De sustitución en sustitución

Redacción

Por Redacción

Néstor O. Scibona (*)

Uno de los párrafos más curiosos y significativos del extenso discurso de la presidenta Cristina Kirchner en la celebración del Día de la Industria fue que, “además de seguir sustituyendo importaciones, vamos a tener que sustituir exportaciones y lo tenemos que hacer con mercado interno, aunque parezca una barbaridad económica” (sic). Si no fuera porque faltan tres meses para el final de su mandato, la propuesta habría originado un intenso debate. Sin embargo, sólo la Cámara de Exportadores (CERA) emitió un comunicado en el que, sin aludir expresamente al discurso presidencial, sostuvo que lo que necesita la Argentina es una estrategia nacional exportadora para alcanzar un desarrollo sustentable, basado en mayor productividad y competitividad. El argumento presidencial para sostener su propuesta se basó, como en tantas otras ocasiones, en que “el mundo se nos cayó encima”, como si la Argentina fuera la única víctima. Sólo que esta vez agregó que “nuestro principal socio comercial, Brasil, está atravesando una fuerte crisis”. En consecuencia, CFK dedujo que “no nos compran afuera no porque no seamos competitivos, sino porque se cayó la demanda y la gente consume menos”, tras citar como ejemplos el alto desempleo en Grecia, España e Italia. Como dicen los abogados, a confesión de parte hay relevo de prueba. Cristina Kirchner planteó efectivamente una barbaridad económica. Pero no sólo por haber propuesto un retorno a las políticas de “vivir con lo nuestro”, que tantas veces fracasaron en la Argentina, sino por la mezcla de razones verdaderas, falsas y omitidas para arribar a afirmaciones concluyentes. Jorge Remes Lenicov, exministro de Economía y exembajador ante la Unión Europea, explica que el crecimiento económico mundial se ha desacelerado alrededor de un punto porcentual con respecto al promedio del período 2004/2010 (3,5%), pero ello no implica una caída. En todo caso –añade– el menor ritmo afecta ahora a los países emergentes, que en dicho lapso habían registrado una expansión promedio de 7,5%, impulsada principalmente por China e India, y ahora se redujo a poco más de la mitad, precisamente por la desaceleración de la economía china y la recesión en Rusia y Brasil. Por otro lado, afirma que no hay en el mundo casos de países que hayan podido crecer y desarrollarse sin una activa política de exportaciones, porque de estas depende la generación de divisas genuinas para que muchas industrias puedan producir, reequiparse, innovar y competir en el mundo. Tampoco es cierto que las exportaciones argentinas sean competitivas y, paradójicamente, no tengan demanda externa. Aunque los precios internacionales de las materias primas agrícolas vienen cayendo en los últimos dos años, esto no explica por sí solo que las exportaciones se hayan reducido de 80.000 millones de dólares anuales en el 2011 a 60.000 millones en el 2014. Aquí tienen mucho que ver también las políticas internas: el fuerte deterioro del tipo de cambio real (hoy más bajo que a fin de la convertibilidad); las medidas intervencionistas para frenar ventas externas de cereales y carnes; las retenciones; el aumento de la presión impositiva a nivel nacional, provincial y municipal; los problemas de infraestructura que encarecen los fletes y el aumento de costos en dólares. Todo esto hace que muchos productos argentinos no puedan ingresar a los mercados externos porque sus precios no son competitivos con los de otros países. Menos aun con la devaluación de muchas monedas frente al dólar, con el real brasileño a la cabeza. Entre los asistentes al acto industrial, en Tecnópolis no faltaron quienes consideraron que la propuesta de CFK apuntó a desviar la atención de estos problemas, que deberán ser enfrentados por el gobierno que la suceda el 10 de diciembre. En este sentido, un informe elaborado por Dante Sica, director de la consultora Abeceb, sostiene que la combinación entre un dólar revaluado en el mundo y la caída de los precios internacionales reduce los márgenes de maniobra del futuro gobierno. “Para resguardarse de estos eventos negativos, los instrumentos más utilizados en otros países son la acumulación de reservas y la flexibilidad cambiaria. Otra alternativa es recurrir al financiamiento externo –añade– aunque para ello es fundamental construir reputación en los tiempos de ‘vacas gordas’, o sea con buenas políticas económicas cuando no hay problemas externos”. El problema es que la Argentina no puede recurrir por ahora a ninguno de estos instrumentos. De ahí que deduzca que la única vía para CFK será seguir ajustando el cepo cambiario y para el próximo gobierno recomponer el acceso al crédito internacional. Pero en este último caso no podrá eludir la reducción del déficit fiscal, a fin de recuperar el manejo de la política monetaria y la capacidad de luchar contra la inflación, así como recomponer los precios relativos. “El problema de construir reputación en el camino, y no antes de empezar a caminar, es el mismo que tiene alguien que sale de picnic sin vianda y confía en que encontrará un quiosco abierto”, grafica. Con esta perspectiva, plantear una sustitución de exportaciones por más mercado interno no tiene sentido, porque agudizaría la escasez de divisas o conduciría en el futuro a un alto endeudamiento externo. Por caso, el comunicado de la CERA sostiene que con la política energética “ya se experimentó esa equivocación, porque no se desarrollaron los recursos propios y hoy somos importadores netos”. Sin ir más lejos, la presidenta encabezó el viernes último la inauguración parcial de la central térmica de Río Turbio, que utilizará el carbón de los yacimientos santacruceños, cuya producción es insuficiente y obligará a importar o bien a utilizar gas natural, que también debe importarse para cubrir un 25% de la demanda total del país. “En las últimas décadas –concluye CERA– se han seguido políticas basadas en dicotomías como sustitución de importaciones vs. exportaciones o liberalización vs. política industrial. Centrarse en las dicotomías olvida que exportaciones, importaciones, crecimiento e inclusión social son complementarios y no sustitutos”. No fue la única polémica que rodeó la última celebración del Día de la Industria presidida por CFK, quien, fiel a su costumbre, comparó todos los indicadores actuales con los del período 2001/2003 y omitió reconocer que, en conjunto, el sector viene de 21 meses consecutivos de caída en la producción. Mientras la presidenta sostuvo que el PBI industrial es el más alto de la historia, el titular de la UIA había advertido que en términos de producto per cápita (o sea considerando el incremento de la población) sólo en el 2011 la industria pudo recuperar el nivel de 1974 y desde entonces retrocedió 4%. Ambos datos son ciertos, pero desde perspectivas diferentes. Los conceptos más repetidos en su discurso fueron industrialización y sustitución de importaciones. En este último caso, subrayó que desde el 2003 se habían sustituido importaciones por 71.000 millones de dólares, cifra que equivale a un promedio de 6.400 millones anuales, que a su vez representa poco más un mes de compras externas. No habló en cambio del déficit estructural de divisas en los sectores industriales donde el gobierno más impulsó el consumo interno hasta el 2013 (automotores y electrónicos), que hoy vuelven a padecer el racionamiento de dólares. Ni mucho menos de los precios o las posibilidades concretas de exportar competitivamente que tienen hoy los productos sustitutivos de importaciones. Poco que ver con una política industrial. (*) Periodista económico


Néstor O. Scibona (*)

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