Denuncian violaciones en la dictadura de Ríos Montt
CIUDAD DE GUATEMALA.- Con los rostros cubiertos con mantos, diez mujeres de la etnia maya ixil testificaron ayer ante una corte de Guatemala los atroces abusos sexuales y torturas que sufrieron a manos de soldados durante el régimen (1982-83) del exdictador Efraín Ríos Montt, procesado por genocidio. Una indígena del municipio de Chajul, cuya identidad se reserva al igual que la del resto de testigos a solicitud de la jueza Jazmín Barrios, narró cómo los militares la llevaron a un campo y abusaron sexualmente de ella repetidas veces, tras lo cual quemaron su vivienda, ocasionando la muerte a su pequeño hijo de 30 días. Otra testigo, quien fue abusada por unos 30 soldados junto a una hija suya de 12 años, relató en la octava jornada del juicio: “Ellos (los soldados) me violaron y yo tenía seis meses de embarazo. A los 15 días ocurrió el parto pero mi hijo ya estaba muerto cuando nació”. Los soldados “me taparon la boca, quería gritar pero no podía y ellos me decían cállese, porque esto está bonito”, relató ante los jueces una tercera mujer que fue víctima de violación sexual durante tres días en una base militar del municipio de Nebaj. Con la voz entrecortada y con ayuda de un intérprete, la testigo también explicó que los soldados cometieron abusos sexuales contra su madre quien le decía “que no llorara ni gritara, porque sino las iban a matar”. Otra mujer, que no recuerda su edad, testificó que fue violada por 10 días en un destacamento militar en el municipio de Cotzal a donde fue llevada “contra su voluntad”, después de que los soldados desaparecieron a su esposo. Los soldados “que me estaban cuidando se aprovecharon de mí (…). Sufrí bastante, sólo quiero que me ayuden”, suplicó la testigo al tribunal. En otro relato y sin ayuda de traductor, una mujer de 58 años recordó que en 1982 elementos del ejército reunieron a varias mujeres en la iglesia católica de Cotzal. “Son varios hombres que nos violaron”, mencionó, al recordar que también fueron golpeadas y amenazadas de muerte. “A mi mamá también la fueron a violar en el salón parroquial. Llevaron a mi mamá como si fuera un ‘chucho’ (perro) muerto, la amarraron”, agregó. Después fueron llevadas a un cuartel militar donde continuaron los abusos.