Deuda y más deuda

Redacción

Por Redacción

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

La caída en la actividad económica se está expandiendo a todos los sectores y las restricciones a las importaciones y al tipo de cambio están oficiando como un salvavidas de plomo. La inflación no cede y ya comienza a percibirse la paralización fabril en muchos sectores. El gobierno no puede contrarrestar los efectos fiscales de semejante cóctel económico y frente al elevado y rígido gasto público no encuentra mejor camino que aumentar la presión fiscal. Las provincias ya han dado muestra de la estrechez financiera y el endeudamiento creció en tres de cada cuatro distritos. Los reclamos del interior se multiplican y amenazan con desatar una rebelión fiscal que terminará judicializando el problema ante la Corte Suprema de Justicia. Aunque la coparticipación federal de impuestos es una deuda que se arrastra desde la reforma constitucional de 1994, no soluciona todos los problemas. El elevado gasto público en la contratación de agentes en los distintos niveles del Estado para esconder la real tasa de desempleo y las excesivas y distorsivas erogaciones de subsidios cruzados vaciaron las tesorerías provinciales, al igual que la nacional. Pero mientras la Nación cuenta con prestamistas de última instancia, las provincias son el último recurso. Mientras la administración Kirchner echa mano a la Anses, al PAMI y al Banco Central o bien a la emisión de dinero o de deuda –que es lo mismo–, las provincias sólo cuentan con la emisión de deuda como recurso extremo y a un costo elevadísimo. Frente a estos problemas, originados en el despilfarro y la mala administración, las autoridades –nacional y provincial– apelan a un aumento de la presión tributaria que provoca una enorme transferencia de dinero de los consumidores al erario, lo que termina impactando en la demanda global. La emisión de dinero espurio, para mantener la ficción, resulta por ahora un elemento clave para la subsistencia del modelo. Éste es el motivo por el cual la administración Kirchner toma como bandera la expropiación de la ex-Ciccone. No se trata sólo de esconder uno de los escándalos más escabrosos de los últimos tiempos. ¿Cómo se va a expropiar una empresa que está quebrada? Sólo si se está pensando en inyectar dinero público para mantenerla funcionando y que sus acreedores puedan cobrar sus créditos de la masa concursal, si es que algo queda de ella. Dentro de este esquema, la teoría de desendeudamiento se desvanece porque emitir dinero es igual a emitir deuda. Y así como la administración Kirchner paga al vencimiento de los títulos públicos, también deberá hacer frente al pago de los pesos. Pero no sólo no paga los pesos sino que los devalúa cometiendo un fraude gigantesco contra millones de personas. El objetivo es salvar la ex-Ciccone. El fin es inundar el mercado con billetes de pesos. El fin justifica los medios, en los esquemas totalitarios… Mientras tanto, se piensa en quitar subsidios a la enseñanza privada y aumentar la presión fiscal sobre sectores de ingresos medios que pronto pasarán a engrosar el último tercio más pobre. El modelo transita hoy por un peligroso desfiladero donde la crisis internacional no tiene nada que ver y las causas son absolutamente domésticas. (*) Analista económico DyN


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