Demostración de fuerza con final abierto
La primera huelga nacional de la docencia del país a la gestión kirchnerista podrá convertirse en un aviso al gobierno de que las agremiaciones de maestros son capaces de asomar la cabeza sin pedir permiso a nadie o tal vez fue el único recurso que les quedó intentar continuar el diálogo paritario. El paro nacional al actual gobierno fue aprobado por el sindicalismo cuando el ministerio de Educación dio por finalizada la negociación de dos semanas antes del inicio de clases y sin acuerdo. Pero en el camino sumaron los disgustos por las críticas de la presidenta Cristina Fernández a la labor del maestro y amanecieron con el anuncio de una resolución oficial de fijar el piso salarial en 2.800 pesos. Mientras las espadas del gobierno salieron a minimizar la medida de fuerza nacional docente, con calificativos de “inflexibles” y de tener “fines no salariales”, y otras intolerancias a los maestros, éstos dieron sus devoluciones aludiendo a los “200 pesos” de diferencia y al “cierre unilateral de la negociación” y la decisión oficial de plantarles el sueldo mínimo. Los sindicalistas de Ctera recordaron con amargura que la central docente es la misma que discutió en todo el país las leyes de Educación Nacional, Educación Técnica, Financiamiento, Educación Sexual, que hizo “300 encuentros en todo el país con personalidades” y hoy los llaman “discutidores de salarios”.