Desafíos y embrollos

El recambio ministerial no aportó la reacción buscada.



#

DE DOMINGO A domingo

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

El gobierno del Frente cumplirá un año en dos semanas. Habrá otro tiempo para su mejor evaluación, pero la marcha persiste entre perplejidades. El primer extravío radica en el pregonado mandato moral. La administración no logra aventar las desdichas cotidianas, muchas producto de la ineficiencia y la torpeza de sus funcionarios. Atormentado y abrumado por esos conflictos, Weretilneck afrontará en diciembre reales objetivos en la Legislatura: la reforma educativa y la renegociación petrolera, más allá de la formalidad del presupuesto 2013. Allí el oficialismo estará exigido a consensos mínimos, pues no dispone de mayoría propia. Pierde esta superioridad con la fuga del bloque pichettista y esa privación coarta sus planes. Weretilneck postergó el tratamiento de su promovida nueva ley de Educación, que se pretendía para noviembre. Lo aplazó cuando confirmó que no disponía de los votos y evadió otro escenario de derrota, tras el reciente revés por la integración del STJ. El ministro Marcelo Mango estaba ansioso con su rápido tratamiento. Se aferró al precepto del expresidente Néstor Kirchner de que cuando se concluye con los debates se debe pasar a las decisiones y, en todo caso, afrontar los costos. Exagera en la influencia del patrocinio del ministro Alberto Sileoni, que poco servirá en la cosecha de votos, especialmente en la banca díscola que lidera Ariel Rivero. El bloque radical promete acompañar pero, para ello, pide cambios que el gobierno otorgará. El asunto más urticante anida en la crítica opositora al criterio “corporativo”, aludiendo a la primacía otorgada al gremio en las integraciones educativas. Hasta esa divergencia podrá zanjarse con el radicalismo, a quien el oficialismo eligió para la conformación de la mayoría necesaria. Habrá otra contienda más pragmática: la renovación de los contratos petroleros, que prometen aportes extraordinarios. Río Negro vuelve con la renegociación de la veintena de contratos con próximos vencimientos, entre el 2015 y el 2017. En septiembre del 2010, la administración de Miguel Saiz logró –forzosamente– la ley para su proceso, que inició y luego se diluyó frente a la derrota radical. En el presupuesto 2013 casi no figurarán esos ingresos petroleros pero se trata de una estrategia, encubriendo los montos que Río Negro proyecta en la posterior negociación. Existe una clara ilusión financiera por los desembolsos de los “bonos fijos” de la renovación. Calculan atesorar de 80 a 100 millones de dólares. Hay motivos para entusiasmarse. “Ésta es la ley para concretar” es la consigna que parte del oficialismo remacha. Priorizan ese financiamiento ante otras presentes prioridades, como la educativa. Entienden que la prórroga petrolera garantiza recursos y concreciones, más allá de las declamaciones legislativas. Antes, el gobernador hurgó en la ponderación nacional en encuentros con el poderoso Axel Kicillof. Lo hizo para garantizar que su plan no colisione con el diseño de YPF. Nación sólo se interesó por dos áreas de las 17 tildadas por el secretario Jorge Borelli en la licitación para su exploración, que es la otra medida petrolera. Weretilneck ya las excluyó y ese par quedó para YPF. El reto parlamentario será arriesgado. Para el gobernador, el monitoreo de la Nación equivale a un consentimiento y, por sí solo, exigiría el alineamiento de todos los legisladores del Frente. No será tan así. En Catriel, el senador Miguel Pichetto habló de un apoyo, pero lo condicionó a la participación de los suyos. Esa posibilidad está bien en dudas. En el debate parlamentario, el esquema del 2010 constituyó una especial comisión de seguimiento, integrada por legisladores, intendentes y diferentes referentes de la actividad. En su proyecto, Weretilneck concentraría facultades en el plano de la renegociación, relegando esa comisión a su conformación por decreto. Por caso, la representación legislativa sería por bloques y el pichettismo quedaría afuera. Faltan retoques a la iniciativa y el gobernador planteó sólo un encuadre superficial en su anuncio en Catriel. Son días de especulaciones petroleras y sus entidades detectaron que hay dificultades en la interlocución gubernamental. Casi no existe trato con Borelli. Y la dirigencia frutícola volvió sobre esa carencia. Es que el gobernador persiste como único canal válido. La provincia no concluyó con la asistencia prometida y las cámaras frutícolas vuelven con los reclamos. El esfuerzo del Estado no sirvió de nada y, además, las entidades pregonan orfandad. Los flamantes cuadros estatales –el ministro Alfredo Palmieri y el secretario Julián Álvarez– no ofrecen lazos y hasta el comprensivo presidente de la Federación, Jorge Figueroa, se frustra tras la imposibilidad de llegar a Weretilneck. Y los productores están movilizados, vaticinando próximas penurias. El desfasaje continúa en la gestión, que depende del accionar del mandatario, ya fatigado por la faena desplegada. Poca reacción sumó el recambio ministerial de hace dos meses. Los nuevos siguen acomodándose y, lo peor, algunas acciones fueron más desoladoras que alentadoras. Luis Di Giacomo arribó a Gobierno con un cometido prefijado: revalorizar el diálogo con el Poder Judicial. Desbarrancó con su destemplada crítica a la fiscal Laura Pérez por su alegato en el juicio contra Susana Freydoz. Otro desatino fue la concurrencia del secretario Legal Nicolás Rochas al juzgado de Guillermo Bustamante, que tramita causas contra hombres del oficialismo, desde la presunta falsificación de la firma de Soria hasta la denuncia contra el fiscal administrativo Marcelo Ponzone. Resiste el viejo sistema de intromisión política. El gobierno se apropia de los conflictos más arriesgados, como el caso Ponzone –acusado por coacción a una empleada–, que se perfila como un jaleo imprevisto. Pero el oficialismo está dispuesto a protegerlo, a partir de la defensa del vicegobernador Carlos Peralta. El amparo tendría un límite y sería un pedido judicial a la Legislatura. Hay quienes buscan que Ponzone se tome una licencia, procurando descomprimir la situación. En la renovación, el mayor intérprete de Weretilneck es Fernando Vaca Narvaja, según su persistente movilidad y que, como aquél, no siempre basta. Por caso, las constructoras requieren respuestas financieras. Además, el andar de Vaca Narvaja desnuda, sin pudor, las contradicciones de la administración. En su incursión en Viarse, el ministro reubicó en la conducción a los gerentes que Weretilneck eyectó en junio por sospechas de corrupción. Se admite que entonces existió apresuramiento, pero igualmente se debería explicar qué pasó y desnaturalizar procesos tan contradictorios. Esos hilos sueltos son los que explican la “escaramuza” gerencial que ocurrió el viernes en la empresa vial, después de su anunciada reformulación. La dificultad gubernamental reside en la sucesión de fragmentaciones. Embrollos siempre latentes y los actos, más tarde o más temprano, se tornan ingobernables.


Comentarios


Desafíos y embrollos