Decantación necesaria
Si bien a esta altura pocos negarían que el gobierno encabezado por el ex gobernador bonaerense Eduardo Duhalde es sumamente malo -sorprendería que más del uno por ciento de quienes se consideran bien informados supiera nombrar a todos los ministros del Gabinete-, no se ha consolidado ningún movimiento popular en favor de elecciones anticipadas porque los más prevén que su sucesor elegido sería todavía peor. Huelga decir que esta paradoja aparente está en la raíz de la gran crisis nacional que se debe en el fondo a la incapacidad ya notoria de una clase política esclerótica para evolucionar. Tan desprestigiados están «los políticos» que incluso los más favorecidos por las encuestas de opinión, Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Menem y Elisa Carrió, sólo merecen la aprobación de minorías tan exiguas que en otras circunstancias ya estarían pensando en abandonar sus respectivas candidaturas. Sin embargo, por suponer los dos peronistas que de celebrarse comicios pronto podrían aventajar a sus rivales, se han puesto a reclamar elecciones el 15 de diciembre de este año, no el 30 de marzo del 2003, ahorrándose así el trámite de la interna partidaria.
Aunque la situación del país bajo un gobierno «de transición» que no sabe, no puede o no quiere desempeñar el papel por el que en teoría fue formado, parecería hacer aconsejable el adelanto de los comicios, el que tanto Rodríguez Saá como Menem estimen que una campaña larga los perjudicaría constituye un buen motivo para que el gobierno mantenga sin cambios el calendario que ya ha fijado. Es evidente que ambos temen que andando el tiempo el electorado pudiera darse cuenta de que el valor de lo que están ofreciendo es bien escaso, que el puntano no es sino un demagogo dispuesto a prometer virtualmente cualquier cosa y que, por su trayectoria personal, el riojano no reúne las condiciones para liderar el país en medio de una crisis atroz.
En las semanas últimas, han surgido algunas señales de que la ciudadanía está revisando sus opiniones acerca de los personajes que a partir de la debacle de la Alianza han figurado entre los políticos supuestamente más promisorios. La fogosa diputada chaqueña Carrió confiesa encontrarse en una «meseta», pero a juzgar por los sondeos su estrella está apagándose porque para gobernar la Argentina se requerirá mucho más que un talento para formular denuncias impactantes. Asimismo, los episodios esperpénticos que está protagonizando Rodríguez Saá, como aquel concurso escolar denominado «Yo te presento al Adolfo» que el gobierno de San Luis tuvo que cancelar, han comenzado a hacer mella en una imagen pública ya deteriorada. En cuanto al ex presidente Menem, la oposición a su eventual regreso de una proporción mayúscula de la población del país, más la posibilidad siempre latente de que revelaciones nuevas sirvan para ubicarlo en el epicentro de otros escándalos de repercusión internacional, hace pensar que si no fuera por la fragmentación tanto del electorado en su conjunto como del supuesto por los afiliados al PJ, sus perspectivas de volver a la Casa Rosada serían nulas. Mientras tanto, el precandidato más «normal», Ricardo López Murphy, ha logrado mejorar un poco su posición relativa.
El país, pues, está recapacitando. Se trata de un proceso de decantación muy lento pero claramente necesario que podría dar lugar a algunas novedades en los meses próximos. Es de esperar que esto ocurra porque hasta ahora la oferta política se ha visto dominada por personas que representan ya la protesta, ya la nostalgia, lo cual acaso sea comprensible en una sociedad en la que muchos tienen motivos de sobra para quejarse o por querer restaurar las circunstancias de cinco o incluso cincuenta años atrás, pero que tiene más que ver con el escapismo que con la voluntad de hacer frente a una crisis que muchos en el exterior creen terminal. Es lamentable que haga falta más tiempo para que puedan madurar alternativas que sean genuinas y no meramente ficticias, pero puesto que es así no extraña que los únicos que realmente quieran que se celebren elecciones dentro de tres meses sean aquellos políticos que entienden que cuanto más se sepa de ellos, menos probable será que consigan conservar el nivel de apoyo nada impresionante que disfrutan en la actualidad.