Raúl Barboza: “De mi acordeón salen palabras no verbales”

Raúl Barboza, el genial acordeonista, comienza hoy en Roca una gira por la región presentando “Barboza cuarteto”, el septuagésimo disco de su prolífica carrera. Luego seguirá por la cordillera y cerrará en Neuquén. Antes, se entrevistó con “Río Negro”.

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“Cuando subo al escenario no es para protestar, jamás lo hice, yo subo para que mi música sea un bálsamo”, asume.

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“Soy autodidacta, aprendí solo, puedo decirlo”, revela el músico.

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Hace casi treinta años que Raúl Barboza vive en París, pero siempre regresa para tocar su música en el país.

Raúl Barboza presentará en la región –junto al guitarrista Nardo González y Roy Valenzuela en contrabajo– su disco número setenta: “Barboza cuarteto”. Desde que aprendió a tocar el acordeón a los siete años se enamoró del chamamé y se dedicó a difundirlo por el mundo. Desde hace años está radicado en París, pero siempre vuelve a reencontrarse con el público argentino.

“El conocimiento de tantas culturas y países me va dejando el convencimiento de que somos muy chiquititos y que cuanto más creemos saber, comprendemos qué tanto nos falta aprender, cuán grande es nuestro cerebro y qué poquito lo utilizamos. Yo soy músico y lo uso para la música, para memorizar números, nombres de gente querida, de los que se han ido o aún están... No memorizo muchas cosas, pero música sí”, reconoce.

“Aprendo mucho de muchas gentes, que todos tenemos sangre, que todas las mujeres sufren, que los hombres y los niños también; pueden estar gordos por comer mal, pueden morir de hambre, estar enfermos, sanos. En todos lados, por todo el mundo, la vida es una sola. El que respira la tiene, el árbol respira, el animal, el agua, el viento, el planeta...”, detalla con palabra pausada y serena.

“Todo eso me hace imaginar las bondades del humano, las maldades de algunos, parte de la naturaleza humana y estamos inmersos allí, en esa forma de ir y de venir, en el reír y en el llanto, en la nostalgia y la alegría, en lo oscuro, en lo claro, en el sol radiante, en la oscuridad, en las tormentas, en los fríos de cincuenta grados bajo cero, o los cuarenta de nuestro Litoral o el desierto del Sahara. Todo ello me hace sentir orgulloso de ser un organismo viviente, pero siempre aprendiendo que somos dependientes y que el mundo depende de nosotros, de nuestra colaboración”.

P- El miércoles pasado hubo muchísimas manifestaciones en calles y plazas contra los femicidios en nuestro país. Como apasionado por la vida, estos crímenes deben conmoverlo...

R- Yo opino como hombre. Tuve una mamá respetada por su marido, mi papá. Vivo con mi esposa (Olga) lo mejor que ambos podemos. Aprendí a respetar a la mujer desde niño, y de estas cosas ni deberíamos estar hablando. Pero no por no querer hacerlo, sino porque no tendría que existir como problema. Ahora, si esto existe y se mata a un ser humano por día, sea del sexo que fuera, está muy mal. Y cuando son mujeres las que mueren, estamos aún peor.

Porque significa que ciertos hombres tiene una cobardía a toda prueba. Físicamente, un hombre puede tener supremacía sobre la mujer, pero no olvidemos que la supremacía de la vida la tiene ella, que nos porta a cada uno de nosotros durante nueve meses. Y a cada criminal, en su barriga; ha salido por su sexo, le ha limpiado la cola, cambiado los pañales, lo ha alimentado y le ha espantado los mosquitos... Y después mata a una mujer con tanta impunidad.

P- Ante todo ese panorama que comenzó y sigue describiendo, ¿cuál es el rol de la música y del músico?

R- Cuando estoy sobre el escenario no es para protestar, jamás lo hice. El indio nunca protesta, sabe sufrir pero no se queja, no pide... Yo subo para que mi música sea un bálsamo frente a tantas heridas, a tantas muertes, frente a tanta desolación. Lo que sale de mi acordeón son palabras no verbales. No es el verbo, es el arte que el dios le dio al humano para comunicar, a través de la música, ante cualquier idioma. Porque los seres humanos tenemos sentimientos de amor y lo contrario, todos. Entonces, yo aspiro a que mi música calme a quienes no sienten amor; y a quienes lo tienen, pues que le llegue y la tomen como más les beneficie en su espíritu.

Yo me preparo para poder rendir a la vida lo que ella me prestó mientras ande por el planeta. O como queramos llamarla, vida, Dios, Jehova, Yahveh... Creo en la existencia de un ser que gobierna nuestro espíritu o lo conduce, y nosotros aceptamos o no esa conducción. Intento no desviarme demasiado del camino. No soy un tipo perfecto, tengo mis grandes errores pero aprendí, de mis padres, a decir: disculpe mi error, perdóneme si lo he molestado... Con eso viajo por el mundo y la gente sabe que soy un agradecido por existir.

