De Trump a Biden: democracia decadente y neoliberalismo

El traspaso de gobierno en EE. UU. es uno de los más inusuales en la historia reciente de ese país. El nivel de violencia y descontrol mostrado en las imágenes de la toma al Capitolio fue interpretado como parte de una serie de ciencia ficción. Sin embargo, muestra procesos políticos, económicos y sociales que estaban bajo la superficie y que adquirieron mayor visibilidad con Trump: el elitismo de la democracia estadounidense, una sociedad polarizada, el ascenso de la ultraderecha. Todos indicadores de una democracia en decadencia.


En las últimas elecciones votaron más de 159 millones de personas. Un récord de votos, tanto para el candidato demócrata, que ganó por escaso margen, como para el candidato republicano que aspiraba a la reelección. El alto nivel de participación contrasta con la elección indirecta, donde la decisión del Colegio Electoral prevalece frente al voto popular. Esta dinámica facilita la reproducción de una elite en la política formal estadounidense, con gastos de campaña multimillonarios. El contraste: más de 34 millones de estadounidenses en la pobreza, más de 40 millones endeudados para lograr acceso a educación y cerca de 400.000 muertos por covid-19, en un contexto de salud privatizada. Esto se agrava en espacios rurales, agrícolas y zonas que experimentan la desindustrialización y la precarización laboral, luego de cinco décadas de neoliberalismo. Esta combinación propicia la expansión del extremismo de derecha, incluidas las milicias, que identifica a los afrodescendientes, inmigrantes, mujeres y a las nuevas tendencias culturales como una amenaza.


Si bien la violencia de derecha no es nueva y se disparó a partir del gobierno de Barack Obama, con Trump sus discursos y acciones se tornaron más legítimos, adquiriendo inusual visibilidad y operatividad a nivel nacional. Cuentan con el financiamiento de ricos de derecha y han encontrado en Trump un líder, un habilitador. De esto han tomado nota los Republicanos, que no parecen dispuestos a soltarle la mano de inmediato, sabiendo que el trumpismo llegó para quedarse.


Trump deja un país polarizado, con una crisis sanitaria y una democracia debilitada. Biden buscará revertirlo, basando la reunificación del país en la recuperación de la institucionalidad y los “valores democráticos”. Esta reparación es clave también de cara al liderazgo internacional que le solicita la comunidad Occidental frente al avance de China. El impeachment contra Trump busca mostrar que los mecanismos de control y la institucionalidad funcionan. Sin embargo, existe la posibilidad de que provoque una mayor polarización, considerando que los votantes de Trump podrían victimizarlo. Al mismo tiempo, el equipo de Biden deberá avanzar en las promesas electorales para abordar décadas de injusticia social, mientras recupera el liderazgo en Occidente con una agenda neoliberal.

Esta agenda, sumada al posible ascenso y/o reafirmación de derechas y ultraderechas envalentonadas por el trumpismo, debe mantener en alerta al progresismo de América Latina.

* Doctora en Ciencia Política, miembro del Consejo Ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) e investigadora del Conicet


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