Ser «hogar» a 5.000 metros de altura: Luz es chef en Neuquén y volvió al Everest para alimentar el sueño de los montañistas
Luz Giménez dejó Neuquén para formarse con Francis Mallmann y hoy forma parte de la cocina en el campamento base del techo del mundo. El desafío físico, el entrenamiento previo y por qué decidió regresar a los Himalayas.
De las bardas de Neuquén a la inmensidad de los Himalayas. La historia de Luz Giménez es la de quien no se conformó con una «carrera convencional», como dijo ella en entrevistas anteriores. Tras un recorrido que incluyó pasantías con Francis Mallmann, estrellas Michelin en Francia y temporadas en el Aconcagua, la chef neuquina se encuentra hoy en plena travesía para instalarse, una vez más, en el campamento base del Everest.
«Para mí es súper importante el trekking y la naturaleza; me conecta», confiesa Luz en diálogo con Diario RÍO NEGRO desde un refugio a 3.500 metros de altura, mientras cumple los ocho días de aclimatación necesarios para no «apunarse». Su misión es clara: cocinar para quienes buscan cumplir el sueño de llegar a la cumbre del Everest.
Un menú de «hogar» en el campamento base del Everest
Para Luz, cocinar en la altura no es solo una cuestión de técnica, sino de contención emocional. En un entorno donde el oxígeno escasea y el frío no da tregua, su cocina se convierte en el único rincón de normalidad.
Allí, la gente se queda al menos una semana para aclimatarse y aprender a escalar sobre hielo, un paso obligatorio antes de intentar el asalto final.
El desafío es titánico: debe garantizar las tres comidas diarias para grupos de 40 a 60 personas que conviven en un escenario hostil, donde las temperaturas suelen desplomarse hasta los 40 grados bajo cero y los ciclones son moneda corriente. «Se quedan en el campamento el tiempo que necesitan, incluso esperando una ventana de buen tiempo», explica la cocinera.

Muchos de sus comensales ahorraron durante años para estar ahí y Luz lo sabe. Por eso, su objetivo trasciende lo nutricional: «Estoy para brindarles amor y hogar. La comida transmite eso, muchas veces, transmite hogar», define sobre su rol como sostén de quienes están cumpliendo el sueño de su vida.
En la cocina, Luz no está sola: «somos yo y otra cocinera que se llama Willen Pascual, es una gran amiga. El año pasado para yo subí por Nepal y ella por Tibet. Este año subimos juntas». Al equipo se suma un grupo de sherpas que colabora con ellas.

El «Efecto Revancha»: preparación física para pasar de las bardas de Neuquén a la altura del Everest
A diferencia de su experiencia anterior, donde sufrió algunas complicaciones leves de salud, Luz encaró este viaje con un plan de entrenamiento riguroso en Neuquén. Sabía que para rendir en los fuegos a 5.300 metros, primero debía fortalecer el cuerpo en casa.
«Esta vez me preparé mucho más. Entrené musculación y caminé mucho en la barda. Me suplementé con creatina y vitaminas. Me siento superfuerte y la verdad que lo estoy disfrutando un cien por ciento más de lo que fue el año pasado», asegura a este medio.
Para llegar al corazón del Everest, Luz enfrenta una travesía de 70 kilómetros de trekking que se extiende durante siete extenuantes jornadas. No es un camino lineal: para que el cuerpo resista el cambio de presión y no sucumba al mal de altura, la neuquina realiza ascensos y descensos diarios, un proceso de aclimatación fundamental antes de establecerse definitivamente en la base.

Una vez allí, le esperan seis semanas de trabajo intenso, viviendo entre refugios y carpas, donde el rigor del clima marcará el pulso de cada uno de sus días.
De las minas de Australia a las estrellas Michelin: la historia de la neuquina que cocina en el Everest
El camino de Luz no fue lineal. Tras finalizar su carrera en Mendoza, donde se recibió de Licenciada en Administración Gastronómica, se lanzó al mundo. Su CV impresiona:
- Mendoza: pasantía con Francis Mallmann.
- Uruguay y Francia: experiencia en restaurantes de alta gama y con estrellas Michelin.
- Australia: cocina de alto riesgo en una zona minera.
- Aconcagua: su primer contacto con los 4.200 metros de altura.
Hoy, mientras documenta su viaje para sus seguidores (pese a la escasa conectividad en la montaña), Luz representa el espíritu de una generación de neuquinos que exportan talento a los lugares más recónditos del planeta. «Después de seis semanas te cuento cómo pasa la temporada», se despide, con la mente puesta en los fogones más altos del mundo.
De las bardas de Neuquén a la inmensidad de los Himalayas. La historia de Luz Giménez es la de quien no se conformó con una "carrera convencional", como dijo ella en entrevistas anteriores. Tras un recorrido que incluyó pasantías con Francis Mallmann, estrellas Michelin en Francia y temporadas en el Aconcagua, la chef neuquina se encuentra hoy en plena travesía para instalarse, una vez más, en el campamento base del Everest.
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