Desconcierto y confusión en el primer día del nuevo gobierno

Redacción

Por Redacción

NEUQUEN .- Cerca del mediodía, en la planta baja del edificio de Hacienda una docena de personas desconocidas entre sí esperaba que alguno de los dos ascensores se «destrabara». En realidad, el grupo esperaba un «milagro» porque los ascensores no bajaron sino hasta entrada la tarde.

Por las dudas, en medio de tanto cambio, todos saludaban a todos, no tanto por cordialidad sino «por las dudas».

Es que ayer, en medio de todos los cambios, muchos de los flamantes funcionarios recorrieron las distintas dependencias de gobierno, donde a algunos sólo se los conoce «de nombre», sin hacerse notar.

Entonces, cada desconocido, como le sucedió a un periodista de este diario que no alcanzó a presentarse, fue especialmente bienvenido, tanto en la infructuosa espera de los ascensores como en el tortuoso recorrido de seis pisos por la escalera.

La anécdota sirve para graficar el primer día de la administración de Jorge Sobisch, donde a los lógicos desconciertos del debut se suman -por ejemplo- los inconvenientes por la remodelación de la Casa de Gobierno y los cambios de despacho. Hay lugares donde no se conoce la cara del nuevo jefe y dependencias en las que se ignora dónde se instalará el despacho.

El mismo periodista de «Río Negro» que penó por las escaleras, intentó luego ubicar al ministro de Planificación y Control de Gestión -un cargo que la mayoría reduce a ministro coordinador-, José Brillo. Con esa sola intención consultó a un policía ubicado muy cerca del patio interno que da a la oficina privada del gobernador.

El uniformado sorprendió al cronista. Tras la consulta de rigor (¿cuál es su gracia?) respondió: «enseguida lo ubico».

Tras un par de llamadas, el periodista reaccionó: El agente no buscaba a José Brillo sino «al ministro Lillo». Para sumar confusión está el hecho de que en el flamante gabinete hay dos Brillo, el ministro de nombre José (de profesión ingeniero) y el asesor general de la gobernación, Jorge (abogado).

La confirmación la hizo una secretaria (?), quien tuvo que presentarse como tal primero ante los que serán sus compañeros de trabajo (por lo menos durante los próximos cuatro años) y luego ante el periodista que había ubicado su destino media hora más después de iniciada la gestión.

En la antesala, dos empleados, uno a mano y otro en computadora, preparaban «los cambios» que llegaron tras «el cambio» de gobierno.

«Arriba poné el nombre y abajo la categoría», explicaba la mujer que dirigía la elaboración de una suerte protocolo interno. Unos cuantos metros más allá, una secretaria de «la privada» del gobernador se sorprendía.

«Así que hace cuatro años que está con este problema…Bueno, esto se lo van a tener que resolver en Vivienda (por el IPVU), pero no vaya ahora porque están con el cambio de autoridades y los cambios de oficinas…


NEUQUEN .- Cerca del mediodía, en la planta baja del edificio de Hacienda una docena de personas desconocidas entre sí esperaba que alguno de los dos ascensores se "destrabara". En realidad, el grupo esperaba un "milagro" porque los ascensores no bajaron sino hasta entrada la tarde.

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