La Sagrada Familia, el sueño de Gaudí, cada vez más cerca de hacerse realidad en Barcelona
La colocación del último brazo de la cruz en la torre marca un nuevo hito en la Sagrada Familia. La obra atraviesa varias generaciones y avanza hacia su etapa final sin perder su esencia. A Gaudí se le encargó la obra cuando tenía solamente 31 años. Los últimos 12 años de su vida vivió entregado al proyecto que continuó post mortem.
Desde hace más de cien años, la Sagrada Familia crece ante la mirada del mundo como una obra que nunca se detuvo del todo. Lenta, persistente, atravesada por el tiempo y por quienes la continuaron, el templo se convirtió en uno de los grandes símbolos culturales de Barcelona. En los últimos días, ese largo proceso sumó un avance clave con la colocación del cuarto brazo de la cruz que coronará la torre de Jesucristo, una pieza central del proyecto imaginado por Antoni Gaudí y uno de los hitos más significativos hacia su etapa final.
La Sagrada Familia: un montaje a 54 metros en Barcelona
El avance tiene un fuerte valor técnico, pero también cultural y simbólico. No se trata solo de completar una estructura, sino de acercarse a la materialización de una idea concebida hace más de un siglo y sostenida a lo largo de generaciones. La instalación se realizó a 54 metros de altura y exigió maniobras de extrema precisión: cada brazo pesa alrededor de 12,8 toneladas y mide cerca de 4,40 por 4,50 metros.
Las piezas responden a la geometría de doble giro característica de Gaudí, presente también en las columnas del templo, con extremos exteriores cuadrados y conexiones interiores octogonales que confluyen en el núcleo central.
El montaje de la cruz fue progresivo. Primero se colocaron el brazo inferior y el núcleo, luego los brazos horizontales correspondientes a las fachadas del Nacimiento y de la Pasión, hasta completar ahora la estructura con el cuarto brazo.
Parte de los elementos fueron fabricados en Alemania y trasladados luego a Barcelona, donde equipos internacionales trabajaron con grúas especiales, sistemas de ajuste milimétrico y tecnología de última generación para respetar con fidelidad el diseño original del arquitecto catalán.
Una vez terminada, la cruz alcanzará 17 metros de altura, equivalente a un edificio de cinco pisos, y tendrá 13,5 metros de ancho. Estará revestida con cerámica blanca esmaltada y vidrio, dos materiales elegidos por Gaudí para reflejar la luz del sol durante el día y brillar por la noche. En los Àlbums del Temple, el arquitecto dejó indicado que el terminal debía ser visible y luminoso, casi como una señal en el paisaje urbano. En esa línea, se prevé la instalación de sistemas de iluminación desde las torres de los Evangelistas y de los Apóstoles.
En el interior de la cruz se ubicará la escultura del Agnus Dei, obra del artista italiano Andrea Mastrovito, integrada al proyecto original. La estructura incorpora además soluciones técnicas contemporáneas, como sistemas de ventilación automatizada en cada brazo, pensados para regular la temperatura interna y adaptarse a las condiciones ambientales, en un diálogo entre la concepción histórica y la ingeniería actual.
Este avance se inscribe en una etapa clave del calendario de obras. La culminación de la torre de Jesucristo estaba prevista inicialmente para 2026, en coincidencia con el centenario de la muerte de Gaudí. Pero la finalización integral del templo se proyecta hacia 2036. Las autoridades de la basílica estiman que la torre podría quedar terminada hacia fines de este año, con los trabajos finales de ensamblaje, iluminación y detalles constructivos.
Antoni Gaudí y Barcelona, un adelantado
Detrás de cada decisión aparece la figura de Gaudí, un arquitecto adelantado a su tiempo, profundamente religioso y atento observador de la naturaleza. Hijo de un artesano del metal, se formó desde niño en el mundo de los oficios manuales, una influencia decisiva en su atención al detalle.
Nació en 1852 en Reus o Riudoms. Durante la infancia tuvo una salud muy frágil, pasó largos períodos en contacto con la naturaleza, que se convirtió en su principal fuente de inspiración y en la base de su concepción arquitectónica.
En 1870 se trasladó a Barcelona para estudiar arquitectura. Fue un estudiante irregular, pero con una creatividad singular. Cuando se graduó en 1878, el director de la Escuela de Arquitectura, Elies Rogent, dejó una frase que se volvería célebre: «No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio; el tiempo lo dirá».
