Daniel Barenboim recibió el 2014 con una ovación

La gala batió un récord: fue retransmitida a 92 países.

Por Redacción

Daniel Baremboim terminó ayer el famoso concierto de Año Nuevo en la Filarmónica de Viena con una nota especial: el director pidió al público con una señal que renunciara en parte a los tradicionales aplausos que suelen acompañar la pieza de cierre, la Marcha Radetzky de Johann Strauss. Baremboim comenzó a caminar en medio de la orquesta al sonar esta popular pieza que pone el broche final al concierto para agradecer personalmente, uno por uno, con un apretón de manos a todos los músicos. Tradicionalmente el director se vuelve al público en la última pieza el concierto para dirigir sus aplausos al compás de la marcha. En esta ocasión el concierto recordaba el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Y la Marcha Radetzky fue compuesta en honor de un controvertido mariscal de campo del siglo. El concierto de Año Nuevo que en la mañana de cada primero de enero ofrece la legendaria Orquesta Filarmónica de Viena e fue considerado “estupendo” por la prensa europea. El maestro recibió una larga ovación, demostrando todo su talento y vitalidad a sus todavía jóvenes 71 años. Ésta fue la segunda vez desde 2009 que el virtuoso batuta israelo-argentino recibió lo que considera “el mayor regalo para un director de orquesta”: fue elegido por los músicos de la Filarmónica de Viena para hacerlos interpretar a su manera este prestigioso concierto bajo los techos dorados del Musikverein. La 74ª edición de esta célebre gala batió un nuevo récord, puesto que fue transmitida hacia 92 países, con una teleaudiencia estimada entre 40 y 50 millones de personas, algo único para un espectáculo de música clásica. Como todos los años, el programa estuvo consagrado a reeditar la gloria de los valses, polkas, galops y marchas de Johann Strauss padre (1804-1849), y de sus tres hijos, Johann (1825-1899), Joseph (1827-1870) y Edouard (1835-1916). Por primera vez dio lugar a la ejecución de una obra de Richard Strauss (1864-1949), el compositor alemán sin lazo de parentesco con la dinastía de los vieneses. En la segunda parte del concierto, la orquesta interpretó “Música del claro de luna”, un pasaje de la ópera “Capriccio”. En el final tradicional, el público disfrutó del más célebre de los valses, “El Danubio azul” de Johann Strauss hijo, y la “Marcha Radetzky”, compuesta por su padre, con los espectadores acompañándola batiendo palmas, mientras que Barenboim estrechaba la mano uno por uno a los músicos de la Filarmónica vienesa. Barenboim anunció en octubre pasado que dejará su puesto de director musical de la Scala de Milan el 1 de enero de 2015, dos años antes de la fecha prevista en su contrato. Según Stéphane Lissner, superintendente de la prestigiosa ópera italiana, el director israelo-argentino tiene otros proyectos, en particular respecto a la academia de Divan, en Berlín junto al arquitecto Frank Gehry. El concierto de Año Nuevo 2014, centenario del comienzo de la I Guerra Mundial, se desarrolló bajo el signo de la paz, por lo que se ejecutó el “Vals de los laureles de la paz” de Joseph Strauss. El 28 de junio próximo, la Filarmónica de Viena actuará en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) para conmemorar el asesinato del archiduque Francisco Fernando, considerado el desencadenante de la primera conflagración mundial (1914-1918). El imperio austro-húngaro jugó un rol decisivo entonces. Un ejercicio de memoria histórica: cuando tuvo lugar el primer concierto de Año Nuevo, en 1939, hacia algunos meses después de la anexión de Austria a la Alemania nazi (Anschluss), y actualmente, en su sitio en Internet, la Filarmónica recuerda sin tapujos sus horas más sombrías. El 1 de enero de 2015, Baremboin será sucedido por Zubin Mehta al mando de la batuta en este concierto, que dirigirá por quinta vez en su extensa carrera.


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