Nuestros propios monstruos: las claves de «La Virgen de la Tosquera» que va rumbo a los Oscar

Basada en dos relatos de Mariana Enríquez, la película de Laura Casabé explora los miedos, las obsesiones adolescentes y las heridas de la crisis de 2001. Una historia que confirma la fuerza y la identidad del cine de género argentino.

Por Hernán Panessi

La Virgen de la Tosquera lleva al cine el universo inquietante de la escritora argentina Mariana Enríquez.

En el menú de horrores, Hollywood nos acostumbró al despliegue de efectos especiales, criaturas monstruosas, espíritus deambulantes y a otro tendal de estridencias. Pero acá, sobre estas pampas, también yacen otras búsquedas más sórdidas, más cotidianas, más espiritualmente cercanas. En Argentina, el miedo nunca fue un producto de utilería ni una fórmula importada: es un vaho endémico que flota sobre nuestras cabezas.

Es por eso que La Virgen de la Tosquera -el largometraje dirigido por Laura Casabé con guion de Benjamín Naishtat- haya sido elegido por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina para representar al país en la carrera por el Oscar a “Mejor Película Internacional” trasciende el reconocimiento institucional y confirma la vitalidad del cine de género argentino.

El desafío de llevar a Mariana Enríquez al cine


Basada en los universos literarios de la escritora Mariana Enríquez -que entrelaza sutilmente los relatos de “El Carrito” y “La Virgen de la Tosquera”, pertenecientes a Los Peligros de Fumar en la Cama-, la película lleva al espectador a ese trance asfixiante que fue el conurbano bonaerense en los albores del fatídico 2001.

Una producción del cine argentino que explora nuevas formas de narrar el miedo y sus raíces locales.

En medio de un país que se despedazaba en mil partes entre saqueos, estado de sitio y devaluaciones, tres amigas adolescentes -Natalia, Mariela y Josefina- transitan la adrenalina de la juventud, el despertar sexual y un amor obsesivo por Diego, su compañero de infancia. Sin embargo, mientras se apuntala como un coming of age, la llegada de una mujer distorsiona ese equilibrio frágil y el despecho, la envidia y la confusión se transforman en una ristra de magia negra hogareña.

La directora Laura Casabé propone una mirada sobre el terror atravesada por las tensiones sociales y los miedos cotidianos.

Y por acá, la confirmación de que el cine de género argentino no se dedica a emular recetas foráneas, sino que, cuando se lo propone, puede escarbar en la roña de nuestras propias cicatrices. Algo similar pasó con esa gemita llamada Cuando Acecha la Maldad, de Demian Rugna, que dominó la conversación del terror durante 2023 y abrió un nuevo universo de posibilidades para el cine argentino de género.

Con ese envión, Casabé no busca el susto fácil, sino que despliega el horror de la incertidumbre, los yeites propios del terror doméstico y la desesperación de pasar de la infancia a la adultez cuando el mundo arde, con la brujería como ingrediente inquietante.

El terror también habla de nuestras crisis


A propósito de la decisión estética y política de configurar el relato desde la crisis del 2001, la propia directora siente que “narrar esa época desde un lugar de cine de género me parecía que era muy rico”. Asimismo, lo que más le interesaba, dice, “tenía que ver con hablar de esa angustia tan profunda que se había vivido en ese momento, mezclada con ser una adolescente y la adrenalina de salir con tus amigos, de vivir así como al taco la noche y Buenos Aires”.

La película combina elementos sobrenaturales con conflictos humanos en una historia de atmósfera perturbadora.

Y acelera sobre el peor de los terrores locales: “Hay un terror propio de este país que vive crisis económicas sistémicas. Es algo que está muy instalado en nosotros y que tiene que ver con la sensación de que de un día para el otro podés perder todo. Y eso es muy terrorífico”.

Ese cruce entre la narrativa fantástica y el trauma social no es casual. Forma parte de una búsqueda singular, en la que el terror dejó de habitar los márgenes para configurarse sobre estas personalidades y tomar el centro de la escena.

En palabras de Casabé: “El cine de terror está viviendo un momento interesante en todo el mundo porque rompió el techo de cristal. Ya no es solamente una cuestión de nicho, sino que hay un público que antes no estaba acostumbrado a ver cine de género y ahora lo mira. En Latinoamérica son historias que no están contadas, mitologías que no están exploradas desde el género”.

La Virgen de la Tosquera: a puro pulmón y resistencia


Entretanto, lo verdaderamente destacable de este hito radica en las entrañas de su producción. La Virgen de la Tosquera es una obra independiente, gestada a fuerza de puro pulmón, mística y resistencia frente a un panorama crítico para la producción cinematográfica local. De hecho, haber convocado a más de 90.000 espectadores a las salas de cine demuestra que la audiencia no busca fórmulas enlatadas, sino historias que le devuelvan el reflejo de sus propias sombras.

“Fueron muchísimos años de trabajo concentrado en que quedara lo mejor posible. La película tuvo un montón de embates. En un momento se desfinanció completamente. Sentimos que fuimos un equipo que lo dio todo hasta el final. Es valioso que una peli independiente haya podido llevar tanta gente al cine. Demuestra que el cine independiente sí es un cine que piensa en el público, que es un cine popular y con aspiración popular”, continúa la directora.

“Estamos muy felices con el equipo y la verdad es que llegar a los Oscar es la mayor emoción que vivimos con esta película”, asegura Laura. Así las cosas, el viaje de La Virgen de la Tosquera hacia Hollywood no es una búsqueda de validación de ningún tipo, sino un megáfono para recordarle al mundo que en este rincón del planeta aprendimos a convivir con los fantasmas antes de que nos enseñaran a nombrarlos. Y que, cuando la realidad nos acorrala, siempre nos quedará el cine para conjurar nuestros demonios.

El filme construye su clima de tensión a partir de escenarios cotidianos y situaciones que adquieren un carácter inquietante.

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