Del Potro, regreso e incógnitas
El hombre –remera oficial del equipo argentino de Copa Davis, pelo bien negro y lacio, enorme raquetero a un costado– responde sin tomarse siquiera un segundo: “Si supera la lesión y vuelve al circuito, Juan está para pelearles mano a mano a los mejores. Tiene la herramienta principal que el tenis de hoy demanda: la potencia. Y esa potencia, te lo puedo asegurar porque lo vi trabajar estos días, la tiene intacta”. Marcelo Gómez conoce a Juan Martín Del Potro tanto como el tenista de Tandil se conoce a sí mismo. Podría decirse que lo inventó, lo moldeó como jugador con la dedicación de un orfebre, casi que crecieron juntos. De modo que su mirada, aun prescindiendo del obvio deseo y de la entendible subjetividad, debe ser tomada en cuenta. Y, aunque el retorno del tandilense al circuito profesional todavía no tiene fecha, el aporte del Negro Gómez viene a echar luz a la gran discusión del momento: ¿volveremos a ver aquella temible versión de Delpo que hizo cumbre en el Abierto de los Estados Unidos 2009 y que volvió a impactar con el bronce de Londres 2012? O, en sentido amplio, ¿es posible dejar la máxima competencia y retomarla como si nada, entreverarse de nuevo con los mejores como si el tiempo transcurrido fuera una anécdota? La asociación no sería del todo justa, pero surgen ciertos inevitables paralelismos. Michael Jordan ensayó no una sino dos vueltas al máximo nivel. La segunda, un Jordan ya viejo, mitad jugador y mitad empresario, debiera descartarse. Pero la primera, la concretada en 1995 después de un breve y olvidable paso por el béisbol, sacudió al mundo del deporte. Había sido tres veces campeón de la NBA y le agregó otros tres anillos a una carrera impresionante. “He vuelto”, fue la célebre frase con la que el 23 (que debió regresar con la 45) anunció su decisión. Exigente como pocos, extenuante física y mentalmente, el básquetbol profesional estadounidense se rindió a los pies de un deportista genial (alguna vez entenderemos la dimensión de Manu Ginóbili, pero el comentario es casi una tentación al paso). Sin el porte de MJ, pero igual de talentoso y de atrevido para desafiar límites, Diego Maradona también fue y volvió. Su cuerpo, maltrecho por las drogas y los reacondicionamientos exprés, le terminó pasando factura. No fue el mismo cuando se sumó al Sevilla tras la suspensión en 1991 por doping jugando para el Napoli. Se pareció al mejor Diego en el Mundial 94, aunque luego supimos de las ayudas prohibidas y del inevitable deterioro posterior. Y en cuanto a su retorno a Boca, mechón amarillo y piquito con Caniggia… Lo de Delpo es distinto. No lo apartaron de la alta competencia el desgano ni la inconducta. No tiene el talento ni el ángel de los otros dos. Lo suyo es una muñeca izquierda (sí, la izquierda, aunque sea diestro; la que usa para empujar el revés a dos manos) que lo tiene a mal traer y que le demandó ya tres intervenciones. Una especie de Talón de Aquiles en un deporte individual en el que no hay margen para las concesiones. Una lesión que le demandó intentos en general fallidos, puestas a punto en lo físico a la espera de que la zona se desinflame, entusiasmo y desánimo. Un desafío al carácter. El comienzo del año, que debió coincidir con el inicio de su duodécima temporada profesional, lo encontró practicando de nuevo, en Miami, Tandil y Buenos Aires, con la confianza intacta. Ciertos dolores persisten, pero hay avances. La vuelta tiene fecha y lugar tentativos, pero no confirmados: Memphis, Acapulco o Delray Beach, acaso a fines de febrero. No quedan dudas respecto de su determinación y de su esfuerzo. El problema es otro. Juan ensayó pegar el revés de otro modo para que la muñeca izquierda no sufra. Y se entrenó también a una mano. La normalidad del golpe de revés tarda en aparecer. Ahí, en poder disimular ese hándicap, estará la clave del regreso. Quienes lo vieron practicar, y no sólo Gómez, aseguran que la potencia de su saque y su derecha están intactas. Como sus ganas de volver. Pero el revés ausente será un hueco que sabrán explotar jugadores y entrenadores rivales, en un circuito en el que basta exhibir una flaqueza para que sobre ella machaque el oponente. No se cansa de decir que volverá a ser tenista. Exhibe una actitud imprescindible para encarar esta empresa. Sabe que lo espera un tenis violento y un circuito salvaje, pero que no ofrece nuevos monstruos a quienes batir. A los mejores los conoce bien, y con ellos ha ganado y perdido como si fuera uno más. Incluso tiene estadística favorable en el mano a mano con cinco de los diez primeros del mundo. Pero sabe también que su último intento, en marzo pasado, fue frustrante: lo derrotó en Miami, sin contemplaciones, el número 60 del ranking, Vasek Pospisil, a quien el viejo Delpo jamás le habría dado chances. La incógnita se develará en breve. Se sabrá si la mirada de Marcelo Gómez tiene más de frío análisis o de expresión de deseo. Si Juan Martín Del Potro se mezcla de nuevo con los grandes, será una epopeya fantástica. Si no, si el tren lleno de gloria pasa sin detenerse, habrán valido la pena tantas mañanas de esfuerzo y tanto sueño de grandeza.
Opiniones
Sergio Danishewsky – @sergiodanish
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