“De Gastre al intento de una central nuclear que nunca será”



Gran parte de la sociedad rionegrina no sale de su asombro ante la insistencia del gobierno provincial en instalar una central nuclear en su territorio, cerca de la costa atlántica. Un empecinado plan sin licencia social, con rechazo masivo y una lista de cuestionamientos sólo promete ser una anécdota más en la historia de las luchas sociales contra el desarrollo de este tipo de energía.

La consigna “en la Patagonia no” va cobrando mayor fuerza en los movimientos sociales, en las asambleas y en las organizaciones ecologistas de la región. Para estas últimas, la discusión retrotrajo experiencias del pasado algo lejano, cuando en la meseta de Chubut, en Gastre, se proyectaba un repositorio o basurero nuclear para los residuos de Atucha I y Embalse y otros traídos de distintos puntos del planeta. El rechazo popular no se hizo esperar. El proyecto del basurero nuclear tuvo origen en los 80, pero ante el fuerte rechazo durmió por más de diez años hasta que en 1996, en un intento de reflotarlo, se produjo la histórica marcha a Gastre con la participación de casi dos mil personas de Río Negro y Chubut y otras miles de varios puntos del país que se movilizaron en pleno invierno. La marcha simbolizó la unión de voces de varias organizaciones y los pueblos patagónicos en rechazo al negocio nuclear. Por esa época, se aprobaron varias ordenanzas que declaraban “zona no nuclear” a distintas localidades. Por ejemplo: la declaración de Municipio no nuclear de El Bolsón data de 1984 y sería la primera en el país.

Las razones esgrimidas en defensa de la energía nuclear han caído hace tiempo en un estruendoso demérito. El argumento de que es limpia y no genera efecto invernadero es inconsistente ante los efectos abismalmente más dañinos que podría provocar un pequeño accidente. También resulta ser la más cara de producir. Tal como se desarrolla en la investigación que hizo Bios, esto queda en evidencia: “En ‘La ilusión nuclear’, Amory B. Lovins e Imran Jeque estiman el costo de la electricidad de una planta nueva de energía nuclear en 14 ¢ de dólar por kilovatio/hora; mientras que la generada por un parque eólico cuesta 7 ¢ por misma unidad. Esta comparación incluye los gastos de combustible, el capital, la operación y el mantenimiento, la transmisión y distribución de la energía. Pero no incluye los costes adicionales en las centrales nucleares de la eliminación de sus residuos, las aseguradoras o el desmantelamiento y el encapsulamiento y disposición final de los residuos por miles y miles de años”. No es necesario aclarar la gigantesca diferencia en los costos, y en quiénes recaerán éstos.

Además, se suman los riesgos del desarrollo de este tipo de proyectos. Los accidentes, el transporte del uranio, su manipulación, la protección de las áreas donde se conservan los residuos y el cierre de minas de uranio y de reactores son algunos de los puntos más sensibles.

Ante este panorama, y el hecho mismo de que en la costa rionegrina se crearon varias áreas naturales protegidas costeras valorando su biodiversidad marina, vale preguntarse: ¿cuáles serán los reales motivos por los que el gobierno nacional y provincial promueve la construcción de la quinta Central nuclear aquí? ¿Cuál es la razón oculta de la firma de los acuerdos con China? Seguramente es difícil para muchos –me incluyo– descubrir las verdaderas motivaciones, pero de lo que sí estamos seguros es del rechazo mayoritario de este proyecto en la Patagonia.

Claudia Rivero

Militante Ecologista

“Los accidentes, el transporte del uranio, su manipulación, la protección de las áreas donde se conservan los residuos y el cierre de minas de uranio son algunos de los puntos más sensibles”.

Claudia Rivero

Militante Ecologista

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“Los accidentes, el transporte del uranio, su manipulación, la protección de las áreas donde se conservan los residuos y el cierre de minas de uranio son algunos de los puntos más sensibles”.

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