«Descontrol, ahí está la madre del borrego»
Otra vez una noticia conmueve a la sociedad, decenas de allanamientos, propietarios de droguerías detenidos, un subsecretario renunciante, un ministro dando declaraciones y olvidándose de lo principal, un juez diciendo que las personas del sindicato bancario que hayan tomado medicamentos oncológicos y no hayan obtenido los efectos esperados, que pasen por el juzgado.
Se habla de adulteración, venta de medicamentos robados y otras cosas más, según el juez. El máximo funcionario atinente a medicamentos, el farmacéutico Chiale, fue el denunciante.
Toda esta locura se suma al hecho de que hace unos meses entraron decenas de miles de kilos de efedrina al país, cuando sólo se necesitaban cientos de kilos y nadie se dio cuenta.
Los periodistas corren detrás de la noticia y lo único que parece importar son los nombres, si son conocidos mejor y si son de funcionarios, ¡aleluya! embocaron una tapa. Pero nadie se preocupa por el fundamento de la cuestión, ¿por qué pasa esto?, ¿por qué se reitera?, ¿qué cosa posibilita este descontrol?
Y ésta es la palabra que debería ser tapa: descontrol, ahí está la madre del borrego.
En nuestro país hay leyes y decretos nacionales que regulan los medicamentos, como la ley 16.463, que redactó Oñiativia para el pueblo y que reglamentó Onganía para los laboratorios extranjeros y el decreto 150 de Cavallo, que directamente le abrió la frontera farmacológica del país a cuanto veneno y placebo andaba dando vueltas por el mundo.
Pero somos federales, casi para nada lo somos, pero para esto sí, porque cada provincia tiene su ley de Medicamentos, en cuanto a importación, elaboración y distribución. Pobres enunciaciones, insuficientes y grotescas, que para nada sirven o, mejor dicho, para que los traficantes de la salud envenenen y maten por doquier.
Las leyes tienen su territorio de acción: la nacional, en la Antártida Argentina y el comercio interprovincial, lo que posibilita que si alguien fabrica medicamentos en una provincia y los vende en ella, la ley nacional no lo alcanza y tampoco la Anmat.
En las provincias rigen las leyes provinciales. Las leyes y sus decretos reglamentarios definen los organismos de control, que poseen el poder de policía para su cumplimiento.
Es allí donde está la cuestión, estas leyes que en lo atinente a elaboración y distribución de medicamentos sirven para poco, están en manos para su cumplimiento de organismos de control inexistentes, porque en la mayoría de las provincias son un exiguo grupo de personas que sólo se dedican a autorizar farmacias, droguerías y laboratorios desde lo formal, de su edificación y del cumplimiento de tener un farmacéutico como director técnico, pero poco o nada fiscalizan su funcionamiento, llegándose al extremo que en muchísimos lugares los farmacéuticos firman pero no trabajan.
Y si no, que me digan dónde estaban los directores técnicos farmacéuticos que importaron miles de kilogramos de efedrina sin saber para qué.
En la provincia de Buenos Aires la ley es pobrísima en cuanto a droguerías y laboratorios y su poder de policía es ejecutado por una repartición que hace un tiempo era dirección, pero que el subsecretario renunciante la degradó a despacho, haciéndola depender de la Dirección de Fiscalización que está bajo la órbita de él.
Esto es lo que se olvidó el ministro Zin de decirle a C5N cuando le preguntaron qué organismos dependían del subsecretario renunciante. Se olvidó de decir, tal vez porque no debe saber que exista, que del subsecretario renunciante dependía una dirección degradada a despacho donde trabaja un pequeño grupo de personas en pésimas condiciones.
Antonio Tourville, DNI 7.817.849
Farmacéutico – Las Grutas