Murió Julio Ricardo: adiós a una leyenda y voz histórica del periodismo deportivo en Argentina

El emblemático comentarista falleció a los 87 años. Con una trayectoria de más de seis décadas, fue figura de "Tribuna Caliente", compañero inseparable de los grandes relatores y testigo de los momentos más importantes del fútbol nacional.

Por Redacción

El periodismo argentino está de luto. Este lunes se confirmó el fallecimiento de Julio Ricardo a los 87 años, mientras se encontraba internado en la Clínica Zabala. Con su partida, se apaga una de las voces más recordadas de comunicación deportiva en el país, dejando un vacío inmenso en las transmisiones que marcaron a varias generaciones.

Nacido como Julio Ricardo López Batista, heredó la pasión de su padre, José López Pájaro (fundador del Círculo de Periodistas Deportivos). Desde sus inicios en 1957, construyó una carrera prolífica que lo llevó por Radio Rivadavia, Radio Nacional y los canales más importantes de la TV.


De la tragedia de Gálvez a «Tribuna Caliente»


Julio Ricardo no solo analizaba fútbol; fue testigo presencial de la historia. En 1963, relató el traumático accidente fatal de Juan Gálvez en la Vuelta de Olavarría.

En los años 90, se convirtió en un ícono popular en «Tribuna Caliente», el ciclo de Gerardo Sofovich donde el debate futbolístico alcanzó picos de rating históricos junto a Antonio Carrizo y Horacio García Blanco.

A diferencia de muchos colegas, Julio Ricardo logró algo particular: trabajar y brillar con los dos polos del relato argentino. Fue ladero de José María Muñoz en los años de gloria de Rivadavia y también compartió micrófonos con Víctor Hugo Morales.

Su última gran etapa de exposición masiva fue en Fútbol Para Todos (2009-2013), donde formó una dupla inolvidable con Marcelo Araujo. Siempre evitó la grieta entre «menottistas» y «bilardistas», apostando por un análisis pausado e integrador que lo distinguía del resto.

Además de su labor periodística, tuvo un breve paso por la gestión pública como director de ATC en 1990, cargo al que renunció por convicciones personales. Con su fallecimiento, el deporte argentino pierde a un relator de sucesos, pero sobre todo a un caballero del micrófono que entendió el periodismo como un servicio para el que estaba del otro lado del televisor.


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