“¿Dar o quitar? ¿Me sigo mirando el ombligo?”

Por Redacción

Hoy me levanté pensando qué nos está pasando como sociedad, como personas, como vecinos, como familia, como amigos, como alumnos, como profesores, como dirigentes, como gobernantes. Vacilo entre diversas ideas, pero considero que una vez más como sistema, como Estado, como municipio, no estamos siendo parte de la comuna o simplemente del barrio en el que vivimos. Me llaman la atención los reiterados casos de violencia que han surgido en el último mes. Por no ir más atrás, aquel en el cual por diversas circunstancias le “quita la vida” una persona a otra. Esto es algo que me llena de más preguntas y digo: ¿la violencia siempre existió? Sí, y se ha naturalizado. ¿Por qué quedarse con lo ya dado, establecido? Porque es más cómodo. No hay que quitar mérito a los medios de difusión que por momentos exponen las diversas situaciones de violencia tan rudimentariamente que llegan a hacer que nos compenetremos y sintamos que estamos en esa calle en que mataron, robaron o violaron y sigamos en la lógica de “¿quién es la/el culpable?” y, por parte de la víctima, “…y, seguro era medio trola…”, “algo habrá hecho”. Considero que señalar no nos lleva a una reflexión y no somos quiénes para tomar cartas en el asunto ni señalar el modo de vida del otro. Sí somos vecinos, tíos, primos, hermanos, amigos, para poder involucrarnos ante tanto maltrato, peleas, robos y violaciones en los cuales es mejor “no meterse” porque después “el chorro me puede fichar” o, peor aún, “las cosas de la pareja son de la pareja”. Lo anteriormente expuesto me llevó a reflexionar sobre que generalmente se califica de violento al hombre por cuestiones biológicas, como que tiene más fuerza, su contextura es mayor que la de una mujer y funciona un poco más “bruto” que ésta. Considero que desde estas concepciones comienzan las diferencias de género. Muchas veces se victimiza a la mujer por ser “inferior” que el hombre, la cual es una concepción cultural errónea… las mujeres no tenemos que demostrar que podemos ni que somos fuertes, así como tampoco un hombre es menos por mostrar sus sentimientos. Hay una mirada reduccionista y patologizante que me preocupa de gran modo y es que seguimos buscando la diferencia “mirándonos el ombligo” y sin poder discernir que tenemos diferencias culturales más que biológicas. Refiriéndome al femicidio, mi postura es que no somos quiénes para dar o sacarle la vida a alguien. Es alarmante, preocupante y sobre todo lleva a que nos comprometamos como seres pensantes, sociales y políticos en la actualidad que nos atraviesa, a fin de poder ser parte de y no siendo un hincha más de una cancha que lincha a una persona de culpable y a otra de víctima. Mi propuesta es que reflexionemos, sol@s o con otr@s, sobre lo que nos está pasando como familia, barrio, municipio, provincia y país. Y que no quede en las redes sociales, que sea una impronta en nuestra historia. Con un cambio desde el lugar de cada un@ podemos mejorar nuestro presente al menos. Reeduquémonos con las concepciones de género con las que convivimos. No discriminemos, al fin somos todos diferentes; no incluyamos, porque así excluimos. Dejemos ser a cada uno a su modo y seamos felices. ¡Todos tenemos derecho a la vida! Rocío Carmona, DNI 34.025.873 Cipolletti

Rocío Carmona, DNI 34.025.873 Cipolletti