Descarnado aporte sobre un tiempo cruel

Desde el desgarro de ser víctima del terrorismo de Estado –un hijo desaparecido– y desde ser protagonista de primer rango en la defensa de los derechos humanos, Fernández Meijide cuestiona la visión con que desde ciertos planos ideológicos se reflexiona la violencia política que marcó a fuego los años 70.

Redacción

Por Redacción

En el prólogo, Beatriz Sarlo lo define con precisión. El libro de Graciela Fernández Meijide es posible por dos razones. Una: porque ha llegado el momento de revisar algunas certezas de la cultura de la memoria que, hasta hace poco, parecían intocables. Porque lo ha escrito una de las protagonistas de la lucha por la verdad durante la dictadura y, luego, de la política de derechos humanos en la Argentina.

Éste es un encuadre base, de partida necesaria a la hora de abordar la lectura de “Eran humanos, no héroes. Crítica de la violencia política de los 70”, publicado la semana anterior y que por estas horas su primera edición se agotaba aceleradamente.

En otoño, esta mujer de fuerte personalidad, autora de uno de los trabajos más interesantes sobre el patético destino del gobierno de la Alianza de la cual fue una protagonista esencial –“La ilusión”–, prologó “Un testamento de los años 70. Terrorismo, política y verdad en la Argentina”, de Héctor Ricardo Leis, que militó en Montoneros. Ahí, Fernández Meijide deslizó la inquietud que vino estibando a lo largo de estos años en materia de tratamiento de lo sucedido en el país en los fieros 70.

Se rescatan aquí tres reflexiones en línea a esa inquietud:

Una: “Héctor –dice Graciela– hace un formidable aporte para afianzar el derecho que nos asiste a todos a una historia que no puede ni debe ser monopolizada por las víctimas ni por sus familiares ni por la memoria anclada en el pasado”.

Dos: “Un pasado violento criticado por él con crudeza, y del que sin embargo no reniega en cuanto a experiencia, porque cree que haber sobrevivido a esos momentos sombríos, pero también llenos de desprendimiento, alegría y amor, lo nutrió de la sabiduría que, con el paso del tiempo, le permitió rechazar la glorificación de la muerte”.

Tres: “Sé, por experiencia –sostiene Fernández Meijide en el prólogo aludido–, lo difícil que es salir de la memoria testimonial para intentar aproximarse a la verdad histórica. Descuento que debe serlo más aun para aquellos que, con la esperanza y el ansia juvenil de participar en luchas arduas, con el impulso de una motivación noble asumieron la carga pesada de exponer su vida y de disponer de la de los otros con la convicción de que estaban llamados a terminar con las injusticias que los indignaban”.

En línea escribe Fernández Meijide su libro.

Un trabajo que busca y logra, con solidez argumentativa, cruzarse en el camino por el cual campea –incluso demagógicamente– la malversación de la memoria histórica que alienta el kirchnerismo vía inyectar lecturas definidamente reduccionistas sobre lo sucedido.

En otros términos: para Graciela no hay posibilidad de construir un relato moralmente digno de lo sucedido si se aceptan –lo dijo el jueves, al presentar su libro en El Ateneo– “muertes buenas y muertes malas”.

Aceptar lo primero es justificar lo segundo. Lo que hay es “muerte”.

Apelando a la antropóloga Pilar Calveiro, Fernández Meijide destaca que la “fidelidad de la memoria no puede tener que ver con la repetición. La repetición de una misma historia seca el relato, lo hace cada vez más irrelevante, a la vez que seca los oídos que lo escuchan”.

Así, Fernández Meijide escribe contra esos secados. Su libro transforma en precaria toda posibilidad de idealizar a las víctimas de tanta violencia, que en término de cantidad fueron jóvenes convencidos de poder lograr el “cielo por asalto”. Y así, mudar la sociedad argentina.

Fernández Meijide no idealiza a esos jóvenes. Una idealización que –como bien lo señala Beatriz Sarlo en el prólogo– fue quizá necesaria en un momento de largo y cruel camino transitado para conocer la verdad de lo sucedido en manos del terrorismo de Estado.

Entonces, Fernández Meijide, al colocarlos como humanos, no como héroes, se afilia decididamente a una lectura más compleja de aquel pasado. Donde la verdad serpentea aquí y allá. Ajena a la teoría de los dos demonios. Lo cual no implica evitar toda sanción al terrorismo de Estado.

En todo caso implica una lectura más digna del aquellos años, no una lectura acomodada a dictados demagógicos.

Y vale un dato: Graciela Fernández Meijide es madre de Pablo, secuestrado a los 19 años.

Sigue desaparecido.

Martín Heer

Graciela Fernández Meijide y su “Eran humanos, no héroes”

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com


En el prólogo, Beatriz Sarlo lo define con precisión. El libro de Graciela Fernández Meijide es posible por dos razones. Una: porque ha llegado el momento de revisar algunas certezas de la cultura de la memoria que, hasta hace poco, parecían intocables. Porque lo ha escrito una de las protagonistas de la lucha por la verdad durante la dictadura y, luego, de la política de derechos humanos en la Argentina.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora