De Einstein a San Martín, figuras de la historia tocadas por la música

De Alberdi a Clinton y de Woody Allen Carlitos Chaplin, un recorrido por las vidas de estos hombres y su relación con el más universal de los lenguajes.




Chaplin toca el violín, ante la atenta mirada de Buster Keaton.

Chaplin toca el violín, ante la atenta mirada de Buster Keaton.

Profesaron amor por el más universal de los lenguajes, se regodearon con negras, blancas, corcheas y semifusas, y hasta llegaron a recrear la música públicamente, pero la historia los consagró ante el mundo en otras disciplinas, logrando enaltecer la ciencia, el arte, la política e inclusive gravitando en el destino de pueblos y naciones.


La tibia señal de una afición, la curiosidad, el contacto con lo desconocido, la maravilla del sonido que fluye de un instrumento, todo ello tuvo la virtud de gestar el milagro de otorgarles la templanza para llegar a responsabilidades superiores, como ha quedado demostrado a través de múltiples episodios preñados de admiración.

Einstein, violinista
En 1915 Albert Einstein en sus luchas con enormes grados de complejidad matemática, que lo condujeron a la enunciación de la teoría general de la relatividad, recurría con frecuencia, en busca de inspiración, a la belleza simple de la música de Mozart. “Siempre que se encontraba en un punto muerto o en un momento difícil en su trabajo, buscaba refugio en la música de su violín –recordaba su hijo mayor Hans Albert–. Eso solía resolver todas sus dificultades".

Einstein apelaba a su violín para encontrar inspiración.

Algo más de tres décadas después Albert Einstein abandonaba su instrumento, pero en cuanto se lo facilitaban sus amigos, la interpretación favorita del físico era el quinteto en Sol menor de Mozart.
El destacado violinista Robert Mann, recordaba que el doctor Einstein casi no miraba las notas de la partitura. Sus manos, fuera de práctica, eran frágiles, pero tenía una coordinación, un oído y una concentración extraordinarios. Parecía extraer de la nada, las melodías del genial compositor austríaco.

Alberdi, el compositor
Entre las grandes figuras de la generación de 1837, heredera directa del espíritu democrático de Mayo, figura Juan Bautista Alberdi. Vivió intensamente la formación de la República, cuyo modelo delineó en sus Bases. Pianista y compositor, los valses, minués y canciones de Alberdi, son hoy para los oyentes un delicioso manjar, suave, creado para esos momentos en que las pequeñas cosas, ingenuas y amables, tiene un atractivo especial, síntesis de un auténtico y curioso aporte, documentado en distintas grabaciones, entre las cuales figuran registros de la Camerata Bariloche, del pianista José Luis Juri y la cantante Mónica Philibert.
Alberdi el músico, el autor de un método para aprender a tocar al piano; luego, la vigencia de su convicción en cuanto al destino del país, definido en una síntesis entre la tradición y el progreso.

Siempre que se encontraba en un punto muerto o en un momento difícil en su trabajo, buscaba refugio en la música de su violín. Eso solía resolver todas sus dificultades".

Hans Albert Einstein, hijo mayor del genial físico alemán.

Un saxo en la Casa Blanca
William Jeffersson “Bill” Clinton, Demócrata, electo presidente de Estados Unidos en 1992 y 1996, antes de ello, alumno de la escuela secundaria Hot Springs en Arkansas, fue un líder estudiantil activo, un ávido lector y músico. Clinton integraba el coro y tocaba el saxofón tenor, ganando la primera silla en la línea de saxofones de la banda estatal. Entonces consideraba dedicar su vida a la música en lugar de la política o la medicina; sin embargo, con todo lo que amaba el toque de su instrumento, se detuvo a pensar que nunca sería un ejecutante como sus “colegas” John Coltrane o Stan Getz, tomando la decisión de someterse a las exigencias de la vida pública. De algún modo el destino no le fue esquivo.
En 2009, el saxofón del expresidente estadounidense fue vendido en una gala benéfica a favor de la lucha contra el sida por 181.000 dólares. A todo esto, puede sorprender a los argentinos conocer que “Bill” Clinton usaba en su saxo lengüetas de caña fabricadas en San Juan y Mendoza. Se trata de la caña de Castilla que una empresa norteamericana (Rico Royal) cultiva en 20 hectáreas del distrito Médano de Oro, departamento Rawson, a 15 kilómetros de la capital sanjuanina, exportadora al país del norte, Francia y México.