Ese mismo año inició una relación clave con el industrial y mecenas Eusebi Güell, que le permitió desarrollar plenamente su lenguaje artístico. Durante su etapa de madurez realizó algunas de sus obras más emblemáticas, como la Casa Batlló, la Casa Milà, el Park Güell y la Cripta de la Colònia Güell, muchas de ellas hoy Patrimonio Mundial.
Su método de trabajo se basaba en la prueba y el error, con un uso central de maquetas y modelos a escala, a los que otorgaba más importancia que a los planos. En la Sagrada Familia instaló su taller junto a la obra y experimentó con formas y estructuras que luego aplicaba a gran escala. Ese mismo enfoque, hoy asistido por herramientas digitales, sigue guiando a los equipos que continúan el templo.
Con el paso del tiempo, se fue alejando de la vida social y se volcó casi por completo a la Sagrada Familia, acompañado de una profunda espiritualidad. Murió en 1926 tras ser atropellado por un tranvía en Barcelona. Su entierro, celebrado en la Sagrada Familia, convocó a una multitud y selló el reconocimiento popular a uno de los arquitectos más universales de la historia.
Gaudí es sinónimo de Barcelona, una figura central e inseparable de la ciudad, ya que su estilo modernista único y orgánico, inspirado en la naturaleza y la religión, transformó la urbe con obras icónicas convirtiéndose en su sello distintivo y un gran atractivo turístico a nivel mundial.
La Sagrada Familia, patrimonio de la Humanidad por Unesco
Gaudí dedicó más de cuarenta años de su vida a la Sagrada Familia y los últimos doce los vivió completamente entregado a ese proyecto, al que concebía como una forma de servicio a través de la arquitectura.
Su legado, sin embargo, excede ampliamente este templo. Obras como el Park Güell, la Casa Batlló, la Casa Milà o la Casa Vicens forman parte del patrimonio cultural de Barcelona y de la historia de la arquitectura moderna. Varias de ellas fueron reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto con la fachada del Nacimiento y la cripta de la Sagrada Familia.
El avance de las obras se produce, además, en un contexto cargado de sentido histórico. En 2026 se cumplirá el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, y la Sagrada Familia prevé una agenda de actividades y actos conmemorativos para poner en valor su legado. Las celebraciones incluirán a otras obras emblemáticas del arquitecto en Barcelona y en distintos puntos de España.
La basílica se acerca a un momento histórico, pero no a un punto final en sentido estricto. Como toda obra que logra atravesar generaciones, su valor no está solo en el día en que se complete, sino en el recorrido que la sostuvo viva durante más de un siglo.
El sueño de Gaudí fue el de un arquitecto único y profundamente convencido de su visión. La concreción de su proyecto es el resultado de un trabajo colectivo para honrarlo. Hoy, mientras la torre de Jesucristo comienza a definirse en el horizonte de Barcelona, la Sagrada Familia confirma que algunas obras no envejecen: simplemente siguen creciendo.
La Sagrada Familia, la iglesia más alta del mundo
La basílica se convirtió la semana pasada en la iglesia más alta del mundo después de que una parte de su torre central fuera colocada en su lugar. La obra maestra del arquitecto Antoni Gaudí se eleva ahora a 162,91 metros (534 pies) sobre la ciudad, según informó la iglesia en un comunicado. Esta altura apenas supera la punta de la aguja del Ulmer Münster alemán , que alcanza los 161,53 metros (530 pies).
La Ulmer Münster, una iglesia luterana gótica construida entre 1543 y 1890, ostenta el título de la iglesia más alta del mundo. Ahora, ese título le corresponde a su rival española. Aunque la Sagrada Familia no ostenta el título, las cifras son comparables: ahora es poco más de un metro (3,2 pies) más alta que la iglesia del sur de Alemania.
Y la Sagrada Familia sigue creciendo. La Torre de Jesucristo, que se alza sobre la iglesia, alcanzará los 172 metros (564 pies) cuando esté terminada en los próximos meses. La primera piedra de la Sagrada Familia se colocó en 1882, pero Gaudí nunca esperó que se terminara en vida. Solo una de sus múltiples torres estaba terminada cuando falleció.
Las obras se aceleraron en las últimas décadas a medida que la basílica se convirtió en una importante atracción turística internacional, con gente de todo el mundo cautivada por la estética única de Gaudí, que combina el simbolismo católico y las formas orgánicas. El dinero de las entradas se usa para financiar las obras. En 2024, 4,9 millones de personas pagaron para visitarlo.
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