Dibujos sobre una arena imaginaria
Ocurre de un modo tan natural que no necesita de prólogos o anuncios a viva voz. El arte del humor gráfico simplemente sucede. Uno puede encontrarse conversado con gente como Pati o Jorh, justo a la mitad del próximo trazo, acerca de la vida en cualquiera de sus aspectos, despreocupado de que esto implique una verdadera molestia para el artista.
Sin ir más lejos, hace unas horas hablábamos en casa de lo mucho que le apasionan a Jorh los filmes de horror, y de lo mal que le hacen a Pati, mientras una bataola de críos (los míos, santo dios) invadía el espacio con sus gritos, cuando de pronto, ¡zas!, aparecieron las hojas, los papeles en blanco y los dibujos.
La magia de sus dedos tallando sobre la arena imaginaria.
Por supuesto, aquel no es el ambiente ideal para ejercer la creación pero al menos tiene su costado romántico. También puede darse sobre la mesa de un café, en un asado entre amigos, debajo de un árbol o en una charla pública. Los dibujantes viajan a todas partes con una mochila cargada de posibilidades.
Desde siempre he rescatado esa extraña habilidad de los dibujantes que hacen surgir de la nada un algo que nos impulsa a la risa. Es como si dentro suyo albergaran infinitos buenos momentos que luego pueden terminar plasmados en un afuera. Así como a no pocos les debemos el dolor, a los humoristas gráficos les adeudamos una sana alegría, una mueca que incita a la risa, un grato momento, una postal de un planeta mejor a partir de una realidad esquiva.
Durante años, en otras redacciones, vi trabajar a Pati, Jorh, Daniel Paz, Rudy, Rep, en unas mesas colectivas donde cada cual dejaba pequeños rayos cósmicos de talento.
Ahora pienso también en que siendo estudiante de periodismo, Maicas nos recibió a mí y a un amigo en la revista «Humor» y nos trató con enorme consideración y paciencia.
Bueno, los tiempos han cambiado en cuanto a los sistemas de laburo. Pati me cuenta que internet les permite desarrollar el trabajo a la distancia y de un modo muy eficiente. Las maratónicas sesiones laborales, a veces útiles y otras no tanto, son cosa del pasado.
Lo importante, es que el acto del prestidigitador sigue vivo. Que la inspiración no se muere. Soy un ferviente admirador de los rostros sempiternos de los personajes de Pati, de esas expresiones entre intelectuales y expectantes que suelen declarar, sin que al actor se le mueva una pestaña, una fantástica línea de diálogo que descoloca al más rudo. También me siento profundamente cerca de los animales de Jorh. Del truco inaudito de sus elefantes parados de trompa sobre un skate. Me recuerdan que la vida es sobre todo la búsqueda de un equilibrio imposible.
A ellos, y a los demás, gracias por su formidable labor. Y por venir.
CLAUDIO ANDRADE
candrade@rionegro.com.ar
Ocurre de un modo tan natural que no necesita de prólogos o anuncios a viva voz. El arte del humor gráfico simplemente sucede. Uno puede encontrarse conversado con gente como Pati o Jorh, justo a la mitad del próximo trazo, acerca de la vida en cualquiera de sus aspectos, despreocupado de que esto implique una verdadera molestia para el artista.
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