Libertador… y guitarrista
En materia de música, los hechos parecen demostrar que el General San Martín era algo más que un aficionado a la guitarra y bailarín, bondades que sumaría a sus magnas condiciones de estratega militar y Libertador de América. Para todos aquellos que disfrutamos habitualmente el estímulo de la música, nos satisface conocer que en España, un joven San Martín, punteando la guitarra, tomaba lecciones con Fernando Sor, compositor y docente de fama mundial. El compromiso alcanzaba a ensayos de canto.
Acaso su inclinación artística, como otros aspectos de los menos explorados de su vida, se eclipsaron ante la estereotipada faceta de guerrero, pero es indudable que le gustaba la música y esto se explica no solo por la frecuencia con que asistía a conciertos una vez instalado en Francia después de 1829.
Llegó a conocer personalmente al afamado compositor Gioacchino Rossini que era muy cercano a Alejandro Aguado, benefactor de San Martín. Ambos fueron los primeros privilegiados en presenciar en París el estreno de la ópera “Guillermo Tell” del músico italiano.
Antes, a su llegada a América en 1812, como gobernador de Cuyo, exigía que en escuelas y actos públicos se entonaran las estrofas del Himno Nacional Argentino. Puso especial énfasis en la formación de bandas de música en todos los regimientos. En Chile, bajo su auspicio e iniciativa, se fundó la Academia de Música e introdujo en dicho país el “Cielito”, el “Pericón” y el “Cuando”. No por nada el Libertador era muy elogiado en la danza de salón.
En Perú, se encargó de convocar a compositores de música para una marcha nacional de dicho país, la que fue homologada como partitura a interpretar en todo acto patriótico.

Woody Allen y el jazz
Actor y productor cinematográfico con más de una veintena de películas, antes de ello Woody Allen, seudónimo de Allen Stewart Konigsberg, fue capaz de deleitar a muchos públicos con su clarinete de jazz, es que ya de niño, cuando despertaba para ir al colegio, encendía la radio y escuchaba a Billie Holiday, Coleman Hawkins o Benny Goodman.

Woody Allen lidera su propia banda de jazz


Luego, de adolescente, su plan favorito era concurrir al Jazz Record Center de Manhattan, donde descubría el purismo de los temas de Nueva Orleans y a su ídolo Sydney Bechet. Tanto era la fascinación, que pudo aprender a tocar saxo soprano de forma autodidacta, instrumento que posteriormente, de manera definitiva, cambiaría por el clarinete.
Absorbido finalmente por el cine y cuando nunca llegó a una disciplina profesional en la ejecución del clarinete, dicen que para conocer la esencia del verdadero Allen, es necesario, aún hoy, ir a verlo tocar, arquear las cejas y perderse en los ritmos simples de ese jazz que lo hace inmensamente feliz.
Charles Spencer Chaplin fue maestro en lo musical. Compuso la banda de casi todos sus filmes sonoros y compositores como Schoenberg y Stravinsky lo veían como un par.

Chaplin musicalizaba sus propias películas.


Tal vez, haber sido un genio de muchas facetas (actor cómico de notable imaginación, director perfeccionista, cofundador de la United Artists) parece razonable que Chaplin tuviera algún otro talento. Como no sabía leer partituras, cuando se trataba de escribir música para películas, él tarareaba e improvisaba y sus colaboradores captaban y orquestaban su “entonación”. El propio artista escribió respecto de ese proceso: “A veces, algún músico se ponía arrogante conmigo y yo acostumbraba a interrumpirlo corto y seco.” Así, el sonido que elegía, le permitía crear una obra de arte consumada, completa en todos los sentidos. No fue otro el motivo por el cual “La quimera del oro”, producción de 1925, ganó su sonorización diecisiete años después. El Oscar llegaría con la música de “Luces de la ciudad” y “Candilejas”. Aunque nunca supo leer partituras, Chaplin se las arregló para tocar tanto el violín, como el cello y el piano.
La presente narración –hoy en el Día de la Música, celebración que en nuestro país fue oficializada en 1942, como un homenaje a Santa Cecilia, mártir identificada como la Protectora de la música y los músicos– atraviesa el curioso espectro de aquellas personas famosas que una vez identificadas como intérpretes o compositores musicales, treparon a la consideración mundial en otras disciplinas.
Pero claro que los hubo capaces de compatibilizar la música con otras expresiones: el veneciano Antonio Lucio Vivaldi fue un músico prolífico que nunca abandonó su misión sacerdotal. Ignace Jan Paderewski, fallecido en 1941, fue pianista, compositor y simultáneamente hombre de estado Polaco. Tras la caída de su país en 1939, fue elegido presidente en el exilio.
El ruso Alexander Borodín, médico y químico, a la par de su intensa labor como músico de fama mundial, fundó y dirigió una escuela de medicina para mujeres. En orden vernáculo cómo no vamos a citar al cantautor y músico Ramón “Palito” Ortega, en 1991 gobernador de Tucumán, su provincia, y posteriormente senador, sin perjuicio de la labor artística que lo consagró mas allá de nuestras fronteras.

Por Dante Morosani

Locutor y periodista neuquino


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