Feria del Libro: una charla con Mariana Enríquez sobre los miedos y fantasmas que nos rodean

El domingo, la charla más covocante de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, fue la de periodista y escritora Mariana Enríquez. Iba a hablar de su libro, "Un lugar soleado para gente sombría", pero la realidad y Javier Milei se colaron en su charla.

Volvieron los mosquitos. Hay olor a repelente. “Están dando el último chupito”, dice un hombre que se rocía tobillos, muñecas, orejas, para ahuyentar, sobre todo, a los responsables del Dengue. Es un día húmedo, un rocío discreto se adhiere a todo.
A las 15, ya hay cola frente a la sala más grande de la 48° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la José Hernández, que tiene capacidad para 2.000 personas. Esperan a Mariana Enríquez, la periodista y escritora, que hablará dos horas más tarde de su último libro: “Un lugar soleado para gente sombría”, o que hablará más bien de su tema: el horror en lo cotidiano, en el cuerpo, en la política nuestra de cada día.


A las 17, puntual y con la sala llena, Enríquez sale al escenario junto al escritor y docente Juan Mattio, que será el encargado de entrevistarla, de guiarla hacia ese espacio oscuro en el que nacen las preguntas sobre la naturaleza del horror, en el que habitan los fantasmas, los personales, los de la historia, los más actuales, los reales. Enríquez hablará de todos ellos. Y se extenderá incluso un poco más para definir por qué el triunfo de Javier Milei le parece un problema serio. “Que entre quienes votaron a Milei, que creo que la enorme mayoría tiene buenas intenciones, y quienes piensan distinto, haya un abismo tan importante, creo que es un problema de los dos lados”, dirá.


Aunque sobrevuelenlos fantasmas y el horror sobre el que escribe en sus libros, la charla empieza jocosa. “La erupción de un volcán es horrible, un tsunami es horrible y lo que le ocurre con tu cuerpo de la edad también es horrible. Y es todo natural. Yo creo que el cuerpo está mal hecho. Dura poco y se descalibra pronto”, dirá antes de arrancar carcajadas en el auditorio. Es una risa nerviosa. La realidad corporal puede dar miedo.


También se reirán cuando hable de la Inteligencia artificial (IA) y diga: “Lo que me pone de malhumor es que construyan una IA que nos reemplace. Están locos: deberíamos crear una máquina que de masajes en los pies, no una que te saque el trabajo o la creatividad”.


Pero Enríquez se pondrá más seria cuando se abre el juego a las preguntas del público, y haya una última, sobre el gobierno actual. Ya casi se cumplió el tiempo de su charla, pero ella se tomará tiempo para responder lo que la mujer que le hizo la pregunta definió como horror.
“No había motivos para pensar que no nos iba a ocurrir a nosotros. A mí, me deprime en muchos sentidos. Me deprime que los que pensamos distinto entre comillas, no hayamos podido convencer a la gente. Y yo no creo que la enorme mayoría que votó a Javier Milei ni sea mala persona ni quiera un futuro peor. Creo que es gente que quiere un futuro mejor y quiere a sus hijos. Pero, que entre esa gente y quienes piensan distinto, haya un abismo tan importante creo que es un problema de los dos lados. Creo que hubo un lado, seguramente el mío, que por una cuestión de superioridad moral, instaló una narrativa con la que no todo el mundo estaba de acuerdo. Es cierto que muchos seguimos viviendo en microclimas: yo apenas conozco gente que haya votado a Milei, lo cual creo que es un problema porque hay un silencio demasiado importante. Y lo que me deprime y me frustra con respecto al tema de la dictadura y el negacionismo que se ha instalado, es que se dejó de hablar de muchísimas cosas. Que no haya conversación, que se haya clausurado la conversación, es muy malo. Hubo un discurso muy fuerte de mantener viva la memoria cuando en realidad se estaba manteniendo artificialmente viva la memoria. No creo que tengamos la culpa, pero sí creo que hay fuerzas históricas que tiran todos los discursos hacia una derecha negacionista de un lado, y del otro lado, no la vimos venir. Y se supone que uno, progre, debería verlo al otro. Creo que dejamos de ver. Había chicos viendo videos súper fachos y decíamos, se les va pasar. Creímos que la juventud era exclusivamente la del pañuelo verde, y no sólo era eso. O esta cuestión de que veíamos al tipo que lo afanaron veinte veces y como se quejaba decíamos, qué facho. No, no es facho, lo afanaron veinte veces y se asustó. Yo también era parte de ese discurso por acción, omisión o lo que sea. Todo eso estaba ahí. No haberlo visto es un problema”, dirá, seria, muy seria.


Dirá también: “Hay que tratar de entender lo que pasa más allá de juzgarlo, más allá de estar horrorizados porque estar horrorizada no sirve para nada. Porque esto es historia y la historia es imparable. Quedarse en qué horror, no soluciona nada. Sobre todo, porque no vamos a poder dialogar con los demás”.
De su nuevo libro, casi no se habló. Enríquez habló del horror, de fantasmas muy reales. Los de antes, los de ahora.


Afuera, el agua no alcanza a ser lluvia y los titulares ya se preguntan hasta cuándo va a llover en Buenos Aires; hizo frío hace dos días y los títulos se preguntaban hasta cuándo seguirá el inviernito. Volvieron los mosquitos, el tema dengue volverá a sobrevolar. El miedo, agazapado, irrumpe en lo cotidiano.


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