De la plaza a la empresa

En la provincia hay pasión por crear compañías estatales. Algunas se fundaron para objetivos inalcanzables.





gerardo bilardo gbilardo@rionegro.com.ar

En la pulseada de Hugo Moyano con el gobierno nacional, Guillermo Pereyra, dirigente del gremio de los trabajadores petroleros y hombre del Movimiento Popular Neuquino, se colocó, sin vacilación, al lado del representante de los camioneros y titular de la CGT. Se trata de una determinación con implicancias políticas que fueron relativizadas esta semana por el propio dirigente sindical. El hecho podría ser irrelevante si no fuera porque Pereyra forma parte de la gravitante política petrolera que conecta a la gestión de Jorge Sapag con el gobierno nacional, especialmente a partir de que el Estado retomó la conducción de YPF. Pereyra compartió el palco con Moyano en Plaza de Mayo y al finalizar el acto se dirigió a la sede de YPF para participar de una reunión de directorio de la empresa, donde ocupa el sillón que le asignaron en representación de los trabajadores. En definitiva, el dirigente salió con la voz ronca de una plaza que gritó contra las políticas que aplica Cristina Fernández de Kirchner y se fue luego a una reunión en la que el oficialismo define políticas de un sector estratégico de la economía. Al explicar su presencia en dos mostradores tan diferentes de la coyuntura política, Pereyra apeló a una respuesta automática. Dijo que no está dispuesto a dejar sus convicciones en la puerta de YPF y además afirmó que su decisión de acompañar a Moyano no le traerá consecuencias. No es la primera vez que Pereyra se transforma en la carta de Neuquén para mostrar, de un modo indirecto, las diferencias de Sapag con la presidenta. Cuando en el verano último el gobierno nacional definía progresivamente la estrategia para expropiar el 51% de las acciones de YPF, Pereyra compartió el criterio, sostenido inicialmente por Sapag, de quitarle presión a Repsol para negociar. En marzo, Sapag aún no había digerido lo que el gobierno nacional tenía resuelto hacer con los españoles mientras que Pereyra anunciaba su decisión de “romper lanzas” con el kirchnerismo. En aquel momento, Moyano ya había empezado a tomar distancia de la presidenta y el dirigente petrolero también hizo opción por el titular de la CGT. El gobierno de Sapag tiene cuentas pendientes con la Casa Rosada. Una es la obra de Chihuido, que sigue en el plano de proyecto pero con futuro incierto porque requiere de aportes del Estado nacional. Sobre este emprendimiento de aprovechamiento hidroeléctrico, ubicado sobre el río Neuquén, Sapag proyectó buena parte de sus expectativas de la actual gestión. Una inversión de dos mil millones de dólares dinamiza fuertemente cualquier economía. Algunos interpretan el freno a Chihuido como respuesta del gobierno nacional a las vacilaciones de Sapag en el proceso de definición con YPF, y otros a cuestiones de estrategia y prioridades políticas vinculadas con el momento actual del país y del mundo. Con presupuestos más ajustados como los que se perfilan para el segundo semestre del año, Sapag sale de gira por Estados Unidos a buscar créditos e inversiones. El camino de endeudarse para seguir creciendo es el más común entre los gobernantes. Lo que no es habitual es la revisión de decisiones que generan pérdidas millonarias. Empresas públicas de objetivos inalcanzables, otras que hacen malos negocios y organismos que prestan dinero y después no cobran, forman parte de un derroche naturalizado que se traslada de gestión en gestión. El Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo dio casi por perdidos cerca de 200 millones de pesos de créditos. Es una herencia que corresponde mayoritariamente a períodos de gobierno de Jorge Sobisch y a movimientos realizados hace más de diez años para poder transformar el Banco de la Provincia del Neuquén en sociedad anónima. La provincia tiene una empresa, constituida para construir un tramo de vías de un tren de cargas con Chile, que el año pasado tuvo erogaciones por casi siete millones de pesos y no hizo nada. La principal actividad del 2011 de Patagonia Ferrocanal fue pagar uno de los últimos tramos de la deuda originada para colocar vías de un tren que no interesa en el país trasandino. Otra empresa del Estado que administra un gran salón de eventos y el estadio Ruca Che alquila el lugar a precio económico para organizar espectáculos, algunos de ellos de nivel internacional. Cuando en marzo último estuvieron en Neuquén Serrat y Sabina, 15.000 personas fueron a ver a los músicos españoles y pagaron entre 200 y 860 pesos para entrar. Emprendimientos Culturales y Deportivos Neuquinos Sociedad del Estado (Ecydense) cobró, por el uso de todas las instalaciones, 40.000 pesos. En Neuquén hay más de 20 empresas que funcionan bajo distintas formas jurídicas pero con un único accionista: el Estado. El ministerio que está a cargo de Leandro Bertoya (Desarrollo Territorial) tiene 15, entre ellas Ferrocanal. El otro ministerio que concentra empresas es el de Energía, Ambiente y Servicios Públicos que conduce Guillermo Coco. En su caso son menos de diez, pero reúne a las más importantes. En su órbita están las que prestan servicios de energía, agua y saneamiento, y las que generan negocios, como Gas y Petróleo. En esta pasión por fundar empresas, Coco no quiso quedarse al margen y por medio de un decreto hizo nacer a Vial Neuquén, una sociedad anónima que poco tiempo después, con otro decreto, tuvo su certificado de defunción. Esta firma era tan parecida a Vialidad Provincial que nadie podía explicar razonablemente para qué había sido creada.


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