Cutral Co: la experiencia de volver a divertirse con juegos fuera de pantalla

Un profesor de Educación Física de la Escuela primaria 63 del barrio Peñi Trapún se animó a descubrirles a sus alumnos lo entretenido y socializador que era jugar a las bolitas. La iniciativa prendió y otros establecimientos se sumaron a la experiencia.



Un simple círculo en la tierra y a ver quién es más habilidoso en desplazar las bolitas del interior, tincándolas con otra desde afuera. Foto: Juan José Thomes.

Un simple círculo en la tierra y a ver quién es más habilidoso en desplazar las bolitas del interior, tincándolas con otra desde afuera. Foto: Juan José Thomes.

Las niñas y niños de la escuela primaria Nº 63 del barrio Belgrano de Cutral Co se entusiasman cuando llega el día de la semana fijado para que haya “encuentro de bolitas”. Todos están involucrados y la actividad ya pasó los límites del establecimiento porque para noviembre está previsto un encuentro al que asistirán chicas y chicos de otras escuelas.

El profesor de Educación Física, Sebastián Arévalo, habla con mucho entusiasmo cuando describe cómo introdujo un juego, que tal vez para los adultos supo ser cotidiano. Así, después de participar en Allen de una capacitación en que el eje del tema era la discapacidad, tomó contacto con otro profesor que hablaba de recuperar el juego.

“Es que cuando fui chico vivía en este barrio (Belgrano ex450 Viviendas) que se caracterizaba porque jugábamos mucho a las bolitas”, relata. Habló con el profesor y le adelantó que iba a tomar parte de su idea, pero con un espíritu más recreativo que competitivo. “Cuando regresé a clases, lo hablé con la directora de la escuela y con las seños. Me dijeron que sí, así que un día determinado se destina a jugar a las bolitas”, describió.

Pero hubo que empezar de cero. Esto es explicarles a las niñas y niños de qué se trataba. El edificio escolar -situado en una de las barriadas más conflictivas en materia de seguridad porque es algunos sectores se registran hechos de violencia- cuenta con un patio no muy extenso que es de tierra.

Y en ese mismo lugar, el profe prepara las canchitas para que se inicie la actividad. La mayoría de alumnos desconocía de qué se trataba. Así que él mismo se encargó de explicarles los cuatro juegos básicos. En función de ello y del interés de cada uno, les enseñó las reglas o cuestiones para iniciar el juego. A partir de ahí, cada uno eligió.

“La idea es que jueguen, que vuelvan al espacio de juego, brindarles un espacio, un tiempo para que puedan jugar y que no sea el profe el que esté encima y diga: no eso no se puede, eso sí”,

acota el profe Sebastián

Entonces, no sólo se busca que puedan recobrar el espíritu del juego (por eso son encuentros no competitivos) sino que ellos mismos interactúen y puedan fijar las reglas y pautas. “Que sean ellos mismos los que se arbitren. Es lindo ver, por ejemplo, en una troya, que se juntan, se forman en círculos y están constantemente acercándose y entre ellos mediando. Es volver a jugar por jugar”, detalló.

El docente explica además que el mismo juego va evolucionando porque también lo hace la sociedad y en ese contexto es que los propios niños y niñas le agregan algunas reglas.

Un efecto multiplicador y solidario


La iniciativa de Sebastián Arévalo cruzó los límites de la propia escuela y ya hubo encuentros con otros establecimientos primarios. La Nº 138 de barrio Peñi Trapun, donde ya compartieron una actividad. En este caso, participaron todos los grados, incluido el anexo de jardín de infantes.

Luego ocurrió lo mismo con la primaria Nº 137 -con algunos grados-; la Nº 149, la Nº 172 y la Nº 45. Para noviembre está previsto el gran encuentro para cerrar el año con todas las escuelas. Se eligió hacerlo en la primaria Nº 292 por la amplia extensión de patio de tierra que tiene.

Tener la suficiente cantidad de bolitas no es barato. Entonces, muchos vecinos que se enteraron de la iniciativa colaboraron con donaciones.


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