Disputa entre Arabia Saudita e Irán ahoga los precios y arruina a la industria
Cuando los gigantes del sector petrolero se reúnan en Londres en febrero para la semana anual del petróleo, altos directivos, oligarcas y jeques compartirán sus conocimientos mientras beben champán y degustan panecillos con caviar. Sin embargo, este año los ánimos están lejos de ser los necesarios para una celebración, ya que la industria está sumida en una crisis de la que no se sabe a ciencia cierta cómo saldrá. El precio del crudo mundial continúa bajando por tercer año consecutivo y las previsiones no arrojan luz sobre el futuro. En los consejos de administración de las grandes compañías ya se tienen en cuenta los peores escenarios. Los bancos sacan un pronóstico tras otro. El banco de inversión estadounidense Morgan Stanley, que en 2008 afirmaba que llegar a pagar 200 dólares por barril era posible, marca el suelo en 20 dólares. Esta caída, que supone un alivio para los conductores de vehículos y rebaja las facturas de calefacción, se ha convertido en un gigantesco problema para la industria petrolera mundial. “Si el escenario no cambia, el mercado podría ahogarse en un exceso de oferta”, advirtió hace poco la Agencia Internacional de Energía en París, que asesora una treintena de países en materia energética. De momento, la tremenda caída en el precio del crudo costó a la industria 230.000 trabajos. Los países de la OPEC, en especial Arabia Saudí, bombean enormes cantidades de petróleo en el mercado. El reino saudí pretende con ello debilitar a su archirrival Irán, que con el reciente levantamiento de las sanciones económicas mundiales quiere recuperar un paso firme en el mercado. Con el regreso de Irán, la sobreproducción de petróleo al día subirá de un millón de barriles a 1,5 millones de barriles. La demanda, sobre todo de los países emergentes, se está debilitando, como en el caso de China. El poderoso dólar estadounidense presionó también el precio a la baja. Incluso Arabia Saudí, un país con unos niveles de riqueza gigantescos, entrará en 2016 y 2017 en recesión, aunque todavía sin recortes presupuestarios. Otros países exportadores de petróleo ya se encuentran en crisis. Irak sufre las consecuencias de un conflicto que parece no tener fin. Venezuela se vio obligada a declarar un estado de emergencia económica. Nigeria, el mayor exportador de petróleo del continente africano, y cuya economía depende del crudo en un 90%, tiene que generar deuda adicional. Rusia se encuentra en recesión, algo que podría no cambiar durante 2016. Para las grandes compañías petroleras, los problemas son existenciales, ya que dependen del dinero de sus acreedores. Temen que los inversores, al igual que ocurrió con el carbón, retiren sus inversiones cuando los rendimientos no cuadren y la inseguridad crezca. (DPA)