P- El 1945, su padre le regaló el primer acordeón, el primer contacto con un instrumento que es parte inseparable de su existencia. ¿Recuerda aquel momento?

R- Sí, lo recuerdo al ver una foto de cuando tenía siete años, nueve, que ya tocaba en la radio, cuando estaba con mi papá y con el acordeón... Él nunca me obligó. Quería que tuviera una buena educación musical pero no pude aprender de lo que me enseñaban los maestros. Soy autodidacta. Aprendí solo, puedo decirlo. Fui agregando conocimientos de lo que podía escuchar, ver de mis mayores. Oyendo a Tránsito Cocomarola, (Ernesto) Montiel, Isaco (Abitbol), a Ástor Piazzolla, Gardel, Oscar Peterson, a (Luciano) Pavarotti, Oscar Alemán, a los cantantes del mundo, Ella Fitzgerald, Serguéi Prokófiev...

Tengo el corazón abierto, hay músicas simples de comprender, otras más intrincadas que no alcanzo a comprender. Entonces, pregunto qué significa este acorde o cómo está compuesto? No quiero quedarme con dudas y así ando. Con mi primer acordeón, me acuerdo que mi papá (guitarrista y cantor correntino de Curuzú Cuatiá) hacía un fueguito en el fondo de nuestra casita y yo tocaba. Venía con su guitarra y jamás me dijo que estaba mal lo que yo hacía. Me decía qué lindo está! A ver si lo podemos hacer más bello todavía... Dándome a entender que no estaba bien. Yo lo sabía. Es la forma que utilizo para dar enseñanza a quien me la pide.

La gira comienza hoy a las 21 en el Cemar, de Roca; continúa el miércoles, a las 21, en el hotel Chapelco Ski de San Martín de los Andes; sigue el viernes a las 21:30 en el Cámping Musical Bariloche y el sábado a las 21 en el Aula Magna de la UNC, de Neuquén.

Barboza por Spasiuk

chango spasiuk

PERFIL

De padres guaraníes, Raúl Barboza nació en junio de 1938 en Junín, Buenos Aires. En 1945, papá Adolfo le regaló su primer acordeón con el que aprendió el arte del chamamé.

El primer disco con el grupo “Irupé” lo registró en el 1950. A partir de allí recorrió Argentina y el mundo.

En lo que va de 2016, giró en verano por nuestro país en compañía del francés Francis Varis y el trío González-Bernal-Valenzuela, participando en la correntina Fiesta Nacional del Chamamé; se presentó en Europa y el Festival de Montreal en Canadá; en cuarteto tocó además en Cosquín, Fiesta del Sol en Merlo, Festival Federal en Entre Ríos y el Ciclo de Verano en la porteña Plaza Vaticano; antes de regresar a Francia, donde vive desde 1987, finalizó la grabación de “Barboza cuarteto”, disco que presenta en la zona.

Entre muchos otros premios recibió el Konex 85 Instrumentista de Folclore; el Francisco Canaro de Sadaic y el Diploma de Honor de la Cámara de Diputados de la Nación; el 25 de mayo de 2000, el Ministerio de Cultura y Comunicación francés lo nombró Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres; el Atahualpa 2008 Figura del Año Artista Instrumental; y el año pasado, en París y por tercera vez, el Grand Prix du Disque de l’Accadèmie Charles Cros, compartido con el acordeonista Francis Varis y el percusionista brasileño Zé Luis Nascimento, por el compacto “Chamamémusette” (2014).

Datos

La gira comienza hoy a las 21 en el Cemar, de Roca; continúa el miércoles, a las 21, en el hotel Chapelco Ski de San Martín de los Andes; sigue el viernes a las 21:30 en el Cámping Musical Bariloche y el sábado a las 21 en el Aula Magna de la UNC, de Neuquén.
Raúl Barboza es uno de los máximos acordeonistas de la Argentina y también uno de los más grandes que hay en el planeta. Por suerte ha nacido en la tradición del chamamé y todo el mundo sonoro de este ritmo ha podido desarrollarse y enriquecerse con su talento.
No existe una generación de acordeonistas después de él, que no haya sentido ganas de estudiar el instrumento, luego de oír su música y su manera de tocar.
Hoy en día es una institución y que pueda estar girando por nuestro país y tener la posibilidad de verlo en vivo y en directo, es un regalo.
Para quienes gustan del acordeón y el chamamé, y por sobre todas las cosas, para cualquier persona que goce del arte y la música a un alto nivel, felices lo que puedan ir a verlo ahora en el sur. Aprovecho para enviarle un gran abrazo, manteniendo la alegría de haber compartido escenarios juntos, tantas veces, en tantos proyectos y lugares. Disfrútenlo y no se pierdan la posibilidad de verlo y escucharlo...

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