Era una cuestión de confianza: 40 años de The Bridges, el muy buen disco de un Billy Joel en la encrucijada
El 9 de julio de 1986, "The Piano Man" editó su décimo disco de estudio, que funcionó como su nombre lo indica: un puente entre aquel músico exitoso que había sido hasta entonces y el que sería en la madurez.
Billy Joel en el estudio, durante la grabación de The Bridges.
A mediados de 1986, Billy Joel era un tipo feliz que disfrutaba de su matrimonio con la bellísima Christie Brinkley y de la pequeña hija de ambos, Alexa Ray. Por entonces, no tenía ningún motivo para regresar al trabajo, salvo por el hecho (no menor, claro) que se trataba de uno de los más exitosos músicos de su tiempo y la compañía estaba ansiosa por editar al sucesor del brillante An Innocent Man (1983). Ya iban para tres años sin que Billy Joel sacara música nueva y, él lo sabía, era necesario ponerse a trabajar.
Contra su voluntad, “The Piano Man” volvió al estudio, convocó al productor Phil Ramone, se reencontró con su banda, invitó a Ray Charles y Cyndi Lauper, entre otros pesos pesados del pop rock del momento, e hizo lo que todos esperaban de él: un disco nuevo.
The Bridge, editado el 9 de julio de 1986, fue un éxito, por supuesto. Con semejante staff no podía ser de otra manera. El disco generó varios singles exitosos, entre ellos “A Matter of Trust”, que alcanzó el puesto 10), “Modern Woman”, que también llegó al puesto 10), “This Is the Time” (que alcanzó el puesto 18) y la bellísimo y muy sentida balada “Temptation”.
Además, giró por el mundo, que por entonces no solía incluir Latinoamérica, pero que, en el caso de Billy Joel, incluyó la hermética Unión Soviética donde, en 1987, la pegó toda. Fue uno de los primeros artistas de rock estadounidenses en tocar allí. Gastó 2.5 millones de dólares de su propio bolsillo para llevar su gran producción. El público lo aclamó tanto que dio lugar a su famoso disco en vivo llamado Kontsert, editado en octubre de aquel año.
Pero Joel sabía que las cosas no estaban bien, a pesar del éxito. Y no le estaban desde antes de comenzar a trabajar en The Bridge. El deterioro de la relación entre Joel y los miembros de su banda era ya evidente. Y eso era un problema para él porque, a diferencia de muchos solistas, Joel siempre había funcionado como un músico más entre compañeros.
Aunque no fueran necesariamente sus iguales dentro del grupo, habían sido una pieza clave de su éxito inicial, ayudándole a trasladar al estudio la energía de sus actuaciones en directo. Desde Turnstiles (1976) en adelante, había trabajado con el mismo equipo principal, incluido el productor Phil Ramone, responsable de la gran mayoría de sus mayores éxitos. Sin embargo, al entrar en el estudio en 1985, percibió que las cosas estaban cambiando.
Tanto en lo personal como en lo profesional, Joel comprendió que estaba atravesando una metamorfosis. “Sabía que este sería un álbum de transición”, observó. “Esa fue su función: sirvió de puente”.
Joel nunca fue un compositor prolífico, por lo que tuvo que esforzarse más que nunca para definir la lista de canciones. Esto dio lugar a material valioso, sí, pero también resultó en una colección de temas que, en sus propias palabras, “no están necesariamente relacionados entre sí… Simplemente fueron escritos en el mismo periodo”.
Más aún, sostiene Joel: “Hay canciones mal escritas en ese disco. Tenía prisa por terminarlo. Hay cosas magníficas en The Bridge, pero también reconozco que contiene mucho material flojo del que no me siento especialmente orgulloso”.
El álbum presentaba influencias del new wave, sobre todo en el tema que abre el disco, “Running on Ice”, donde se percibe una fuerte influencia de los Police. De hecho, el propio Joel reconocería la influencia vocal de Sting en su performance: “Creo que en ‘Running on Ice’ y también en ‘Mulberry Street’, es donde mi voz suena muy aguda. Me paseaba por casa cantando canciones de The Police y de Sting, y pensaba: ‘Vaya, no sabía que podía sostener una nota tan aguda. Quizás debería probar a cantar una canción en esa tonalidad’. Nunca se me habría ocurrido de no haber sido por Sting”.
En “A Matter of Trust” (Una cuestión de confianza), en cambio, quien aparece en el horizonte es Bruce Springsteen. Billy Joel se pone en la piel de El Jefe para rockear como pocasveces lo había hecho. De hecho, fue la primera y única vez que se colgará una Les Paul para un videoclip. Ese en el que él y la banda tocan la canción en un subsuelo de ventanas abiertas. La música empieza a congregar gente frente al edificio, entre ellos Ringo (1.38) y Paul McCartney (2.01), Si prestan atención los verán. Quizás menos de un segundo cada uno, pero allí están.
En “Modern Woman” Joel retoma el pulso new wave al ritmo de los sintes en un modo que oscila entre Wham y Huey Lewis. En “Code of Silence” comparte autoría e interpretación con Cyndi Lauper y en “Getting Closer”, cuenta con la colaboración de Steve Winwood.
Pero la verdadera joya del álbum es “Baby Grand”, el dueto que Billy Joel protagoniza con su admirado Ray Charles. Ambos se pusieron en contacto inicialmente cuando Charles se enteró de que Joel había llamado a su hija Alexa Ray en honor a él; entonces, Charles lo contactó y le sugirió trabajar juntos, siempre y cuando encontraran la canción adecuada.
Joel se puso manos a la obra de inmediato, intentando componer “la canción adecuada” y escribió “Baby Grand” en el transcurso de una sola noche. El resultado final es tanto un homenaje al propio Charles como al instrumento que ambos aman: el piano.
A mediados de 1986, Billy Joel era un tipo feliz que disfrutaba de su matrimonio con la bellísima Christie Brinkley y de la pequeña hija de ambos, Alexa Ray. Por entonces, no tenía ningún motivo para regresar al trabajo, salvo por el hecho (no menor, claro) que se trataba de uno de los más exitosos músicos de su tiempo y la compañía estaba ansiosa por editar al sucesor del brillante An Innocent Man (1983). Ya iban para tres años sin que Billy Joel sacara música nueva y, él lo sabía, era necesario ponerse a trabajar.
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