” en los lugares públicos. Se trata de un ritmo acompasado, cantado y bailado, de origen caribeño, esto es una rara mezcla de influencias fundamentalmente panameñas, jamaiquinas y puertorriqueñas. Relativamente afines al acerbo cultural de Cuba, entonces. Vecinas por lo menos. No obstante lo antedicho, igual se dispuso la inexorable prohibición. Quizás porque la popularidad del “reggaeton” estaba creciendo mucho entre los cubanos y reemplazando (“pervirtiendo”, dijeron) los ritmos considerados como tradicionales en la isla, como ocurre con la salsa, por ejemplo, que parece haber, de alguna manera, cansado a los jóvenes. Pero, además, presuntamente, porque su baile promovía, según las autoridades, la sexualidad de las mujeres y porque sus cantos podían ser utilizados con mensajes que –de pronto– van en contra de los ideales del régimen, los únicos aceptados. Por ello el “Instituto Cubano de la Música” ahora ha radiado a quienes cantan y tocan el “reggaeton” de las listas de músicos oficiales, lo que puede dejarlos en situación de desocupados. La prohibición alcanza tanto a las estaciones de radio como a las de televisión, a todas las que se ha ordenado dejar completamente de lado este ritmo. Es más, se anuncia que se prepara una ley que definirá cuáles serán los ritmos musicales aceptados en Cuba y cuál la música que será desterrada. Increíble medida, por cierto. Particularmente cuando la draconiana restricción se toma en el seno de un pueblo que –natural y esencialmente– es muy musical, como es el pueblo cubano. Una pena entonces que ni este ámbito, el de la música, pueda ser dejado en libertad. Todo se controla. Hasta la música popular, en muestra de intrusión irrespetuosa sobre el margen mínimo de libertad que debiera caracterizar siempre a la persona humana. (*) Exembajador de la República Argentina ante la ONU

EMILIO J. CÁRDENAS (*)