Diálogo con Graciela Montes: "En un mundo anfibio, el libro es un milagro"

Graciela Montes publicó más de setenta títulos orientados a las infancias. Figura clave en la renovación de los estudios de literatura infantil y juvenil, fue una de las fundadoras de Alija.

Montes fue clave en la renovación de los estudios de literatura infantil y juvenil y aportó numerosos y comprometidos ensayos en este campo.

Montes fue clave en la renovación de los estudios de literatura infantil y juvenil y aportó numerosos y comprometidos ensayos en este campo.

Referente de la literatura infantil y juvenil, Graciela Montes fue parte, ayer, del Encuentro de Libros y Maestros a propósito de la reedición de “Amadeo y otra gente extraordinaria” y de sus aportes al campo literario, donde legó una ficción poblada de seres y universos tan maravillosos como reales, que cruzan la fantasía, el amor, la poesía y la identidad, y que a décadas de su publicación sigue revelando la permanencia de sus historias, algo que considera “casi un milagro” en un mundo de velocidades insospechadas.

Profesora en Letras, traductora, correctora, editora y ensayista, en su faceta de escritora, Montes (1947, Buenos Aires) publicó más de setenta títulos orientados a las infancias, a partir de su rol como editora de la serie “Los cuentos del Chiribitil” del Centro Editor de América Latina que tenía como impulsor al editor Boris Spivacow.

Muchos de sus relatos transcurren donde se crió, en el barrio de Florida, como el recordado "El club de los perfectos", donde los personajes son en apariencia perfectos pero ante un episodio insignificante pierden toda esa supuesta perfección, una ironía que expone una mirada política de la vida.

Alfaguara acaba de reeditar "Amadeo y otra gente extraordinaria", título editado originalmente en 1985 y que estaba agotado.


Pero además de la ficción, que le valió importantes premios como el Lazarrilo, justamente por “Amadeo y otros seres maravillosos” que reedita ahora Alfaguara, Montes fue clave en la renovación de los estudios de literatura infantil y juvenil. En este plano, fue una de las fundadoras de Alija, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina.

P: Ya no escribís literatura infantil y juvenil, o no en la proporción que lo hacías antes ¿se retira una de la escritura?
Graciela Montes: En efecto, ya no escribo como antes. No sé si la palabra es “retiro”, hay un corrimiento hacia los márgenes. Sigo leyendo, pensando y, a veces, haciendo pequeñas anotaciones, muchas veces acerca de palabras que me sorprenden, etimologías, esas cosas. También hice, en estos años, algunas traducciones. La traducción siempre me interesó; desde el punto de vista del oficio (se aprende muchísimo del propio lenguaje) y también como tarea social, de extensión y divulgación.

P: Por estos días se acaba de reeditar “Amadeo y otra gente extraordinaria”, un libro que salió en 1985 y que se suma a esa circulación de tu obra. En este ya no escribir como antes, ¿de qué modo te revinculás con tus obras?
G.M: Mis hijos me convencieron de reeditar títulos agotados o fuera de circulación hace tiempo. Santiago es interlocutor y portavoz en el lazo con las editoriales. Estoy contentísima con las nuevas ediciones, los nuevos aires, los nuevos ilustradores, y muy agradecida. Vivimos en este mundo anfibio, un revuelto de células y pixeles, con tantísimas solicitaciones, tantos apremios, tanta velocidad, que la tranquila permanencia de una historia, o de un libro, es casi un milagro.

Graciela Montes fue una de las fundadoras de  las fundadoras de Alija, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina.

P: Más de treinta años pasaron de esos relatos y leerlos de nuevo es encontrarse con una frescura del orden de lo maravilloso y lo metafórico, como proponen tus universos narrativos, ¿pudiste entender por qué tu obra es tan querida por las infancias?
G.M: Que mis cuentos se sigan leyendo después de tanto tiempo es algo que adjudico un poco a la suerte, al momento histórico en que a mí y a otros escritores nos tocó escribir, y un mucho, muchísimo, a la escuela, maestros y bibliotecarios que “tomaron a su cargo” por así decir esa literatura, la activaron y acercaron a esos lectores, justo los lectores que esos textos buscaban. ¿Si en el comienzo hubo un pacto? No sé. Con los lectores, uno tácito sí: yo no los engaño, ustedes léanme con los ojos bien abiertos.

La pandemia fue sobre todo una dura lección de realidad. Sin duda puso en acción nuestros recursos, destrezas que ni sabíamos que teníamos, y puso a prueba nuestro humor. Pero sobre todo nos bajó a tierra, nos recordó nuestra condición humana".

Graciela Montes.

P: Además de literatura, escribiste muchos ensayos en materia de LIJ y fomento de lectura. Pensando en este presente, ¿crees que la pandemia funcionó como una forma de afianzar la práctica lectora?
G.M: A mi manera de ver, la pandemia fue sobre todo una dura lección de realidad. Sin duda puso en acción nuestros recursos, destrezas que ni sabíamos que teníamos, y puso a prueba nuestro humor. Pero sobre todo nos bajó a tierra, nos recordó nuestra condición humana. ¿Si sirvió de puente? Puede ser. O tal vez de escalera. Para bajar de las grandes construcciones, de los entornos cerrados, de la ideología ciega. A muchos les sirvió para retomar y revalorizar el quehacer cotidiano, cambiar de costumbres. Para otros, en cambio, fue pura desesperación, no sé si hay algo para rescatar ahí, fue pura pérdida.

P: Alguna vez dijiste que los lectores son personas contestatarias ¿de qué modo la lectura aloja la potencia de poner en ejercicio el pensamiento, pensando en las infancias?
G.M: Bueno, no sé si soy capaz de resumir, o reformular, algo a lo que le di tantas vueltas sin terminar de entenderlo del todo. Tu formulación es interesantísima y me deja pensando: ¿la lectura como potencia y el pensamiento como acto? puede ser, puede ser… O al revés también, ¿no? En todo caso en la infancia se piensa viviendo, en forma de movimientos del cuerpo, juegos, me parece, o creo recordar que era así, cuando era chica… La “lectura”, en el sentido más dilatado y variopinto de la palabra, parece funcionar como un alto, una posta, un “retiro” también (aunque la palabra cause gracia aplicada a un niño pequeño), una casa, sí, un alojamiento, desde donde mirar alrededor. Y de esa manera parece que volvemos, amablemente, a la primera pregunta, la del retiro ¿cierto?


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